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FOTORREPORTAJE / ENTREVISTA / Ximo Torres narra su experiencia en el país africano tratando de ayudar desinteresadamente a personas discapacitadas

Periodista ciudadano autor: Víctor J. Maicas Editado por: Redacción Bottup


Ximo con uno de los niños a los que atiende CC ONG en Burkina Faso

Ximo con uno de los niños a los que atiende CC ONG en Burkina Faso

Hay muchos hombres y mujeres a lo largo del planeta que, con pequeños pero significativos gestos, son capaces de dar una lección de humanidad a pesar de contar con pocos años de existencia.

Hace unos meses pudieron leer en uno de mis artículos la entrevista que le hice a Rosa Herrero, Coordinadora de las ONGD de la Comunitat Valenciana, y en ella pudieron ver qué es todo aquello que desde los despachos se intenta realizar para conseguir un mundo más justo y equitativo. Pero en esta ocasión me gustaría mostrarles cómo los voluntarios de las ONG actúan de forma directa en aquellos países en donde la precariedad es más palpable y agobiante.

Así pues, en este caso que nos ocupa ahora esta entrevista está realizada a uno de esos miles de voluntarios anónimos que son capaces de dejar nuestro mundo de comodidades y adentrarse en ese submundo de las necesidades que otros padecen. Y lo más curioso del caso es que mientras ellos ofrecen su solidaridad a cambio de nada, otros desde el primer mundo los critican cuando, si por desgracia se produce el caso, son secuestrados y se les pide a nuestros gobiernos un rescate: “a ver qué se les había perdido allí”, he escuchado en alguna ocasión cuando se ha llegado a producir un caso de este tipo.

“Es un pequeño país del África Occidental fronterizo con Mali, Ghana, Costa de Marfil y Togo. La independencia llegó en 1960, y el nombre de Burkina Faso significa “la tierra de los hombres íntegros”

Bien, pues me gustaría que este artículo en forma de entrevista sirviese como homenaje a esos miles y miles de voluntarios anónimos que no suelen salir en los medios de comunicación, y que con su altruismo e idealismo contribuyen a que los más necesitados tengan un motivo por el cual sonreír cuando sus ojos se despiertan a la dura realidad que les ha tocado vivir. Sí, personas como el voluntario Ximo Torres Causanilles, un joven comprometido e idealista de mi ciudad, Castellón, que a cambio de nada ha dejado la comodidad de su hogar para ofrecer lo mejor de sí mismo a otras gentes que lo necesitan. Bueno, he dicho a cambio de nada, pero esto no sería del todo cierto. No recibirá ninguna compensación económica por lo que está haciendo, pero sin lugar a dudas, y tal y como suelen expresar otros voluntarios, la riqueza espiritual y de formación en valores humanos que obtendrá a cambio no se puede pagar con todo el oro del mundo. Cierto es que muchos de ustedes pensarán que con eso no se come, pero les puedo asegurar que este muchacho de veintitantos años tendrá toda la vida por delante para conseguir una posición económica estable, pero habiéndose convertido ya en una persona con unos valores intachables y que, por desgracia, muchos no lo consiguen ni aún teniendo más de cincuenta inviernos a sus espaldas.

Y bien, después de esta más que obligada introducción por mi parte, les dejo ya con todo aquello que, en cierto modo, Ximo sintió tras su primer voluntariado a nivel internacional en Burkina Faso:

Víctor J. Maicas: ¿Qué nos puedes empezar a contar de ese país?

Ximo Torres Causanilles: Cuando hablas de él en España la gente suele pensar que es una invención, algo así como el país de Oz (el del mago). Pero no, resulta que existe, pues es un pequeño país del África Occidental fronterizo con Mali, Ghana, Costa de Marfil y Togo. Y si el nombre suena raro en casa, ya la capital mejor no os cuento. Ouagadougou, ni más ni menos. Por cierto, la independencia llegó en 1960, y el nombre de Burkina Faso significa “la tierra de los hombres íntegros”.

V.J.M.: ¿Cuál es su realidad étnica y cultural?

“Más de 70 etnias conforman el mapa de este país. Cada una con su lengua propia. La mayoritaria instaurada en los círculos de poder es la etnia Mossi, con su lengua, el Moore”

X.T.C.: Más de 70 etnias conforman el mapa de este país. Cada una con su lengua propia. La mayoritaria instaurada en los círculos de poder es la etnia Mossi, con su lengua, el Moore. Y de ahí hasta las 70 no acabaríamos nunca, con lo que solo mencionaré algunas como los Dioula, Peul, Gourounsi, Bissa o Songhai.

V.J.M.: ¿Por qué de repente abandonaste las comodidades que tenías y decidiste ir a Burkina?

