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CRÓNICA / El día que conocí al maestro Galeano nos habló de injusticia, hambre y terrorismoEduardo Galeano presentó en Granada su último libro, ‘Los hijos de los días’

Periodista ciudadano autor: Omar Havana Editado por: Redacción Bottup


Más de cien personas quedan despojadas del sueño de escuchar a Galeano / Foto: Omar Havana. All rights reserved

Más de cien personas quedan despojadas del sueño de escuchar a Galeano / Foto: Omar Havana. All rights reserved

Quince años esperando poder conocer a la persona, a ese maestro que ha inspirado y descrito tantos momentos de mi vida. El escritor del sarcasmo, el poeta de los otros, el sabio de la ironía. Las palabras de don Eduardo Galeano son ese espejo de realidad cruel en el cual muchos nos hemos mirado alguna vez y, como salido de la nada, pausado como su voz, aparece por ese largo pasillo mientras cientos de personas han quedado despojadas del sueño de ser atravesados por esos dardos de realidad en una sociedad necesitada de voces como la suya.

Dentro de su sempiterna camisa azul se adivina un corazón envejecido de experiencia, una mirada, un apretón de manos y esas palabras que llevo quince años esperando decir por fin salen de mi garganta: “Es un placer conocerle, don Eduardo”, “El placer es mío, de tenerles a todos ustedes aquí”, responde.

“Las grandes empresas de los Estados Unidos tienen derechos humanos por decisión de la Suprema Corte de Justicia desde 1886, o sea, que si la naturaleza fuera banco… ya la habrían salvado”

Con este uruguayo de pura cepa todo transcurre a cámara lenta, tan lenta que embelesa. Solo hay tiempo para un par de respuestas a las que acompaña con su inteligente sonrisa de genio picarón. A pocos metros de donde estamos, casi quinientas personas aguardan con nerviosismo su llegada, “es hora de irme, ya no puedo hacerles esperar más”, afirma.

Pocas veces he visto un aforo puesto en pie rompiéndose las manos en aplausos antes de que se haya pronunciado ninguna palabra, sin duda es la mayor prueba de que el conferenciante de hoy es uno de los seres vivos más admirado de este planeta. El maestro se acomoda en el púlpito reservado a las grandes figuras, eclipsando por completo a la persona que lo presenta a la multitud, actuación innecesaria de esos que necesitan estar siempre al lado de un grande para tener su minuto de fama. Sus primeras palabras son de solidaridad, de respeto, de igualdad, “siento en el alma que se hayan quedado cientos de personas fuera, son cosas que pasan, a veces no hay más remedio, y ojalá de alguna forma les llegué el eco de esta voz, leyendo alguna página de un libro nuevo llamado ‘Los hijos de los días’”.

El maestro, don Eduardo Galeano / Foto: Omar Havana. All Rights reserved

El maestro, don Eduardo Galeano / Foto: Omar Havana. All Rights reserved

“En 1492 los nativos descubrieron que eran indios; que vivían en Latinoamérica; que estaban desnudos; que existía el pecado; que debían obediencia a un rey de otro mundo y a un Dios de otro siglo”

‘Los hijos de los días’ es un título con un porqué, así lo dijo. Una frase que escuchó en una comunidad maya de Guatemala, “la única cultura de las Américas en la que el tiempo funde al espacio”, en la que se afirma que son los días los que se echaron a caminar y ellos nos hicieron a nosotros, y que son de ellos, los días, de los que nace cada historia, “porque nosotros, digan lo que digan, estamos hechos de historias, y mis historias cada día son más cortas”. Y sin elevar el tono, con una cadencia en la voz suave, tranquila, pero preñada de sensatez y cordura el maestro comienza a narrar alguna de esas historias en la que disecciona la realidad social actual en un viaje diacrónico a través de los 365 días del año.

“En 1887 nació, en Salta, el hombre que fue Salta: Juan Carlos Dávalos, fundador de una dinastía de músicos y poetas. Según dicen los decires, él fue el primer tripulante de un Ford T, el Ford a bigote, en aquellas comarcas del norte argentino. Por los caminos venía su Ford T, roncando y humeando. Lento, venía. Las tortugas se sentaban a esperarlo. Algún vecino se acercó. Preocupado saludó, comentó: Pero don Dávalos… A este paso, no va a llegar nunca. Y él aclaró: Yo no viajo por llegar. Viajo por irW.

Transcurren los segundos, segundos que su pausada voz convierte en milenios. Pasan los minutos, que se detenga el tiempo. El maestro continúa su viaje por ese universo de días que son sus historias, mientras, sus palabras provocan las primeras lágrimas de realidad en aquellos que lo escuchan. “La realidad pinta naturalezas muertas, las catástrofes se llaman, naturales. Como si la naturaleza fuera el verdugo y no la víctima, mientras el clima se vuelve loco de remate, y nosotros también. Hoy es el Día del Medio Ambiente, hoy junio 5, un buen día para celebrar la nueva constitución de Ecuador, que en el año 2008, por primera vez en la historia del mundo, reconoció a la naturaleza como sujeto de derecho. Suena raro esto de que la naturaleza tenga derechos, como si fuera persona, en cambio, suena de lo más normal, que las grandes empresas de los Estados Unidos, tengan derechos humanos, y los tienen, tienen derechos humanos, por decisión de la Suprema Corte de Justicia desde 1886, o sea, que si la naturaleza fuera banco… ya la habrían salvado”.

