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Según UNICEF tres de cada cuatro niños en orfanatos camboyanos tienen al menos un progenitor vivo

Periodista ciudadano autor: Omar Havana Editado por: Redacción Bottup


Hermanas 'huéfanas' en las calles de Siem Reap / Foto: Omar Havana

Hermanas 'huéfanas' en las calles de Siem Reap / Foto: Omar Havana

Solo días después de que Unicef expresara su preocupación, el Gobierno camboyano ha comenzado una investigación en los orfanatos del país. Según la organización en Camboya, tres de cada cuatro niños recogidos en los orfanatos camboyanos tienen al menos a uno de sus padres aún vivo.

En un informe publicado por Unicef al principio de esta semana, se afirmaba que se estima en aproximadamente 12.000 los niños que viven en los orfanatos camboyanos que no son huérfanos, habiendo aumentado curiosamente el número de niños en estos centros en casi un cincuenta por ciento en los últimos cinco años. Al mismo tiempo, también el número de orfanatos ha crecido a casi el doble, llegando a 269 en el mismo periodo de cinco años.

De estos casi trescientos centros, solo 21 son dirigidos por el Gobierno, quedando el resto financiados por donantes extranjeros y organizaciones ‘sin ánimo de lucro’.

Según afirma Richard Bridle, Director de Unicef en Camboya, “muchos de los centros se han convertido en atracciones turísticas donde se muestran a los niños para recaudar más fondos para las organizaciones que los dirigen, poniendo así a los niños en riesgo. Incluso los turistas mejor intencionados están financiando un sistema donde se separan a los niños de sus familias a la fuerza”.

Unicef estima que 12.000 de los niños que viven en orfanatos no son huérfanos. El número de estos centros casi se ha duplicado

“Así también las familias se ahorran un dinero en el cuidado de los hijos”, afirma Sebastien Marot, fundador de la reconocida y respetada organización Friends International, destinada a los niños de la calle camboyanos. “Hemos trabajado durante 17 años en Camboya y nunca hemos ayudado a ‘colocar’ niños en los orfanatos, y eso que trabajamos en los barrios más marginales y con los niños que provienen de las situaciones familiares más horribles que se pueden imaginar. Solo acudimos a estos centros cuando los niños sufren algún tipo de discapacidad grave o enfermedad de alto riesgo para el propio niño, a lo que se debe unir que la familia no tenga los medios suficientes para poder atender al niño como es debido. Pero la situación real es muy diferente, o existe un malentendido acerca de lo que significa estabilidad en Camboya en el siglo 21, o ‘personas sin escrúpulos’ usan a los niños para así hacer dinero con sus organizaciones”, confiesa Marot.

Camboya y sus destinos más turísticos suponen un reclamo perfecto para todos aquellos que quieren hacer dinero a costa de la vida y del sufrimiento de los más débiles y pobres. Diversas organizaciones, que no todas, se dedican a engrandar sus cuentas bancarias mientras miles de donantes bien intencionados ignoran las intenciones reales de muchos de estos nuevos “salvadores de la infancia”.

Según el mismo Marot, la pregunta que todo turista se debería hacer al llegar a un país como Camboya es: “¿harían lo mismo en sus países de origen? No. ¿Han visitado alguna vez un orfanato en sus países de origen o conocen la dirección de alguno? No. ¿Por qué? Porque un orfanato es un sitio seguro para niños y debe tener un sistema de protección a la infancia, para proteger a esos niños”, nos pregunta Marot. “Ellos son los más vulnerables, tener a personas visitándoles todos los días no es aceptable”, finaliza.

Sihanoukville, Siem Reap o Phnom Penh son las ciudades donde muchos de estos supuestos hogares para los más indefensos, no son más que lugares donde se comercializa con la fotografía del niño pobre que muchos turistas vienen buscando a países como Camboya. Organizaciones y personas sin escrúpulos dirigen algunos de estos centros, donde como pude presenciar en uno de ellos en la playa de Sihanoukville en el año 2008, los niños no reciben nada que comer.

¿Han visitado alguna vez un orfanato en sus países de origen o conocen la dirección de alguno? No. ¿Por qué? Porque un orfanato es un sitio seguro para proteger a esos niños

Un problema que ya ponía de manifiesto el gran Bertrand Tavernier en ‘Holy Lola’ (La pequeña Lola). En este film se describe la desesperación de unos padres franceses que llegan a Camboya con la esperanza de adoptar a un pequeño. Pronto descubrirán el lado oscuro del mundo de la adopción y los orfanatos, como pone de manifiesto el último informe de Unicef.

Según admitió un portavoz del Ministerio de Asuntos Sociales, quienes son los encargados de realizar la investigación sobre estos centros, el Gobierno no conoce la situación real de los miles de niños de los orfanatos o si son tratados bien o mal. “No sabemos cuánto tiempo nos llevará la investigación sobre los 269 orfanatos de Camboya, pero prometemos que aquellos que no cumplan la ley serán cerrados”.

Hace tan solo unos meses, el caso del pedófilo Nicholas Patrick Griffin dejó conmocionada a la sociedad de Siem Reap. ‘Nick’, como todos le conocíamos aquí, dirigía un orfanato, COF, donde supuestamente ‘ayudaba’ a más de sesenta huérfanos. Hace tan solo unos días, Nick era sentenciado a tan solo dos años de cárcel por asaltar sexualmente a varios niños a su cargo. Los días que siguieron a su arresto el pasado octubre, una fuente muy próxima a la investigación me informaba del gran número de niños que carecían de los papeles oficiales de recogida por parte del orfanato, llegándose a descubrir que incluso muchos de ellos tenían a algunos de sus padres aún con vida.

Como el caso de Nick puso de manifiesto, y aunque tarde, Unicef, también ha denunciado esta semana, que Camboya es un país donde todo vale, una nación en venta donde desalmados comercializan con la sonrisa inocente de muchos niños comprados por un par de cientos de dólares.

Artículo original en Bottup: Unicef denuncia la situación de los huérfanos en Camboya


CRÓNICA / En Phum Thmei los refugiados sobreviven con con el arroz que Cruz Roja les dona, el agua escasea

El hospital improvisado atiende altas fiebres y diarreas de menores, incluidos bebés, hasta ancianos de más de 70 años

Periodista ciudadano autor: Omar Havana Editado por: Redacción Bottup


Hay más de 1.500 menores entre las más de 4.000 personas que acoge el campo de refugiados

Hay más de 1.500 menores entre las más de 4.000 personas que acoge el campo de refugiados

A tan solo 70 kilómetros de la montaña donde los ejércitos tailandeses y camboyanos luchan por la posesión del templo jemer, Preah Vihear, se encuentra el ‘Nuevo Pueblo’, o Phum Thmei, como los campesinos allí refugiados lo han bautizado.

Allí, 4.054 seres humanos intentan sobrevivir alejados de las bombas y disparos que hace días sobrevolaban los tejados de sus hogares. Allí, 1.535 niños y niñas sobreviven en la anarquía absoluta alejados de libros y cariño. Ellos son la cara oculta de las guerras, las miradas incrédulas de los conflictos, los corazones rotos por las muertes. En sus ojos permanece grabada la huella del miedo, en sus manos las señales de una huida sin destino, en sus pies las heridas de un camino hacia un futuro desconocido. Ellos son los refugiados, almas desterradas sin más futuro que suplicar por una botella de agua, vidas refugiadas al amparo de organizaciones y gobiernos que quieran sofocar su dolor.