X.T.C.: Llevaba tiempo queriendo hacer algo de verdad, y rastreando la red en busca de alguna ONG que me convenciera, me topé con CC ONG y con Rafa. No es una ONG muy grande, pero está realmente consolidada en el sector, con proyectos muy sólidos en varios países sobre todo en Mali y Burkina. El proyecto de Mali se encuentra situado en la comuna rural de Hombori, en el sureste del país y en pleno desierto, donde se llevan a cabo diversas acciones como construcción de escuelas, etc. Y en Burkina, en Ouaga, hay tres proyectos en marcha. Una colaboración con un orfanato (el proyecto Home Kisito), un centro para madres con problemas (Carmen Kisito), y la razón de mi estancia allí, la asociación de discapacitados Reveillez-vous Bons Citoyens,  traducido libremente como convertíos en buenos ciudadanos, dedicada a proporcionar a los miembros un espacio para poder realizar sus actividades y ganar su propio dinero.

La asociación en sí es independiente, con estructura, organización y estatutos propios, contando con unos 180 miembros, y la colaboración de la ONG es económica, así como el envío de voluntarios a la asociación para realizar diversas actividades. La asociación cuenta con un salón de costura, otro de peluquería y un taller de carpintería. Todo llevado a cabo por miembros de la propia asociación. Así, cualquier persona de fuera puede entrar y hacer sus encargos. Nosotros en este momento tenemos en marcha clases de inglés, español, informática y alfabetización en francés y moore para los miembros de la asociación. Tenemos a cargo a ocho niños sordos escolarizados en una escuela especializada y realizamos trabajo específico hacia niños con diversas discapacidades tanto físicas como psíquicas, algunos de ellos escolarizados.

“En Burkina hay tres proyectos en marcha. Una colaboración con un orfanato, un centro para madres con problemas, y la razón de mi estancia allí, la asociación de discapacitados Reveillez-vous Bons Citoyens”

V.J.M.: Aparte de todo esto, ¿cómo transcurrió tu vida personal allí?

X.T.C.: La vida en Burkina es sencilla. No se puede decir que padezcamos mucho estrés, precisamente. Todo funciona al ritmo de África. Un ritmo al que te tienes que acostumbrar. No hay prisa, ese sería el lema. Las cosas se hacen, pero poco a poco, y cuando aceptas que para ir al centro a pagar una conexión a Internet tienes que ir tres veces, empiezas a vivir el ritmo africano y se vive muy bien. Mi vida se desarrollaba en el sector 19, llamado Nonsin. Mañanas en la asociación y tardes dadas a la imaginación. Puedes aprovechar para hacer mil cosas o ninguna, simplemente disfrutar de África y su ritmo. ¡Incluso tienes tiempo para charlar y comunicarte con otras personas! Vocablos prácticamente olvidados en nuestro mundo occidental.

V.J.M.: Cuéntanos brevemente cómo es la zona en donde vivías.

X.T.C.: Los barrios en los que está dividida Ouagadougou vienen a ser todos iguales, incluido el mío: hay varias calles principales asfaltadas (bueno, alquitranadas) y el resto desembocan en las mismas. Éstas son de tierra. Tienes todo lo que necesitas, todos los servicios los puedes encontrar en el barrio, aunque el desplazamiento al centro de la ciudad es mínimo. El centro es un ‘semicaos’ de motos, bicicletas, gente, no muchos coches y humo. Allí encuentras la típica arquitectura africana, con edificios oficiales enormes pintados con toda la gama posible de colores pastel que el hombre ha sido capaz de crear. El tráfico es asimismo otro semicaos, digo ‘semi’ porque no hay muchos coches, con lo que no llega a ser caos completo. Y no hay muchos vehículos porque la gasolina va al mismo precio que en España en un país en donde comes por 50 céntimos de euro.

V.J.M.: ¿Cómo se ganan la vida estas gentes?

X.T.C.: La economía se basa en la subsistencia, es la economía del día a día. La gente vende cosas en la calle, ya sea en tienda o en tenderete ambulante. Se venden piezas de coche y aceite de motor, cortes de pelo, colchones, cassetes, comida, etc.

“Tenemos en marcha clases de inglés, español, informática y alfabetización en francés y moore. Tenemos a cargo a 8 niños sordos escolarizados en una escuela especializada y realizamos trabajo específico hacia niños con diversas discapacidades”

V.J.M.: Y por curiosidad, ¿es fácil adaptarse a la gastronomía de ese país?

X.T.C.: Como ya he dicho anteriormente, puedes comer por 50 céntimos de euro, y por 1 euro te hartas. Allí son típicos los ‘maquis’, bares con sillas y mesas en la calle. En algunos puedes comer, mientras que en otros solo beber y te traes la comida de los puestos situados al lado, en plena calle. Los menús en los maquis y restaurantes no son especialmente abundantes en cuanto a variedad. Se reducen a espaguetis, cous-cous y arroz. Puedes encontrar también judías, guisantes, tortillas y ensaladas. La estrella es el arroz, el cual suelen preparar con salsas de tomate y de cacahuete, o sin salsa, pero con verdura y carne, es decir, el llamado ‘riz gras’. Puedes encontrar también carne de cabra, vísceras, pescado (todo a la parrilla) y pollo. El pollo merece capítulo aparte. Le llaman pollo en bicicleta por la sencilla razón de que parece que estés comiendo chicle. Por ello, parece que comas músculo, como si el pollo hiciese ejercicio, de ahí el nombre de pollo en bicicleta. Esto en cuanto a la comida callejera, digamos.