“Se busca a los secuestrados de países, a los estranguladores de salarios y a los exterminadores de empleo, a los violadores de la tierra, a los envenenadores del agua y a los ladrones del aire, a los traficantes del miedo”

Una lectura pausada, rítmica, envuelve a los asistentes en un silencio de expectativas, de la espera por escuchar a un escritor, a una persona, contando una historia. “En 1492 los nativos descubrieron que eran indios; descubrieron que vivían en Latinoamérica; descubrieron que estaban desnudos; descubrieron que existía el pecado; descubrieron que debían obediencia a un rey y a una reina de otro mundo y a un Dios de otro siglo; y que ese Dios había inventado la culpa y el vestido, y había mandado que fuera quemado vivo quien adorara al sol y a la luna y a la tierra y a la lluvia que la moja”.

Historias cortas y dardos envenenados lanzados a una sociedad que según el propio Galeano dentro de unos años estará llena de viejos con el pene duro y viejas con enormes tetas, aunque nadie recordará para qué se usan. El maestro continua su narrativa invadido por cientos de miradas desnudas ante este icono de la verdad, esporádicamente las manos explotan en aplausos llenos de admiración, mientras pocas son las caras que aún no han sido bañadas por las lágrimas del corazón.

Don Eduardo Galeano firma un ejemplar de su último libro 'Los hijos de los días' / Foto: Omar Havana. All rights reserved

Don Eduardo Galeano firma un ejemplar de su último libro 'Los hijos de los días' / Foto: Omar Havana. All rights reserved

“A propósito de la guerra contra el terrorismo, parece que estamos todo el tiempo en guerra contra el terrorismo, y uno se pregunta quiénes son, cómo son los terroristas. Bueno, pues en julio primero del año 2008 hubo un terrorista menos. Porque en ese día, de ese año, el Gobierno de los Estados Unidos decidió borrar a Nelson Mandela de la lista de terroristas peligrosos contra la seguridad nacional de los Estados Unidos. Durante sesenta años, el africano más prestigioso de todos había integrado ese tenebroso catálogo. Y a mí me parece que muy serio no es, porque si este es el arquetipo del terrorista… yo no quiero burlarme ni mucho menos, porque si lo dicen quienes lo dicen, bueno… yo creo que sería más serio celebrar el día contra el terrorismo, ese 11 de Septiembre, pegando carteles por todos los rincones del mundo donde se diga, se busca a los secuestrados de países, a los estranguladores de salarios y a los exterminadores de empleo, se busca a los violadores de la tierra, a los envenenadores del agua y a los ladrones del aire, se busca a los traficantes del miedo”.

Prosiguen las palabras, continúan las historias, el maestro no se olvida del pueblo saharaui, de las comunidades marginadas, mientras su mensaje se afila aún más, apuntando a esas otras esferas que controlan el mundo, mientras, invita con profunda tristeza a los aquí presentes a que “adoptemos a un banquerito”. Galeano afirma que cada día está más en contra de la inflación palabraria, por eso sus historias se han convertido en ediciones corregidas y disminuidas. Bajo su peculiar microscopio de análisis realista, Galeano no deja indiferente a los cientos de personas que escuchan atentamente, los ojos húmedos de culpabilidad inocente son la prueba palpable de esta sociedad indigesta de grandes hermanos donde millones de personas siguen soñando en convertirse en la princesa del pueblo.

“De los pobres lo sabemos todo, solo nos falta saber por qué los pobres son pobres. Será porque su desnudez nos viste, y su hambre nos da de comer”

El final está cerca, pero el maestro de la pausa, el genio de ingenio, el mago de la palabra guarda ese último as en la manga, esa historia que perforará la mente de los que han confundido el estado de bienestar con ese trasto loco último modelo donde las imágenes son manipuladas a por ‘los miedos de comunicación’ a golpe de publicidad y patrañas. Escuchar a Galeano es esa ducha diaria que todos deberíamos disfrutar para purificar el alma corrompida de dinero, donde el camino más corto para llegar al éxito casi siempre es la mentira. El final ha llegado, sesenta minutos que parecen dos años, mientras el maestro se alza, se despide de la Alhambra aplaudiendo a aquellos que hoy han tenido el privilegio de mirar a los ojos a uno de los pocos genios que en estos tiempos impuros de creatividad son tan necesarios y escasos.

“En este mundo al revés, estamos en guerra contra los pobres y no contra la pobreza. Octubre 17 Guerras Calladas, hoy es el día contra la pobreza. La pobreza no estalla como las bombas ni suena como los tiros. De los pobres sabemos todos, en qué no trabajan, qué no comen, cuánto no pesan, cuánto no miden, qué no tienen, qué no piensan, qué no votan, en qué no creen, solo nos falta saber por qué los pobres son pobres. Será porque su desnudez nos viste, y su hambre nos da de comer”.

Enlaces Relacionados:

Fotogalería de Don Eduardo Galeano, por Omar Havana

Los hijos de los días, por Eduardo Galeano

Artículo original en Bottup: Estamos en guerra contra los pobres, no contra la pobreza

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