Phum Thmei

Estoy orgullo de haber nacido jemer, reza un cartel en Preah Vihear / Foto: Omar Havana

Estoy orgullo de haber nacido jemer, reza un cartel en Preah Vihear / Foto: Omar Havana

Después de una sofocante mañana de calor recorriendo el templo Preah Vihear, hablando con soldados que parecían un disco rayado repitiendo el mensaje que sus superiores les habían ordenado decir a la prensa y extranjeros, es hora de cambiar de destino. Es hora de buscar el calor de las miradas de aquellos seres humanos que sufren en silencio. Es hora de cambiar un paisaje repleto de armas, destrucción y desolación por otro mucho más duro, pero sin duda mucho más humano.

Descendiendo la montaña, la mano moviéndose en un adiós sin fin de los soldados contrasta con el rifle tipo-56 que sostienen con la otra, sus amplias sonrisas suponen un respiro a la sobriedad de los antiaéreos 61-K que plagan la montaña sagrada. Pocos minutos después la paz del asiento trasero del Toyota Camri me sirve de improvisado camastro donde echar una cabezadita.

“Omar, hemos llegado”, me dice Naret, nuestro conductor. Sin más tiempo que para acercar la mirada a la ventanilla, unos ojos llaman mi atención, es un chaval de corta edad, está sentando en el arcén de la carretera que une Preah Vihear con Ko Ker. La expresión de su rostro me anuncia que me prepare, lo
que veré dentro será algo que nunca
había visto antes.

Bienvenido a Phum Thmei / Foto: Omar Havana

Bienvenido a Phum Thmei / Foto: Omar Havana

Un cartel anuncia la llegada a Phum Thmei, las tiendas verdes donadas por el ejército camboyano tiñen de color este paisaje lleno de desolación y tristeza. A mi lado, un buen amigo, un ex soldado camboyano que luchó con los vietnamitas para liberar a este país de Pol Pot. Él me sirve de cámara improvisado, de intérprete a tiempo parcial, de contacto con el ejército, en sus manos la diminuta cámara de vídeo parece más un llavero que el aparato que grabará las palabras de los sin voz.

El llanto de un niño llama nuestra atención, su madre mientras sostiene a su bebé, nos concede la primera entrevista. “Llevo varios días aquí, cuando llegas nos hacen que nos registremos y demos nuestros datos, entonces te entregan una tarjeta con tu nombre, y esa es la única forma de conseguir alimentos y agua”, nos comenta mientras las lágrimas empiezan a cubrir su rostro, “yo les di todo lo que me pedían, pero no me han dado la tarjeta y nadie me da nada de comer o beber, no sé qué puedo hacer más, ellos no me creen”. Su desesperación conmueve a mi compañero, él grababa esta historia mientras yo estaba perdido entre una nube de miradas que buscaban el objetivo de mi cámara.

No tiene tarjeta desde hace varios días / Foto: Omar Havana

No tiene tarjeta desde hace varios días / Foto: Omar Havana

Supe que algo había sucedido cuando lo vi sentado en el suelo, con la mirada perdida en un por qué infinito. “Yo he sido soldado, una noche junto a 18 soldados, corrimos cuando las tropas de Pol Pot nos disparaban, atravesamos un campo de arroz, al otro lado estaba nuestra salvación, al llegar, todos vivos, mi capitán me empujó mientras me gritaba que si estaba loco, no entendía nada, ¡me acababa de salvar junto a 18 soldados más! Lo entendí cuando mi capitán lanzó una piedra hacia aquel campo de arroz, y aquello empezó a explotar. Había estado corriendo durante más de diez minutos en un campo de minas, entonces me gané el respeto de mis compañeros”, me cuenta. “Ahora veo que una mujer lleva varios días sin comer, y que los soldados están aquí para ayudarles y, sin embargo, no les dan de comer si no tienen la tarjeta, yo luché para ayudar a mi país, y ver cosas así no me gustan y me hacen estar triste”, finaliza. La sensibilidad de las palabras de esta mole de músculos de más de 120 kilos de peso me conmueve, sé que habla con el corazón, esa es su única vía de expresión, hasta que la sonrisa ocupa su cara por completo, y me anima a seguir, “vamos, que hay muchas más personas”.

Según recorremos el campamento, el pánico de las miradas se mezcla con incredulidad y sorpresa. Son todos campesinos de una de las más pobres zonas de Camboya, no están acostumbrados a ver a extranjeros. Los que chapurrean inglés se acercan, quieren enseñarme que saben el idioma de Shakespeare, “hello sir, where are you from?, you come to help? Thank you Sir, Thank You”, me repiten una y otra vez. Todos se piensan que pertenezco a una de las organizaciones allí presentes, que vengo a sofocar su sed, y que soy americano. La dulzura de su ignorancia contrasta con las miradas de los soldados que se apresuran a descargar un cargamento de arroz y agua donado por la Cruz Roja Camboyana, dos sacos de 50 kilos cada uno llenos de arroz y 24 litros de agua por tienda, me dice uno de los cientos de espectadores allí
presentes.

Foto: Omar Havana

Foto: Omar Havana

Bajo los tanques de agua que ha donado Caritas, casi siempre presente en este tipo de situaciones, dos niños llaman mi atención. Duermen ajenos a todo lo que sucede alrededor, desnudos sobre esterillas son comidos por los cientos de mosquitos que habitan en este lugar. Su padre nos invita a pasar a su tienda, donde nos explica que ocho familias duermen en cada una, en total unas 50 personas en un espacio de 7 metros de largo por 4 de ancho.

Sigo caminando, la vida discurre como si de un gran mercado camboyano se tratara. Todo está a la venta, fruta, cigarros, bebida, agua, refrescos, pero sin embargo la escasez de agua se hace notar. “Solo tenemos el agua suficiente para beber, y muchas veces ni para ello, tenemos que ir a uno de los pozos que hay en el campamento y sacar de allí, pero no podemos ducharnos, algunos lo hacen, pero necesitamos más agua”, nos confiesa una familia, mientras miran embelesados como algo parecido a unos mejillones que han capturado en un río cercano se cuecen, no creo que lleguen ni a un cuarto de mejillón por boca, y su olor, mientras tanto, sirve de improvisado
alimento con el que complacer sus
estómagos.

La 'meaderos' oficiales / Foto: Omar Havana

La 'meaderos' oficiales / Foto: Omar Havana

Junto a los meaderos oficiales del campamento, las voces de una veintena de niños capturan mi atención. Bajo una tienda de intenso color rojo, chavales de edades comprendidas entre 7 y 17 años intentan componer un mapa situando los lugares desde donde han llegado y donde están las diferentes ciudades de Camboya. Aquí Save The Children ha montado una improvisada escuela donde, según me confiesa In Titya, coordinador asistente de programas de Save The Children en Camboya, “en el campo de refugiados no hay escuelas, aquí ayudamos a 151 niños con actividades para que se mantengan ocupados. Hay varias organizaciones ayudando y también compañías privadas, Bayon TV ha donado varias tiendas, Caritas está donando tanques de agua y está haciendo muy buen trabajo, World Vision también está presente, y luego otras que dan a las familias 5.000 rieles por día (1,25 dólares) y cuatro paquetes de noodles”, me confiesa. “La situación es un poco preocupante, falta agua, y no sabemos cuánto tiempo tendremos que estar aquí”, finaliza.

Nos acercamos a la plaza principal, donde una casa parecida a un cuartel domina la entrada. Allí se apilan cientos de paquetes que contienen la donación que la Cruz Roja Camboyana ha destinado a las familias refugiadas en Phum Thmei. Los soldados se mueven a toda prisa con sacos de 50 kilos de arroz a sus espaldas, mientras en otro lado una cadena de reclutas descarga las cajas de agua. El número de espectadores ha aumentado, recordemos que en este país es normal que cinco siempre permanezcan en cuclillas mirando como un trabaja, aquí trabajan muchos más y encima visten de uniforme. En la lejanía una niña mira hacia el horizonte azul de cajas de cartón que envuelven ese líquido tan deseado, un niño desnudo de unos siete años de edad mira embelesado el uniforme militar, mientras las sonrisas y los juegos de miradas no paran de coquetear con mi cámara, todos quieren salir en la foto.