Otra cosa es la comida que se prepara en casa, de precio todavía inferior. El arroz sigue siendo una constante también en los hogares burkineses, así como el ‘to’. Se trata de una harina de maíz y mijo hecha pasta, una pasta realmente compacta de sabor nulo acompañada de la salsa correspondiente con hojas de baobab.

V.J.M.: Los que en España tienen algún conocimiento de este país, pero sin haber estado allí, ¿qué crees que piensan de Burkina?

X.T.C.: El español medio tiende a pensar que esta zona del mundo, sobre todo a raíz de los últimos acontecimientos, es un área peligrosa, radicalmente religiosa. Burkina es un país de paz donde el nassara (blanco) va a tener siempre sensación de seguridad allá donde vaya, tratándosele maravillosamente, aunque teniendo cuidado también, ya que allí un blanco es sinónimo de dinero en el imaginario popular y te puedes llevar algunas sorpresas. En cuanto a la religión impera la tolerancia, conviviendo pacíficamente musulmanes, cristianos y animistas. Para ellos, no importa qué religión sea la tuya, importa que creas en Dios. Aunque ya digo que la tolerancia es la reina.

“La vida en Burkina es sencilla. Todo funciona al ritmo de África. Un ritmo al que te tienes que acostumbrar. No hay prisa, ese sería el lema. Las cosas se hacen, pero poco a poco”

V.J.M.: Y por último, ¿cuáles son tus próximos proyectos?

X.T.C.: Bueno, pues quizá vuelva a habitar lejos de casa, en otros países ‘tan conocidos’ como éste, por ejemplo Swazilandia o Tonga.

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Bien Ximo, pues muchísimas gracias por habernos contado algunas de las cosas que puede llegar a sentir un voluntario anónimo en un país tan desconocido para la gran mayoría como es el caso de Burkina Faso. Y esperemos también que vuestras experiencias lleguen cada vez más a las gentes del llamado primer mundo, a muchas de esas buenas gentes a las que en muchas ocasiones se les ‘vende’ la idea de que ONG es sinónimo de corrupción o, en el mejor de los casos, de gente ociosa que no sabe qué hacer con su tiempo.

Gracias de nuevo por tu compromiso y solidaridad hacia los que menos tienen, y espero que este artículo en forma de entrevista sirva como homenaje a todos esos hombres y mujeres que de forma totalmente solidaria regalan su tiempo en beneficio de los demás.

Víctor J. Maicas es escritor

Todas las fotografías son de Ximo Torres

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Artículo original en Bottup: Sensaciones de un joven voluntario en Burkina Faso


Una superficie como Europa ha sido acaparada, la mayoría en el continente africano, mientras los alimentos multiplican su precio por 2,5

Periodista ciudadano autor: Vicent Boix Editado por: Redacción Bottup

En tiempos de crisis, la agricultura y la alimentación se están consolidando como uno de los negocios más lucrativos… no para agricultores o consumidores sino para transnacionales e inversionistas. El motivo es sencillo: una familia puede dejar de pagar la hipoteca, pero siempre tendrá que comer. Ya hace décadas que la cadena alimentaria (semillas, agroquímicos, distribución, etc.) estaba ‘oligopolizada’ y en manos de unas pocas transnacionales que se están lucrando a toda costa.

En una década las inversiones financieras en materias primas aumentaron de 5.000 a 450.000 millones de dólares. Mientras los precios de los alimentos se multiplicaron por 2,5

Pero a principios de siglo, a raíz de la burbuja de las punto.com, el capital financiero empezó a moverse buscando inversiones seguras y aterrizó en el mercado de futuros (alimentación, petróleo, etc.). Si en el año 2000 los activos financieros en éste oscilaban los 5.000 millones de dólares, en 2011 treparon hasta los 450.000. Para ellos un gran negocio, ya que por ejemplo el grupo de inversión Goldman Sachs ganó más de 5.000 millones de dólares en 2009 especulando en materias primas, lo que supuso un tercio de sus beneficios netos. Pero, para el resto, una gran chanchada: los precios de los alimentos se multiplicaron por 2,5 desde 2000, se oscila el umbral de los 1.000 millones de famélicos y en estos momentos en el Cuerno de África doce millones de personas sufren una cruel hambruna.

La cosa no ha quedado ahí. Esta vez el capital está metiendo sus garras en lo más importante de la cadena alimentaria: la tierra. Porque millones de campesinos eluden la agricultura ecológicamente insostenible enfocada a la exportación, de la misma manera que millones de consumidores adquieren en los mercados locales o directamente del productor sus alimentos sanos y de temporada. Para mantener estos canales ecológica y socialmente sostenibles sólo hace falta la tierra.

Pero el incremento de los precios de la alimentación en los mercados de materias primas, la posibilidad de especular en la compraventa de tierra, la creciente demanda de alimentos y la importancia estratégica de los agrocombustibles para el futuro energético en los países ecológicamente derrochadores, está alimentando la voracidad de inversores que ansían controlar la producción de alimentos y materias primas. En la última década millones de hectáreas han sido arrendadas o vendidas en los países empobrecidos, fundamentalmente en África. En algunos casos son gobiernos que adquieren tierras en otro Estado para garantizarse su suministro futuro. Pero en la mayoría se trata de empresas e inversionistas que pretenden producir alimentos y sobre todo agrocombustibles, en ambos casos para exportar a los países ricos especialmente.

Según Intermon Oxfam, una superficie de tierras equivalente a toda Europa Occidental han sido acaparados en el mundo, la mayoría en África

Según la ONG Intermon Oxfam, en los últimos años cerca de 227 millones de hectáreas de tierra han sido acaparadas en el mundo (superficie equivalente a toda Europa Occidental). Como estos tratos van envueltos de mucho secretismo, la ONG sólo ha podido verificar 1.100 acuerdos por un total de 67 millones de hectáreas (superficie mayor a la suma de España y Portugal). La mitad de ellas se situarían en África, lo que significa que en este continente se ha acaparado una superficie de tierra similar al área de Alemania. Un reciente trabajo publicado por un grupo de expertos del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial de la FAO, avalaría estos datos al mencionar una cantidad de tierras acaparadas que oscila entre los 50 y 80 millones de hectáreas, situándose en África dos terceras partes del total.

Algunas instituciones, como el Banco Mundial o la propia FAO, intentan ‘humanizar’ el despojo con la misma cháchara que llevamos décadas escuchando, es decir, aseverando que la inversión acarreará mejoras para las poblaciones locales (tecnología, infraestructuras, trabajo, seguridad alimentaria, etc.). Pero lo cierto es que cada hectárea destinada a la exportación es una hectárea menos para la producción local. Por si fuera poco, ya se han reportado decenas de miles de desalojos forzosos, explotación laboral, impactos ambientales o control sobre los recursos acuáticos para los regadíos intensivos de los acaparadores. Todo ello, recuerden, está acaeciendo en países que frecuentemente sufren sequías y hambrunas.

Vicent Boix

Investigador asociado de la Cátedra ‘Tierra Ciudadana – Fondation Charles Léopold Mayer’, de la Universitat Politècnica de València. Autor del libro El parque de las hamacas. Artículo de la serie ‘Crisis Agroalimentaria’, ver más aquí.

Información relacionada:
Derecho a la Alimentación. Inversión, tenencia de la tierra y derecho a la alimentación, FAO

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Artículo original en Bottup: Nuevo término para la enciclopedia de la indignación: acaparamiento de tierras


Enviada Especial de Bottup

Enviada Especial, Bottup: la telemedicina contada desde Sierra Leona por la primera enviada especial ciudadana de la historia

La primera enviada especial ciudadana de la historia ya se encuentra en su destino. Olga Moya, ganadora del II Premio Periodista Ciudadano organizado por Bottup y fallado el 22 de abril pasado, aterrizó hoy en la capital de Sierra Leona, Freetown.

“Se trata del país más pobre del mundo (por decimocuarto año consecutivo, según la ONU). Y las estadísticas en materia de salud y calidad de vida baten récords por la cola. Tiene la mortalidad infantil más alta del planeta, así como la mortalidad de mujeres embarazadas y parturientas. Gran parte de su población continúa armada aunque la guerra civil terminara hace una década. Los diamantes siguen ensangrentados. Y además, la esperanza de vida de sus habitantes es de 38 años en el caso de los hombres y 42 en el de las mujeres. Como en España hace dos siglos”.

Lo escribió la propia Olga en el espacio ‘Enviada Especial’ de Bottup, desde donde desde hace días ya nos va contando los preparativos del viaje y desde donde podremos leerla sobre el terreno a partir de estos días, dependiendo de la conectividad que logre en medio de tan difícil contexto.

Olga viaja semi-empotrada con un equipo médico del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona. Todos los miembros del equipo con el que viajará Olga la han acogido con enorme generosidad y nos han facilitado la labor de producción periodística previa con gran diligencia.

En 1967 cuatro hermanos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, uno de ellos médico, llegan a Sierra Leone para hacerse cargo de un pequeño hospital rural en Lunsar. Hoy, ese mismo hospital salva vidas gracias a la telemedicina, que ejercen entre este centro y su ‘homólogo’ en Barcelona.

Olga nos contará durante algo más de dos semanas cómo trabajan estas personas y las historias de sus pacientes. Como ella misma dice en uno de sus primeros posts:

“(…) no es el típico lugar al que alguien que ha ganado un concurso quiere ir como premio. Pues yo sí. (…)  Tengo ganas de hurgar donde pocos lo han hecho y poder dar a conocer el enorme avance que ha supuesto -estoy segura- la llegada de las nuevas tecnologías en materia de salud para los más desfavorecidos”.