Sacos de 50 Kg. de arroz donados por la Cruz Roja camboyana / Foto: Omar Havana

Sacos de 50 Kg. de arroz donados por la Cruz Roja camboyana / Foto: Omar Havana

Un sol rojo sangre nos anuncia el ocaso de la jornada, nos esperan más de cuatro horas de camino de vuelta por carreteras no asfaltadas y lugares perdidos en el mapa, y nuestro conductor, Naret, no es tampoco, que digamos, Fernando Alonso, aunque se lo crea. Aceleramos nuestra marcha, en el camino, los niños juegan en las largas calles que parten estepueblo. Las mujeres, como gallinas en una jaula, ondean sonrientes la tarjeta amarilla que les permite obtener agua para su familia, todas esperan con entusiasmo, sentadas en el suelo casi unas encimas de otras, “merece la pena estar aquí más de tres horas para que nos den un litro de agua para mi familia”, nos dice una sonriente madre, “yo tengo ciatro hijos y un marido”, añade.

Ellas sí tienen tarjetas / Foto: Omar Havana

Ellas sí tienen tarjetas / Foto: Omar Havana

De visita obligada es la tienda del hospital, por llamarlo de alguna forma. Allí una de las enfermeras nos explica que sobre todos los ancianos y los niños están sufriendo enfermedades de diversa consideración, “los casos más comunes son altas fiebre y diarreas entre los más jóvenes y los más mayores. Tenemos desde bebés de tan solo meses de edad, hasta personas de más de 70 años entre los residentes en el campo”, nos confiesa. “No tenemos medios suficientes, podemos donar algo de paracetamol o pequeñas inyecciones, pero en casos de mayor importancia, trasladamos a los pacientes a los ‘hospitales’ más cercanos en los camiones de la Cruz Roja que están aparcados fuera del campamento”.

Emprendemos el camino de salida de Phum Thmei, sé que será mi última oportunidad de grabar todo lo que veo en mi mente, a paso lento me fijo en cada detalle, en cada mirada, en cada persona. Ese pijama tan utilizado

En el 'hospital' atienden sobre todo a ancianos y niños de diarreas y altas fiebres / Foto: Omar Havana

En el 'hospital' atienden sobre todo a ancianos y niños de diarreas y altas fiebres / Foto: Omar Havana

en Camboya para la vida diaria, aquí parece un uniforme de uso ‘obligatorio’. Es hora de intentar empezar a cocinar la cena, los olores se mezclan produciendo un hedor intenso que hace mis ojos llorar. Los niños apuran sus últimos minutos de juegos antes de que el ocaso del día los obligue a estar en casa. La carretera se ha convertido en un improvisado campo de canicas donde decenas de chavales juegan sin parar a pocos metros del inmenso trasiego de coches y camiones de la zona. A pocos metros de nuestro coche, aparcado en el lado opuesto de la calzada, un fuego provocado destruye los pocos árboles que quedan en la zona. El ejército, en previsión de lo que pueda pasar en el conflicto, está allanando el paisaje, para posiblemente alojar a más personas en caso de que sea necesario. En medio de tanta humareda, una niña mira ajena a pocos metros de las llamas como el ‘camión de bomberos’, si se puede llamar así, lanza el agua hacia el lado contrario, momento en el que decenas de niños aprovechan la ocasión para darse esa ducha que tanto echan de menos.

Un incendio provocado intenta despejar el terreno posiblemente para albergar a más personas / Foto: Omar Havana

Un incendio provocado intenta despejar el terreno posiblemente para albergar a más personas / Foto: Omar Havana

Artículo original en Bottup: “Merece la pena estar aquí tres horas para que nos den un litro de agua para mi familia”


En los últimos días, y tras la relativa paz reinante en la zona de Preah Vihear, los medios de comunicación camboyanos se hacen eco en sus primeras páginas de la ‘supuesta’ orden del Gobierno para cerrar varias páginas web relacionadas con la oposición camboyana

Periodista ciudadano autor: Omar Havana Editado por: Redacción Bottup


Libertad de expresión

Libertad de expresión

Desde hace meses el Gobierno de Hun Sen está intentando silenciar todas aquellas voces que le pudieran perjudicar en las próximas elecciones. Desde la condena de 12 años a Sam Rainsy, líder del principal partido de la oposición, el Primer Ministro está intentando asegurarse una posición privilegiada de cara a los próximos comicios municipales de 2012 y las elecciones generales de 2013. Hace tan solo semanas apuntaba a su hijo Hun Manet, de tan solo 33 años de edad, como uno de los generales de mayor poder dentro del ejército de esta nación, movimiento que según se rumorea está ligado al aumento de voces discordantes con el Gobierno, entre las altas esferas jemeres.

En las últimas semanas el conflicto por el templo Preah Vihear ha ocupado la actualidad del país de la sonrisa eterna. Ambas naciones, Tailandia y Camboya, llevan enzarzadas varios años en una estúpida ‘guerra de soberbia y mentiras’ por este templo. Curiosamente, siempre que escala la gravedad en el mismo, coincide con otros asuntos de mucha más profundidad, que con Preah Vihear se intentan esconder, a sabiendas del ferviente patriotismo, y del asco mutuo que se profesan los habitantes de ambos países. Con las muertes de decenas de soldados en la última semana y las miserias que los millares de desplazados de la zona se intenta ocultar la alta corrupción política de ambos gobiernos, las discusiones por la posesión de los recursos de petróleo y gas de la zona OCA en el Golfo de Tailandia, y la situación real de ambos países. Un tercio de la población de Camboya sigue viviendo por debajo del umbral de la pobreza, mientras en la vecina Tailandia, mucho más desarrollada debido al boom turístico de hace varios años, el 25,5% del total de la población sigue viviendo con menos de 2 dólares al día.

Según una filtración, el Gobierno de Hun Sen ordenó a 10 empresas proveedoras de Internet en el país que bloquearan el acceso a estas páginas antigobierno

Y en los últimos días la confirmación de los cierres de los blogs KI Media y Khmerization ha confirmado los rumores que desde el verano anunciaban guerra contra Internet. Un medio al que tienen acceso en Camboya menos de un 1% de la población, pero que en las últimas fechas se estaba destacando como figura opositora de Hun Sen. Blogs como los dos mencionados anteriormente, estaban fuertemente ligados a los partidos de la oposición y en las últimas fechas habían filtrado documentos confidenciales como el relacionado con la compra de espías políticos por el partido de Hun Sen, el CPP, para obtener información de los partidos de la oposición.

Hace tan solo unos días Hun Sen y su gabinete, han denegado que estén implicados en tales acciones, pero la verdad que el ataque a estos dos blogs, y a otros muchos alojados en blogspot en los últimos meses ha puesto de manifiesto las herramientas que utiliza este gobierno para permanecer en el poder a perpetuidad, como se atrevió a asegurar el mismo Hun en 2008, días después de haberse impuesto con un 97% de los votos en unas elecciones generales declaradas legales por los observadores de Naciones Unidas.

Según una filtración, el Gobierno de Hun Sen ordenó a 10 empresas proveedoras de Internet en el país que bloquearan el acceso a estas páginas antigobierno. En esta filtración por email, Sieng Sithy, director en funciones del departamento de Regulaciones en Telecomunicaciones, relacionado con el Ministerio de Telecomunicaciones, escribió una carta de agradecimiento a las diez compañías citadas anteriormente, donde manifestaba su gratitud por el apoyo y los esfuerzos en prohibir el acceso a estas páginas web. “Os escribo para extender mi apreciación por todos ustedes y por su cooperación con el Ministerio de telecomunicaciones”, escribió Sieng a las compañías Ezecom, Metfone, Citylink, Digi AngkorNet, WiCam, TC, Camnet, Online y Camintel.