Todo ello, el antes, el durante y el después, en el especial ‘Enviada Especial‘ de Bottup y desde su RSS.


Desde 1967 no han parado de crecer, el hospital de la Orden da servicio a 100.000 habitantes, dando respuesta sobre todo a la mortalidad infantil y de mujeres gestantes

Periodista ciudadana autora: Olga Moya Martorell Editado por: Redacción Bottup

En 1967 cuatro hermanos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, uno de ellos médico, llegan a Sierra Leone para hacerse cargo de un pequeño hospital rural en Lunsar. Desde entonces, todos los esfuerzos de los hermanos se han dedicado a hacer crecer el hospital para dar respuesta a la elevada mortalidad, tanto infantil como de mujeres gestantes, así como a la elevada tasa de mortalidad provocada por la malaria.

Hospital de Saint John of God de Mebesseneh

Desde el hospital San Juan de Dios de Esplugues envían material sanitario y un médico voluntario cada seis meses. Se trata de curar y formar para curar

Así nace el hospital de Saint John of God de Mebesseneh, que antes de la guerra civil había llegado a tener 110 camas de hospitalización, 24 para tuberculosos y 60 para enfermos convalecientes. Pese a que entre Lunsar y Mebesseneh suman 24.000 habitantes, el Hospital Saint John of God da servicio a 100.000 habitantes, convirtiéndose en el hospital de referencia de la zona.

La guerra civil paraliza la actividad del hospital y algunos hermanos son secuestrados por las tropas rebeldes para ser usados como moneda de cambio. Una vez liberados, los hermanos y el personal autóctono del Saint John of God se trasladan a Lungi, dónde se ha instalado un importante campo de refugiados con miles de personas sin agua, comida ni atención sanitaria. Con el fin del conflicto, los hermanos vuelven a Lunsar y empiezan la reconstrucción del hospital. Actualmente hay cinco hermanos de la Orden de San Juan de Dios: el hermano Peter y el hermano Michael, gerente y jefe de enfermería respectivamente, originarios de Sierra Leone; el hermano Linus Tangus, jefe de personal, del Camerún; el hermano George, nacido en Ghana, jefe de farmacia; y Manuel García Viejo, de Castilla y León, jefe de medicina interna y cirugía.

El hermanamiento con el Hospital San Juan de Dios de Esplugues

El año 2005 el Hospital Saint John of God de Mebesseneh se hermana con el Hospital de San Juan de Dios de Esplugues, lo que se traduce en un envío regular de material sanitario junto con un médico voluntario, cada seis meses. El médico voluntario destinado a Lunsar es, a cada relevo, de una especialidad diferente. Ello

La novedad en 2006 fue la instalación de una unidad de telemedicina que permite el diagnóstico a distancia o supervisar una operación quirúrgica

permite una mejor atención de los pacientes y a la vez, una oportunidad de formación en diferentes disciplinas para los médicos y enfermeras autóctonos. Las principales máximas de este proyecto son curar y formar para curar. Se quiere sanar al mayor número de pacientes posibles y aprovechar, potenciar y formar el capital humano del país.

Uso de las nuevas tecnologías: unidad de telemedicina

De la interacción entre ambos hospitales surge la incorporación de las nuevas tecnologías en el proyecto. El año 2006, San Juan de Dios instala una unidad de telemedicina conectada vía satélite a la red TM-64, un sistema que permite la comunicación a tiempo real entre los dos hospitales. El médico destinado en Lunsar siempre cuenta con un médico especialista al otro lado de la línea que lo puede ayudar a hacer el diagnóstico, a establecer el tipo y la frecuencia del tratamiento e, incluso, asesorar y supervisar una operación quirúrgica por videoconferencia.

Artículo original en Bottup: La historia de San Juan de Dios en Sierra Leona


El hormigón y la televisión enriquecerá a muchos pero,  ¿a todos?, ¿abrirá el cofre de las riquezas para una sociedad empobrecida y desempleada?

Periodista ciudadano autor:  Bonhamled Editado por: Redacción Bottup

El mundial de Sudáfrica

La construcción de los estadios que albergarán el mundial de fútbol de Sudáfrica ha hecho subir el precio del cemento, necesario para otras infraestructuras públicas

introduce algunas dudas sobre la organización, desarrollo del país y recursos dedicados al evento. El ejemplo de España puede dar pautas para que se convierta o no en un éxito deportivo, económico y social para el país

Hace unos días vi un documental muy bueno dentro del programa Documentos TV.

Documentos TV debería ser de visionado obligatorio, no solo en las escuelas de periodismo, sino en casi cualquier escuela. Eleva el concepto de periodismo, en este caso de investigación y de calidad, en la televisión: informa, forma, entretiene y es semilla de pensamiento.

El programa que vi, ‘Sudáfrica Fahrenheit 2010‘, trata de los cambios que ha sufrido Sudáfrica para acoger la Copa del mundo de fútbol el próximo junio. Habla de los estadios construidos, de las poblaciones que deberán moverse, de algunos hitos políticos o sociales que denotan todos los cambios para dar la mejor cara al mundo y ofertar la mejor forma de organizar los mundiales.

Por un lado, está la construcción de un buen número de estadios de fútbol, creando un vector económico que proviene tanto de manos públicas como privadas. Esto genera una eclosión de riqueza, que se intenta que llegue hasta el ciudadano. Sudáfrica tiene entre un 25% y un 40% de paro, muy diferenciado de acuerdo a la raza y el área.

Sin embargo, tras este loable interés de emplear el mundial como motor de arranque del desarrollo e igualdad del país (así se vendió frente a la FIFA para ser adjudicatario del primer mundial que se celebrará en el continente africano) hay muchos otros hechos, como se puede ver en el documental, que añaden sombras al proyecto y al evento.

Los costes del mundial

La construcción de esas instalaciones retira recursos de educación, construcción, sanidad, etc., a un país que lo necesita, por pobreza, por nivel de vida, por esperanza de vida. El mero hecho de la construcción incrementada ha encarecido el coste del cemento en el país, lo que repercute en la construcción de todas las infraestructuras.

Por otro lado, las poblaciones que se han de mover, el caso de una escuela que ha debido abandonarse para dejar paso a los trabajos, indica que los perjudicados no solo no tendrán beneficio a largo plazo, sino que tendrán un grave perjuicio a corto. La sospecha de que todas estas inversiones no generen otras inversiones ‘al lado’ que beneficien la vida de todos los sudafricanos: hospitales, escuelas, líneas de comunicación y transporte, da la idea de que parecen ser obras para un ejercicio fatuo y caro de visibilidad mundial.

Algunos de los trabajos son catalogados de dispendio, ya que se intenta evitar el empleo de los existentes estadios de Rugby, más cercanos a la rica minoría blanca y empleados en eventos previos, y ubicar los nuevos estadios, algunos a metros de los anteriores, cerca de los ‘hometowns’ donde vive la población negra, verdaderos aficionados al deporte del fútbol. A pesar de que el reducido precio de las entradas no asegura que esos estadios se llenen y, de esta forma, se asegure el éxito comercial, se espera que la publicidad haga retornar los miles de millones de rands invertidos.

La construcción de esas instalaciones retira recursos de educación, infraestructuras, sanidad, etc., a un país que lo necesita

La eclosión de una clase negra rica cercana al poder se muestra en los carteles que aparecen en las puertas de los nuevos estadios e instalaciones en construcción. Estadios gigantes para las dimensiones sudafricanas, más de cincuenta mil espectadores, y que difícilmente tendrán encaje posteriormente en una liga de fútbol muy menor. A todo esto, la sombra más que clara de una corrupción, que puede llegar a lo más alto, ensombrece todo este panorama.

En Sudáfrica han salido muchas voces discordantes atendiendo a estos parámetros levemente alumbrados: detracción de recursos para otras necesidades más básicas, repercusión negativa en la población, creación de emporios económicos que pueden ser globos de aire tras este periodo de inversión fuerte apoyada por el Estado, corrupción y falta de idea sobre el futuro de las instalaciones. Es, sin duda, un punto de preocupación.

Las analogías con el caso español

Inmediatamente tras visionar el documental y enlazándolo con lo que ha ocurrido en España, y en el resto del mundo, en relación con la organización de grandes eventos, aparecen una serie de ‘lugares comunes’ y sombríos horizontes que amenazan con repetirse:

En España tuvimos una ‘salida’ de la oscuridad de la dictadura que puede evaluarse, entre otros muchos gestos, con la organización del Mundial de fútbol de 1982, la entrada de España en la Comunidad Económica Europea en 1986, y la organización de los juegos olímpicos de 1992 en Barcelona y la exposición universal en Sevilla, también en 1992. Toda esta experiencia en organizar eventos mundiales luego se aprovechó repitiendo, aunque no en las mismas dimensiones, hasta los últimos que han sido la Expo del agua de Zaragoza en 2008 y la celebración en dos oportunidades de la Copa América en Valencia 2007 y 2010.

Esa orientación publicitaria del país con la excusa del deporte no era novedosa ya que también intentó ser aprovechada, en otro mundial de fútbol, en este caso en Argentina 1978, para revitalizar su marchitante dictadura sangrienta. No lo consiguió, aunque le dio un poco más de vigor internacional durante algunos años. También es conocido el efecto propagandístico y político que tuvieron los eventos deportivos en la guerra fría. Pero el paso de lo propagandístico a lo publicitario pudo muy bien darse en España en esos tiempos.

Todos esos eventos sirvieron para darnos la dimensión de los fenómenos que se están repitiendo, con particularidades locales, en Sudáfrica. Por un lado, sirvieron como motor económico por el apoyo de las instituciones, ingente, y de inversores privados de todos tipo. Fueron un arranque para una economía asustada y anquilosada por las incertidumbres de la párvula democracia, el caso es equivalente al de Sudáfrica.