Entre todas las páginas bloqueadas, KI Media destaca sobre las otras. Una web basada en insultar de todas las formas posibles al Gobierno de Hun Sen, algunas veces con historias verdaderas, otras con los más absurdos montajes que nadie puede creer. Un blog opositor donde los haya, basado más en una fanática lucha contra el gobierno que en una fuente opositora en la que poder confiar. Un blog que personalmente nunca me ha gustado, dado su discurso en ocasiones rallando el racismo y la intolerancia.

Una forma nueva del Gobierno de Hun Sen, modelo en esta zona del mundo por la “libertad de prensa y expresión” del país, por supuesto si comparamos con sus vecinos vietnamitas o tailandeses, un paraíso para el periodista, y el blogger, aunque como la realidad pone de manifiesto, aún muy lejos de esa libertad de expresión que el camboyano necesita para que este país empiece a girar en el sentido correcto.

Artículo original en Bottup: Un paso atrás para la libertad de expresión en Camboya


A miles de kilómetros de Egipto, Hun Sen gobierna desde hace 26 años Camboya, donde el 34% de la población vive con menos de un dólar al día

Periodista ciudadano autor: Omar Havana Editado por: Redacción Bottup

En estos días de revolución árabe, el mundo mira hacia Egipto como un espejo donde los problemas de un planeta globalizado se reflejan con toda su fuerza y esplendor. Los hermanos de los faraones toman las calles pidiendo la dimisión inminente de un Mubarak que subió al ‘trono’ en 1981, después de que el antiguo Primer Ministro Anwar al-Sadat fuera asesinado. Se estima que el régimen de Mubarak mantiene a más de 17.000 prisioneros políticos en sus cárceles, en un país, Egipto, con un 26,3% de paro, y donde mientras que la mayoría de los ciudadanos que gritan hoy democracia viven con menos de 2 dólares al día, 62.000 millones de dólares han volado desde las arcas de los ‘todopoderosos’ Estados Unidos en concepto de ayuda hacia el país de Tutankamón y Nefertiti.

A miles de kilómetros de esta revolución, otro faraón llamado Hun Sen campa como quiere en un país del que es Primer Ministro desde hace 26 años, cuatro menos que su ‘amigo’ Hosni. En Camboya, el 34% de la población vive con menos de 1 dólar al día, la libertad de prensa es un sueño casi imposible y la ayuda de las naciones desarrolladas vuela en aviones privados llenos de regalos para una cúpula política preocupada solo por agrandar sus cuentas bancarias. En el año 2009, más de la mitad de la ayuda internacional se esfumó como por arte de magia sin que nadie alzara la voz, como confirma la Embajadora de los Estados Unidos en Camboya, Carol Rodley.

Mientras, en Egipto un enfermo Hosni Mubarak prepara la sucesión para que su hijo Gamal se haga con el poder. En Camboya, Hun Sen mueve las fichas para que su hijo, Hun Manet, nombrado Mayor General del ejército camboyano hace tan solo unas semanas, sea Primer Ministro el día que su ‘papá’ esté cansado de ‘gobernar’.

En el año 2009, más de la mitad de la ayuda internacional se esfumó como por arte de magia sin que nadie alzara la voz, como confirma la Embajadora de los Estados Unidos en Camboya, Carol Rodley

Aunque está claro que ‘Papá Hun’ no dejará el puesto de mando del país del Angkor Wat, como él mismo ha confirmado en repetidas ocasiones en declaraciones a los medios nacionales, la maniobra parece confirmar que Camboya se convertirá en un país dirigido por una familia que no tiene otra intención que seguir incrementando un patrimonio personal estimado en más de mil millones de dólares, y cuyas pertenencias incluyen hasta montañas en la Cuba de Fidel Castro.

El hombre que un día fue jefe de un regimiento de las tropas de los jemeres rojos de Pol Pot, se convirtió rápidamente en el Primer Ministro más joven del Mundo en aquella época. En la actualidad es el gobernante asiático que más tiempo ha estado en el poder después del Sultán de Brunei. En 2007, se atrevió a afirmar que seguiría en el poder hasta que cumpliera la edad de 90 años, aunque dos años más tarde confirmó que dejaría su ‘trono’ en el año 2023, algo que resulta difícil de creer.

Quizás Camboya estaría en una peor situación de no ser por su Gobierno. La mano dura de Hun Sen y sus políticas en pro de los negocios están acreditadas con atractivas inversiones extrajeras que pusieron a Camboya en el camino de la estabilidad y el crecimiento tras décadas de guerra. El populismo de Hun, hace que muchos camboyanos le sigan viendo como un Dios que salvó a Camboya de la barbarie de los jemeres rojos. Sus palabras son veneradas por los mayores de un país donde el 45% de la población es menor de 15 años. No es de extrañar por tanto, que en las últimas elecciones generales de 2008 ganara con la abrumadora cifra del 97% de los votos. Aunque como me confirmaron muchos de los votantes, días antes de los comicios miembros de su partido, el  CPP (Cambodian People’s Party), visitaban a los más pobres del país ofreciendo una caja de paracetamol y 100 gramos de sal a cambio de un voto que en muchos casos estaba destinado para el líder de la oposición, Sam Rainsy, condenado a 10 años de cárcel tan solo hace unos meses por hacer unos comentarios acerca de los límites fronterizos con la vecina Vietnam.

Sea como fuera el pasado, en este año 2011 la tensión vuelve a crecer en Camboya. Las nuevas elecciones se aproximan y Hun no quiere que nada pueda manchar la alfombra roja donde celebrar su victoria en unos comicios que estarán marcados por la corrupción y el miedo. De sobra es sabido en el país, que todo aquel que se atreve a opositar al Primer Ministro es silenciado sobre la marcha, como pone de manifiesto la condena a Rainsy, o las recientes noticias de la compra de espías políticos de los partidos de la oposición.

Camboya podría ser el próximo Egipto, si no fuera por ese karma budista que todo ciudadano camboyano presume tener. La idea de aceptar esta vida tal y como les ha tocado vivirla está sumiendo a este país en una crisis con consecuencias impredecibles. Mientras tanto, la cuenta bancaria de la familia Hun sigue creciendo y los bolsillos de los camboyanos se vacían de una esperanza que les fue robada hace tanto tiempo que ya ni recuerdan haberla tenido. El futuro es el único que nos dirá la verdad de un país que solo es conocido en el exterior por sus extraordinarios templos y un genocidio que acabó con casi la mitad de la población del país de la sonrisa eterna.

“El poder corrompe, pero el poder absoluto corrompe absolutamente”, antiguo proverbio camboyano.

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Camboya: Arroz y Corrupción
, por Omar Havana
Mensaje del Pueblo de Egipto al resto del Mundo
, por Omar Havana

Artículo original en Bottup: Hun Sen, el faraón de Angkor Wat


La labor desinteresada de una sola persona ha hecho posible que las 300 que habitan la ‘charca de la basura’ dispongan de dos bombas de agua potable

Periodista ciudadano autor: Omar Havana Editado por: Redacción Bottup


La cabalgata de Reyes de Gaea / Foto: Omar Havana

La cabalgata de Reyes de Gaea / Foto: Omar Havana

Camboya. De todos los recuerdos que guardo de mi pasado, sin duda alguna, los más felices son todos aquellos relacionados con el día de ‘los Reyes Magos’ de mis primeros siete años de existencia. Lo nervios de la noche del 5 de enero se convertían en sonrisas y lágrimas cuando los primeros rayos de luz que entraban por mi ventana me despertaban al día siguiente, anunciando la llegada de los tres magos de oriente.