De esa ensalada de intereses estéticos y culturales, económicos, sociales, etc., nace un furor por verter hormigón, que es, junto con los derechos de retransmisión de televisión, el corazón de todo esto

Por otro lado crearon holdings o instituciones de organización y gestión que manejaron miles de millones de euros que, en muchos casos, acabaron en las manos de personas y organizaciones afines al poder político y, en otros, en facturas sin justificar, dispendios dificilmente explicables, ‘traslados’ muy ‘explicables’, corrupciones y corruptelas. Este es el riesgo que enfrenta Sudáfrica, pero que por imagen tanto del país como de los mundiales puede que no llegue a conocerse su verdadero calado nunca. A este respecto cabe indicar que las cuentas de la Expo 92 y de Barcelona 92 siempre han sido bastante desconocidas en su alcance y su distribución, aunque probablemente aún sigamos pagándolas casi veinte años después.

En aquellos tiempos se aprovechó la necesidad de albergar el evento, la disponibilidad económica y financiera y la motivación de todos por llevar a cabo una gestión adecuada de los recursos para modernizar, al menos en parte, el país. Inversiones, empresas, diseños, desarrollos que alimentaban, tributarios, ese inmenso devorador de recursos que son los eventos internacionales deportivos.

Al tiempo servían para dar la vuelta a la imagen del país y crear una nueva relacionada con la cultura, con la modernidad, con el desarrollo y con lo propio y así se invirtieron en edificios carismáticos, muchos en el caso de la Expo, o en gigantescas obras públicas, como por ejemplo en la Expo del agua de Zaragoza o en las obras del Puerto de Valencia o en Barcelona, que han sido como la pequeña espita que ha permitido ‘acelerar’ el desarrollo. Gran parte de estas actuaciones fueron aprovechadas para mejorar el urbanismo.

Estos nuevos edificios, instalaciones, circunvalaciones, no siempre han tenido un criterio de diseño de utilidad posterior, de aprovechamiento ulterior a la fecha de finalización del evento y, en muchas ocasiones, en el caso de la Expo 92 y de la Expo del agua evidente, han sido el bellísimo, y caro, decorado donde se celebró el evento y, posteriormente, o se han dado al abandono o se han malvendido para perjuicio de todos.

Este es otro lugar común que parece haberse repetido en Sudáfrica, la creación de infraestructuras nuevas, muchas veces desdeñando las antiguas. Nuevos edificios e instalaciones que rivalizan con las mejores del mundo, edicifios de autor, pero que tras los juegos no serán aprovechados y parecen haber sido implantados solo por el gusto onánico de tener lo mejor, equiparándose en megalomanía con aquel político que quiso tener un teatro de la Opera similar al de Milán en la entonces rica Manaos amazónica.

De lo que no cabe duda, en España y en Sudáfrica, es que toda esta obra, todo este jaleo, todo esta organización beneficia a la economía, pero no sabemos si se transmitirá a toda la sociedad. Tanto en forma de trabajo como en infraestructuras usables en en día a día. En España enriqueció a muchos y dió de comer a muchísimo más, en Sudáfrica con sus desigualdades y cortapisas no se sabe si será así, aunque será un enorme caudal económico que sobrepasará, como azud lleno, las restricciones restantes de una sociedad separada no de ‘iuris’ pero si de facto.

Beijing, Altanta, el lavado de imagen y la generación de beneficios

A este sentido y como he comentado, es sorprendente la unión de las nuevas empresas de capital ‘negro’ con las clásicas de capital ‘blanco’, perdón por la simpleza de la adjetivación, en una especie de ‘joint venture’ del capitalismo, que parece un remedo de la película ‘Invictus’, pero que indica que el dinero une intereses y credos.

La sombra más que clara de una corrupción, que puede llegar a lo más alto, ensombrece todo este panorama

De esa ensalada de intereses estéticos y culturales, económicos, sociales, etc., nace un furor por verter hormigón, por colocar encofrado, que es, al final y a la postre, junto con los derechos de retransmisión de televisión, el corazón de todo esto. El hormigón y la televisión enriquecerá a muchos pero, ¿enriquecerá a todos?, ¿abrirá el cofre de las riquezas para una sociedad empobrecida y desempleada? y, sobre todo, ¿no habrá servido todo este artificio de grandes obras para enriquecer a unos pocos y dejar, después, tras el abandono de todos los proyectos, hipotecado el futuro de todos?

Estas enseñanzas son directa e inmediatamente trasladables desde el caso de España.