Han pasado muchos años desde entonces, durante los cuales descubrí que los tres Reyes no eran más que unos familiares que pasaban más que estragos para poder pagar la larga lista de regalos que un niño, caprichoso como yo, mandaba a esa famosa dirección en el Polo Norte.

Desde que en 2008 el viento me quiso llevar a Camboya, los Reyes Magos no se han portado muy bien conmigo, y los días de felicidad que viví en mi infancia pasaron a ser un vago recuerdo para poder alegrar una jornada donde el carbón de la peor clase era el único regalo de esos tres abueletes de Oriente.

Al país del Angkor Wat, Melchor, Gaspar y Baltasar no llegan en camellos, ni traen oro, ni incienso, ni mirra. En la Camboya actual, los camiones verdes de la empresa Gaea, cargados hasta los topes de basura, son lo más parecido a esas lujosas cabalgatas que en la noche del 5 de enero llenan las ciudades de mi país.

Desde que hace unos meses visité por primera vez los vertederos de basura de Siem Reap, comprendí que un solo deseo flotaba en el aire putrefacto de ese lugar, agua. Si algo me impresionó entre tanto despojo, fue el color del ‘líquido’ que los habitantes de la ‘charca de la basura’ se llevaban a sus secas gargantas. Desde ese día de octubre, la construcción de pozos de agua para estos seres humanos se convirtió en el objetivo número uno de este mundo olvidado.

Una ‘loca’ italiana de sabiduría infinita contactó con Somaly, quien pidió para reyes una donación simbólica que resultó en los 1.300 euros que han hecho posible las bombas de agua

Solo hace unas semanas, la visita de dos amigos ingleses reactivó la búsqueda de esa persona que pudiera donar el dinero. Y como por arte de magia, las historias de basura y felicidad de este mundo olvidado llegaron a los oídos de Carla, una ‘loca’ italiana de sabiduría infinita y que desde hace más de veinte años vive en Asia, ayudando como puede a los más desfavorecidos. Gracias a la experiencia de esta trotamundos, no se tardó más de un día en poder localizar a esa ‘Reina Maga’ que ha hecho que la vida de los habitantes de la charca de la basura sea un poquito más digna.

Somaly Na sufrió desde muy pequeña los horrores de la guerra. Durante el régimen dePol Pot tuvo que escapar de su país de origen, Camboya, y desde hace años reside en Hong Kong, desde donde ayuda como puede a la población de su Kampuchea natal. Para su último cumpleaños, Somaly decidió que no quería recibir nada material, e invitó a todos sus amigos a que hicieran una donación simbólica en lugar de comprar estúpidos regalos que la mayoría de las veces pasan a formar parte de la decoración de nuestros armarios. En tan solo unos días, reunió una cantidad cercana a los 1.300 euros, dinero que sin duda alguna sería destinado a ayudar a los más desfavorecidos de su amada Camboya.

Ayer, día de Reyes, el mundo desarrollado vivió desenvolviendo miles de regalos inútiles que no servirán más que para poner una sonrisa por algo más de una hora en la mayoría de los niños, acostumbrados a tenerlo todo antes de pedirlo. Sin embargo, en el mundo olvidado, los niños no juegan, los chavales sonríen al ser acariciados por las gotas de agua limpia que decoran de dignidad este paisaje catastrófico. Ellos no sueñan con carreras de coches en la Playstation, ellos no saben los que es una Nintendo Wii, y al preguntarles por los Reyes Magos, dicen que sí, que conocen a uno, el de Camboya, y que ese no da muchos regalos. Pero al mencionarles la palabra agua, sus caras se iluminan, se sienten privilegiados de poder disfrutar de “tanto lujo”, y solo repiten “el agua ahora sabe a arroz y antes sabía a basura”. Las trescientas personas han encontrado a 18 y 30 metros bajo tierra ese regalo perfecto que alegrará sus vidas durante los próximos dos o tres años, dos bombas de agua, que serán cuatro en los próximos días, y que han impregnado de esperanza este lugar olvidado.

El regalo de Reyes / Foto: Omar Havana

El regalo de Reyes / Foto: Omar Havana

Ayer, 6 de enero, su sonrisa ha sido mi regalo, unos reyes que por fin han parado de dejar carbón en mi ventana. Hoy he descubierto que además de que los padres sean los tres magos de Oriente, también existen otras personas que, quizás no se conozcan, pero que sí son los verdaderos Reyes Magos. En Camboya, Gaspar, Melchor y Baltasar hoy se llaman Somaly, una persona para la que el mejor regalo es ver a la gente sonreír, sin duda un ejemplo que muchos deberían seguir.

Gracias a Somaly Na, los niños de la basura hoy pueden tener un mundo un poco mejor, sirva como ejemplo las palabras de Sal, una niña de 16 años, que perdió un ojo hace unos años en este lugar, “antes de que tuviéramos los pozos solo me podía duchar una vez a la semana, ahora cuando estoy sucia me puedo lavar sin problemas, además me ducho dos o tres veces  al día”.

Ahora puedo ducharme / Foto: Omar Havana

Ahora puedo ducharme / Foto: Omar Havana

Como dijo Tales de Mileto, “el agua es el elemento y el principio de las cosas”, y gracias a Carla, y sobre todo gracias a Somaly quizás el agua en este caso será el principio de un futuro donde estas familias dejen de ser olvidadas.

Antes y Después:

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Artículo original en Bottup: Agua, el regalo olvidado de los tres Reyes Magos


Un lugar donde el olor se mastica, el sabor se sueña, y la necesidad te mata

Periodista ciudadano autor: Omar Havana Editado por: Redacción Bottup


Los niños son unos de los principales 'clientes' de este supermercado de la superviviencia

Los niños son unos de los principales 'clientes' de este supermercado de la superviviencia

Camboya. Hemos hablado ya de Anlong Samram en Bottup. Es un lugar donde el olor se mastica, el sabor se sueña, y la necesidad te mata. En la ‘charca de la basura’, la vida se perfuma con el olor de los despojos de una ciudad construida por y para el turismo, mientras la mierda te llega hasta el cuello.

Cientos de toneladas de restos de exquisitos platos de los más selectos hoteles de la ciudad se esconden bajo un mar tóxico, el cual más de trescientas personas utilizan como supermercado local donde abastecerse diariamente.

Este fotorreportaje tan sólo pretende extender visualmente otros dos anteriores: 300 personas viven con la ‘mierda’ al cuelloLa cara oculta de Angkor Wat: ‘la charca de la basura’. Ello en un contexto como el de las actuales fechas. Si la crisis se está notando en nuestros menús navideños, conozcamos cómo son los ‘menús’ de nuestros invitados de hoy:

Colas en el 'supermercado' a primeras horas de la mañana

Colas en el 'supermercado' a primeras horas de la mañana

Empiezan a repartir los 'alimentos'

Empiezan a repartir los 'alimentos'

Mientras unos buscan lo más barato...

Mientras unos buscan lo más barato...

Santa busca sus regalos

Santa busca sus regalos

En el menú, un poco de todo...

En el menú, un poco de todo...

...y un todo de nada

...y un todo de nada

Santa busca sus regalos

Santa busca sus regalos

¡Feliz Navidad a todos!

¡Feliz Navidad a todos!

Artículo original en Bottup: Cena de Navidad en la charca de la basura


En la charca de la basura, hombres, mujeres y niños sobreviven gracias a la basura que deshecha una ciudad visitada por miles de turistas que no osan posar sus ojos sobre esta realidad camboyana

Periodista ciudadano autor: Omar Havana Editado por: Redacción Bottup


La charca de la basura / Foto: Omar Havana

La charca de la basura / Foto: Omar Havana

Camboya. ¿A qué sabe la basura?, me pregunto desde las últimas horas de la tarde de ayer, cuando todavía intentaba identificar el sabor que el olor de toneladas de despojos, pudriéndose bajo el calor camboyano, había dejado incrustado en mi paladar.

Anlong Samram es un lugar donde el olor se mastica, el sabor se sueña, y la necesidad te mata. En la ‘charca de la basura’, la vida se perfuma con el olor de los despojos de una ciudad construida por y para el turismo, mientras la mierda te llega hasta el cuello. Cientos de toneladas de restos de exquisitos platos de los más selectos hoteles de la ciudad se esconden bajo un mar tóxico, el cual más de trescientas personas utilizan como supermercado local donde abastecerse diariamente.

Solo unos cuantos valientes y locos se aventurarían a entrar en este ‘lago’ lleno de los despojos de una sociedad que prefiere la comodidad del Sheraton antes que darse de bruces con la realidad de Camboya. Tan solo 30 minutos de tuk-tuk separan los magníficos templos de Angkor del infierno donde estas familias viven desde hace más de dos años. Mientras que los miles de turistas que visitan Siem Reap en estas fechas planean un lugar donde quemar su dinero en cervezas, marihuana y putas, la realidad de Anlong Samram queda olvidada ante una sociedad que ignora las necesidades de los más necesitados.

La sonrisa se desdibuja por la suciedad / Foto: Omar Havana

La sonrisa se desdibuja por la suciedad / Foto: Omar Havana

En la charca de la basura, las manos de una mujer se entierran entre los restos de la comida que han podido encontrar en el último camión. En la cara de los niños la suciedad desdibuja la sonrisa eterna de su alma. Los pies, desnudos, dejaron de sentir hace mucho el dolor del cristal que desgarra sus futuros. Los pulmones respiran la injusticia de una sociedad que mira en dirección opuesta. Y las mentes, esclavas del alcohol, han dejado de pensar, cansadas de imaginar una vida donde la basura no sea el pan de cada día. Y para un extranjero como yo, la única sensación que se puede experimentar, es la felicidad más absoluta que te trasmiten las sonrisas y juegos de unas personas que se preguntan: “¿Qué coño hace este tío aquí?”.

El pan de cada día / Foto: Omar Havana

El pan de cada día / Foto: Omar Havana

En la charca de la basura, el paladar se seca, la nariz se obstruye, y el olor hace que tus ojos se llenen de lágrimas. Rodeado de estos seres humanos, la felicidad te invade, mientras no tienes tiempo a asimilar el horror que tus ojos están viendo. En este lugar, tu dolor se calma, aunque es en ‘la charca de la basura’ cuando te das cuenta de que no podrás cumplir tu sueño (peux apaise de ta doleur, mais ne peut exaucer de ton réve. Mais).

Puedo calmar tu dolor, pero no puedo cumplir tus sueños, aunque... / Foto: Omar Havana

Puedo calmar tu dolor, pero no puedo cumplir tus sueños, aunque... / Foto: Omar Havana

Artículo original en Bottup: 300 personas viven con la ‘mierda’ al cuello


El pasado 22 de noviembre, Camboya vivía la peor tragedia desde la época de los jemeres rojos. Más de 350 personas (cifras oficiales) perdían la vida en una estampida mortal sucedida en el puente que une la capital con Diamond Island mientras se celebraba la famosa ‘Fiesta del agua’

Periodista ciudadano autor: Omar Havana Editado por: Redacción Bottup


El 'Puente de la Muerte' / Foto: Omar Havana

El 'Puente de la Muerte' / Foto: Omar Havana

Camboya. Ha pasado más de una semana, y las causas del suceso siguen sin estar claras. Unas partes acusan a las otras y al final, como se dice, ‘la casa se queda sin barre’. El Primer Ministro Hun Sen anunciaba ayer martes que nadie será formalmente acusado por la tragedia de Koh Pich. Pero, ¿qué es lo que sucedió en esa trágica tarde en el ya bautizado como ‘puente de la muerte’?.

Muchas han sido las personas con las que he hablado desde el pasado miércoles en el que me trasladé a la capital camboyana, algunos testigos directos, otros periodistas o fuentes oficiales, unos y otros dan versiones diferentes de un mismo suceso. Pistas que dejan entrever que en realidad, la causa de esta tragedia es la suma de muchas circunstancias que difícilmente se hubieran podido evitar en la actual Camboya.

La cúpula de la policía rinde homenaje a las víctimas / Foto: Omar Havana

La cúpula de la policía rinde homenaje a las víctimas / Foto: Omar Havana

¿Cómo es posible que la población de una ciudad se multiplique por dos y las autoridades o la empresa organizadora, OICC (Overseas Cambodian Investment Company) no tomen medidas extraordinarias para asegurar la seguridad de estas personas? La ciudad carecía de un plan de emergencia para este tipo de situaciones. Es imposible entender la poca presencia policial en las zonas de las celebraciones, más preocupada de controlar el tráfico que de asegurar el correcto transcurrir del festival. Como me afirmaba uno de los heridos a los que entrevisté en el hospital ruso-jemer, “media hora antes de los sucesos, los policías desaparecieron, seguramente se fueron a beber cervezas”.

La mayoría de las personas que en ese momento estaban en Koh Pich procedían de las provincias rurales camboyanas, lugares donde porcentajes muy pequeños de personas saben leer o escribir, gente para los que hablar de un puente suspendido es hablar de ciencia ficción. Este fue también uno de los motivos principales de esta tragedia, el desconocimiento por parte de estas personas de que estaban sobre un puente suspendido. La aglomeración de gente (algunos dicen que hasta 10.000 personas se encontraban en ese momento sobre el puente de 45 metros de longitud), hizo que el puente se balanceara, lo que creó el pánico entre las personas que creyeron que se
estaba cayendo.

Unos padres han perdido a su hijo / Foto: Omar Havana

Unos padres han perdido a su hijo / Foto: Omar Havana

Se ha hablado de cañones de agua, o descargas eléctricas, versión que pierde fuerza, cuando los propios heridos en el suceso lo niegan. Sí es verdad que la policía lanzó agua a la multitud, aunque eran los propios atrapados en la estampida quienes la pedían desesperadamente fruto del calor y la asfixia.

A todo esto, se une la prohibición por parte de las autoridades camboyanas a los equipos médicos extranjeros, mucho más experimentados y equipados, de ayudar en el momento de la tragedia. Como hace unos días me comentaba un expatriado en Phnom Penh, “no se dejó a los médicos extranjeros que auxiliaran a las víctimas del puente, aunque los ciudadanos de a pie podían hacer lo que querían, no puedo entender cómo esto puede suceder”. Palabras que hoy confirma el Dr. Gunther Hintz, presidente de Medicorps y experto en desastres como éste.

Según Hintz, nada más escuchar el suceso se puso manos a la obra organizando un equipo de emergencia basado en el hospital Sen Sok, enviando a Danny Fairbanks, doctor americano con más de 20 años de experiencia en desastres como éste, a la zona del suceso. Pocos minutos después, desde Sen Sok se les comunicaba que no estaban autorizados a tocar a ningún paciente, ya que no habían recibido la aprobación administrativa pertinente. Supimos luego que los únicos a los que se les permitió ayudar fueron un grupo de bomberos australianos que estaban en la ciudad formando a los futuros compañeros camboyanos, “este desastre sirve como ejemplo claro de lo que sucede cuando se carece de un plan de emergencia. Medicorps era consciente desde hace años de que esta situación antes o después causaría una tragedia. Todos los esfuerzos por formar a personas en estas funciones han caído en saco roto, bien sea por la falta de interés o por la conformidad de las autoridades. Al final, el Ministro de Sanidad debería asumir su responsabilidad en lo sucedido. En el puente, literalmente, todo lo que pudo salir mal, salió mal. Trágicamente, muchas personas perdieron su vida innecesariamente”, afirma el doctor Hintz en una carta enviada a la prensa local.