A esto podemos añadir algunos más que no se dieron en España pero podrían darse en Sudáfrica. Por un lado y en comparación con la opulenta y fantástica representación de la ‘nueva’ China en los juegos olímpicos de 2008 en Beijing. ¿Hasta dónde llegó el cambio de la sociedad, al menos en su arquitectura, urbanismo y ordenamiento? No implicó un abuso contra los más pobres, una recreación sutil pero terrible del extrañamiento con bulldozers y operarios. Estos hechos se han dado en Sudáfrica y, puesto que las poblaciones afectadas han sido negras, parece haber revitalizado aquel concepto de ‘racismo’ económico que existe en Sudáfrica. Los pobres negros son más pobres y tienen menos derechos.

Beijing fue paradigmática en este caso, cambió la ciudad, expulsó a habitantes, acosó y probablemente amenazó a muchos para crear sus estupendos estadios que después, ahora, no sabemos si se emplean o no, ya que una férrea censura y control de medios y mentes no nos permite evaluar. Esa sería otro asunto a revisar, el Mundial como evento global intenta proyectar la imagen positiva y beneficiosa de las ventajas que traerá consigo, ya las hemos enumerado, pero al tiempo también desea, por el propio bien económico del evento, que los asuntos escabrosos, amenazantes, de riesgo queden bastante ocultos. Hablo de la certeza de que sin el apoyo suficiente y continuado del Estado sudafricano, aunque deba desastistir otras ‘cuentas’ de mayor necesidad, el éxito del proyecto estaría en el alero.

De esta forma, no dejo de pensar que todo este mundo, los eventos deportivos internacionales, al final son espectáculos bienintencionados para un primer mundo que como en un circo se congratula de ver moverse a las fieras o a los payasos creyendo que el mundo es así, a su imagen y semejanza. Pero solo es un atrezzo, un arreglo decorativo y floral para dar al mundo rico la mejor imagen, para seguir vendiendo el mismo pasado, el mismo presente y un futuro incierto.

Un último punto de este pensamiento dejado volar sería: ¿qué ocurriría si se dejara totalmente a la iniciativa privada la organización y financiación de los juegos? En este caso el colapso o el fracaso estaría cerca de asegurarse. Si en los juegos de 1996 de Atlanta (EEUU), los posteriores inmediatamente a los exitosos de Barcelona 92, el peso de la organización fue privado y, no solo privado, sino centrado en la gran multinacional Coca Cola, vimos como la organización, las instalaciones y, en general, todo el dispositivo se reducía y quedaba en evidencia frente al apoyo generalizado de las instituciones de los juegos anteriores.

En esos juegos se vio que había deportes de primera, los que atraen, los que ‘se venden’ y una miríada de pequeños deportes que, como los habitantes de las regiones donde se ubican los estados o las necesidades básicas que se posponen para cubrir presupuestariamente estos fastos, quedan olvidados, casi escondidos, un poco dejados de la mano del lema olímpico “Citius, altius, fortius”, que se traduce en “Dinero, ego y visibilidad”. Y todo esto en el país más poderoso y con más recursos del mundo, en cualquier otro hubiera sido un desastre de dimensiones ‘olímpicas’.

En otros eventos similares, como en la olimpiadas de Atlanta 96, el “Citius, altius, fortius” se tradujo en “Dinero, ego y visibilidad”

En estas olimpiadas, las de Atlanta, también se supo de las dificultades económicas para llegar en los resultados finales a los números negros y de la casi imprescindible benevolencia de los estados para dar apoyo a estas iniciativas, si no queremos que la enorme realidad económica nos despierte de esa adormecida realidad de hermandad y deporte mezclado con negocio.

Por todo esto, por lo que tiene de tramoya escondedora y engañosa, trampantojo televisivo sobre unas sociedades que desearían representar lo que la televisión nos enseña y nosotros, los televidentes, nos creemos: esas estupendas coreografías y esas edulcoradas imágenes, es por lo que hace albergar dudas y pensamientos.

Por otro lado los beneficios, en el caso de España evidentes, en el de China no, en Sudáfrica sinceramente lo deseo, son los que animan a tomar estas iniciativas de ‘riesgo’. Ániman a estar en esa carrera del boato, el dispendio, pero también la inversión y el desarrollo. Supongo que los diferentes organismos organizadores, el COI, la FIFA, pondrá especial cuidado en la vigilancia de estos factores ‘externos’ y cuya publicidad negativa puede ensombrecer el desarrollo del ‘negocio’ al que caminan juntos.

De esta forma, los eventos tienen muchísimos inconvenientes, enormes, como indiqué acerca de la candidatura de Madrid para organizar los juegos olímpicos de 2016, pero también muchas ventajas, que de ser gestionadas de manera adecuada, minimizando los efectos negativos, luchando contra los ‘enjuagues’ y ‘triquiñuelas’ que todo corrupto en potencia esconde y, sobre todo, siendo sensible al entorno humano, medioambiental, social y cultural. Estas inversiones pueden adelantar, sinestésicamente, un futuro que no será el de los grandes edificios y grandes estadios llenos de gente vociferante y alegre, pero sí el de los grandes proyectos y del futuro.

La noticia original en Bottup: Sudáfrica 2010 o el mundial de fútbol para otros