Es difícil afirmar con certeza quién tuvo la culpa en esta tragedia. Quizás como afirma el presidente de Medicorps, todo lo que pudo salir mal, salió mal, en un país que carece de planificación para cualquier tipo de actos, sean grandes o pequeños. Policía, autoridades, empresa organizadora, ciudadanos, infraestructura, condición de los hospitales, formación de los doctores y de los cuerpos de seguridad, etc., y así podíamos seguir enumerando hasta muchas más las causas de esta triste tragedia. Muchos problemas derivados de una misma raíz, la situación real de Camboya.

Lunes negro en la historia de Camboya / Foto: Omar Havana

Lunes negro en la historia de Camboya / Foto: Omar Havana

El pasado 22 de noviembre cientos de personas perdieron la vida, pasarán 365 días desde esa fecha, para saber si Camboya ha aprendido de sus propios errores, 2011 traerá una nueva ‘Fiesta del agua’, y con ella millones de personas volverán a visitar la capital del país en busca de alegría y diversión. Mucho tiene que cambiar en esta nación para que esta fiesta no se vuelva a convertir en una tragedia.

Artículo original en Bottup: ¿Quién tuvo la culpa de la tragedia de Phnom Penh? Todo lo que pudo salir, mal salió mal


“Soy el líder de esta comunidad y estoy muy, muy triste. Por favor, por favor, ayúdennos a limpiar Camboya de minas”, pedía el jefe del poblado.

Los diez millones de minas sembradas en Camboya ya han causado casi 64.000 víctimas

Periodista ciudadano autor: Omar Havana, desde Camboya. Editado por: Redacción Bottup


Peligro ¡Minas! / Foto: Omar Havana 2006

Peligro ¡Minas! / Foto: Omar Havana 2006

Los rayos del sol del mediodía camboyano se han convertido desde hace meses en mi despertador personal. Todas las mañana se empeña en recordarme que ahí fuera hay una realidad que necesita ser contada. Sin embargo, esta mañana de jueves, no me ha hecho falta ni levantarme del taburete del bar donde suelo tomar el café mañanero, para darme de bruces con esa realidad que para muchos sigue en el olvido más absoluto.

“Anti-tank mine kills 14″, se lee en el titular del diario camboyano que acompaña mi café laosiano. Un par de llamadas y un poco de chat en Facebook y pronto tengo datos fiables acerca de este suceso. Estadísticas e historias que me confirmarán personas como Sharon, una joven ex marine americana, formadora de artificieros e imitadora de Rambo que se parte las narices por limpiar este país de este “veneno
explosivo”.

Mapa de Camboya, Battambang

Mapa de Camboya, Battambang

234 personas han perdido la vida en Camboya en los diez primeros meses de este año 2010, víctimas de las minas y UXO (artillería sin explotar) que permanecen esparcidas en las zonas del norte, sobre todo. Esto supone un incremento en el número de victimas de un 13% comparado con el mismo periodo del año 2009, donde ‘solo’ 217 personas murieron por esta causa.

El pasado martes, 14 personas resultaban muertas por la explosión de una mina antitanque en la aldea de Kampong Kul, provincia de Battambang. Entre las víctimas, un bebé de tan solo seis meses y un niño de tan solo cuatro años de edad.

Este suceso pone una vez más de manifiesto el problema de las minas antipersona en esta parte del Mundo fuertemente castigada por la herencia de una guerra que sigue dejando víctimas a lo largo y ancho de este país. El pasado martes, como cualquier día, unas personas anónimas volvían a sus casas tras una larga jornada laboral recolectando guindilla, subidos en un ‘koyuan’ (tipo de tractor-taxi con remolque que los camboyanos más pobres utilizan para sus desplazamientos), emprendieron el camino de retorno totalmente ajenos a la sorpresa que el futuro tenía preparada por ellos. Kilómetros después, el ‘koyuan’ se topó con uno de los vestigios ocultos del pasado. Fuentes policiales afirman que la ‘carretera’ que las víctimas escogieron estaba abandonada por completo tras la guerra civil, ya que en el periodo de Pol Pot esta zona fue literalmente ‘plantada’ con multitud de minas de todo tipo

Mina antitanque / Foto: Omar Havana

Mina antitanque / Foto: Omar Havana

de clases y colores. Doce de las catorce víctimas murieron en el acto, otro en el camino al hospital y la última víctima falleció en la mañana del miércoles después de que los doctores de ‘Emergecy’ no pudieran hacer nada para salvarle la vida. Este accidente no es un hecho aislado en Camboya, debemos recordar que en el pasado mes de mayo, tres personas perdieron la vida, y otras once resultaron heridas cuando su vehículo topó con una de estas minas antitanques.

Como afirma Sean Sutton, fotógrafo oficial de MAG (Mines Advisory Group), presente en la mañana del miércoles en los funerales de trece de las catorce víctimas, “quedaba patente que toda la comunidad se encontraba bajo estado de shock por este suceso, cuando llegó el equipo de MAG a la zona fuimos recibidos con miradas de odio. El funeral ha sido muy emocionante, especialmente cuando conocí a un pequeño niño y a su hermana, cuyos padres eran dos de las víctimas de esta maldita mina, ambos estaban confundidos y seguían pensando que sus progenitores seguían recogiendo guindillas”. Pan Chamroen, enlace local con el grupo MAG, afirmaba tras llegar a la zona del accidente: “había literalmente partes de cuerpos esparcidas por todos lados, la gente gritaba histérica, arrojándose al suelo, fue una situación horrible. Intentamos recoger todas las partes de los diferentes cuerpos, pero solo pudimos reunir los miembros de once de ellos, nos llevó horas encontrar todos los pedazos. Ha sido horrible”.

Como es de imaginar, la tristeza por las pérdidas ha invadido el espíritu de las personas de la aldea de Kampong Kul y la comuna de Cheng Meanchey, como confirman las palabras del señor Chhoeum Mao, jefe del poblado, “soy el líder de esta comunidad y estoy muy, muy triste. Solo podemos decir que necesitamos mucha más presencia de grupos de desactivación de minas en la zona. Esto no puede volver a suceder. Por favor, por favor, ayúdennos a limpiar Camboya de minas”.

Los horrores del pasado / Foto: Omar Havana

Los horrores del pasado / Foto: Omar Havana

Los cuerpos de trece de las catorce víctimas fueron incinerados en una ceremonia tradicional en la mañana del pasado miércoles. En este funeral, los huesos restantes del proceso de incineración, son posteriormente sumergidos en leche de coco para que se enfríen y así asegurarse que los espíritus de los muertos sean liberados.

Hoy hablamos de la triste noticia de catorce personas inocentes, víctimas del horror y la barbarie que la historia de este país guarda oculta en cualquier campo de arroz o cualquier arcén de los caminos. Un número que se incrementa considerablemente si hablamos de cifras desde el año 1979, fin de la era Pol Pot. Desde esa fecha, 63.754 personas han perdido la vida en Camboya, víctimas de las más de diez millones de minas que según algunas fuentes oficiales se ‘plantaron’ en Camboya. Cifra que puede ser mucho mayor si no se erradican por completo las más de cinco millones de minas que quedan
enterradas en los verdes campos
camboyanos.

Funeral de 13 de las víctimas / Foto: Phnom Penh Post

Funeral de 13 de las víctimas / Foto: Phnom Penh Post

Camboya, Egipto, Irán, Angola, Iraq, Afganistán, Kuwait, Bosnia-Herzegovina, Mozambique y Somalia ocupan las diez primeras posiciones en la lista de países con las ‘plantaciones de minas antipersonas’ más fértiles del Mundo. Un problema que según algunas fuentes, tardará 1.100 años en ser erradicado por completo.

Algunos datos interesantes:

  • El precio de fabricación de una mina es de tan solo 2 euros, aunque el precio para desactivarla es de unos 100 euros, pero puede llegar hasta los 800. Un ejemplo claro, fue un proyecto en Camboya, donde 45 artificieros trabajaron por siete meses. En ese tiempo encontraron 265 minas y 943 UXO. El coste del proyecto ascendió hasta los 310.000 euros, es decir, unos 1.100 euros por mina o 4 euros por metro cuadrado limpiado. Un tercio de este dinero fue destinado a salarios y beneficios de empleados extranjeros, un 27% para radios, ordenadores y otro equipamiento y otro 20% para los detectores de metales, y solo un 4,5% para salarios de empleados camboyanos y un 8% para la administración. Este es el negocio de la guerra, una empresa rentable en un Mundo donde todavía quedan 922 millones de metros cuadrados en el Planeta Tierra llenos de este arma letal.
  • Todavía queda un número estimando de 85 millones de minas esparcidas en 70 países diferentes. Lo que se traslada a una mina antipersona por cada 19 niños o 54 seres humanos de este Mundo.
  • Sin minas antipersonas la producción agraria de países como Camboya o Afganistán sería el doble. En Libia, el 27% del terreno cultivable no se puede usar debido a los restos de las minas dejadas durante la II Guerra Mundial.
  • Se estima en un millón de personas, el número total de víctimas de las minas en los últimos 30 años, de los cuales el 71% eran civiles y el 32% niños. Más de un tercio de los accidentes sucedieron mientras las víctimas trabajaban en los campos, o buscaban comida o agua, o materiales para la construcción, o metal para revender.
  • 13 países se guardan el derecho a fabricar o fabrican minas antipersonas: Myanmar, China, Cuba, India, Irán, Corea del Norte, Corea del Sur, Nepal, Pakistán, Rusia, Singapur, los Estados Unidos y Vietnam. Al menos 38 países han cesado por completo la producción de minas.
  • Índice de amputaciones basado en la población total del país…

1.  Camboya: 1 persona por cada 236
2.  Angola: 1 por cada 470
3.  Somalia: 1 por cada 650
4.  Uganda: 1 por cada 1.000
5.  Vietnam: 1 por cada 1.250
6.  Mozambique: 1 por cada 1.862

A modo de comparativa: Estados Unidos: 1 por cada 22.000. Los datos para Afganistán no se conocen.

  • Desde 1992 hasta 2009, más de 800.000 minas antipersonas, 1.900 minas antitanque, y 1,7 millones de UXO han sido desactivados de la superficie camboyana, según la Autoridad Camboyana.
  • Según un informe de Naciones Unidas, en 2009, al mundo le faltaban ‘solo’ 437 millones de dólares americanos para cubrir los gastos anuales de todos los proyectos de limpieza de minas personales en el Mundo, es decir, y a modo de curiosidad, unos 200 millones de euros menos que el valor de la selección española Campeona del Mundo en 2010.

Pasado, presente y futuro en Camboya / Foto: Omar Havana

Pasado, presente y futuro en Camboya / Foto: Omar Havana

Fotografía del funeral de las 13 víctimas: The Phnom Penh Post

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Periodista ciudadano autor: Omar Havana Editado por: Redacción Bottup


Anlong Samram, 'La Charca de la Basura' / Foto: Omar Havana

Anlong Samram, 'La Charca de la Basura' / Foto: Omar Havana

Camboya. Si alguien les propusiera una vacaciones en Camboya, todo incluido, una habitación con vistas increíbles a los campos de arroz, piscina privada, jardín exterior y un menú donde se incluyen los mejores platos de los restaurantes más caros de la ciudad, creo que no tendrían ningún reparo a la hora de aceptar dicha proposición.

Son muchos los turistas que se dejan más de 10.000 euros en una semana de visita a los templos de Angkor y disfrutan de menos comodidades que las mencionadas en mi anterior proposición. Aunque nunca creí que más de 40 familias camboyanas disfrutaran de ese mismo privilegio, gratis y a tan solo treinta kilómetros del increíble ‘Grand Hotel’, donde japoneses y clientes como la Reina de mi país, pagan esas desorbitadas cantidades de dinero.

Anlong Samram, ‘La Charca de la Basura’

El basurero pertenece a la empresa privada M.I.C.C. que gestiona la recogida de basura de Siem Reap. Cuando un vertedero está lleno, utiliza una nueva charca, desplazando con ella a cientos de personas

La curiosidad por estas familias surgió a mi llegada a Camboya en el año 2008. No podía entender como un ser humano podía vivir en esas condiciones. Las fotografías que me enseñaron hace dos años de James Natchwey en los vertederos de Jakarta, causaron en mí una gran impresión. En ese momento, me propuse dos nuevos retos en mi vida, conocer al que es para mí el mejor fotógrafo vivo, y documentar la vida entre la basura. El honor de conocer a Natchwey lo tuve en Tailandia, durante la rueda de prensa de los líderes de los camisas rojas, pero el segundo reto resultaba imposible para mí, algo en mi interior me decía que ver al ser humano en esas condiciones era algo para lo que no estaba preparado, hasta hoy.

Después de dos meses intentando conseguir un permiso de prensa para acceder al recinto de ‘Anlong Samram’, he decidido aventurarme con permiso, pero sin prensa. Sesenta días de espera que me han servido para investigar un negocio que mueve millones de dólares en Camboya, y que espero algún día poder contar libremente.

Tras una noche más sin dormir, y después de un café calentito, mi ayudante camboyano y yo nos subimos a la moto con destino a la basura. El paisaje camboyano te embriaga de sensaciones, el color verde de los campos de arroz predomina en la postal de esta mañana de martes que se mezcla con los corruptos policías que esperan en la carretera a la caza de su botín diario.

Mi ayudante, con un español medio andaluz, me afirma que estamos llegando, al girar a la derecha no puedo salir de mi asombro al ver esa increíble terraza de arroz, una de las más bellas que he visto en este país, pero solo metros después el paisaje cambia, nuestro olfato empieza a anunciarnos que estamos
cerca de ‘la charca de la basura’.

La primera imagen en 'La Charca' / Foto: Omar Havana

La primera imagen en 'La Charca' / Foto: Omar Havana

La primera imagen es la de un niño descalzo sentado en su cama, al margen de las toneladas de basura que se almacenan en este espacio creado hace dos años por la empresa M.I.C.C., empresa privada gestora de los servicios de recogida de basura de la ciudad de Siem Reap. Son varios los lugares como este los que se acumulan en las proximidades de los templos de Angkor. Esta empresa suele utilizar charcas inundadas por el agua del monzón, para reubicar sus vertederos una vez los antiguos están llenos de desperdicios, lo que ha convertido a sus habitantes en los ‘nuevos nómadas de Camboya’.

Esta nueva ubicación está situada en la carretera nacional seis, que une Siem Reap con la capital, Phnom Penh, en un poblado llamado Anlong Pi. Allí más de cuarenta familias viven permanentemente entre los desperdicios diarios que se desechan en una ciudad de más de 130.000 habitantes y con más de dos millones de visitantes al año.

Entre las más de doscientas personas que viven en condiciones infrahumanas en este lugar, unos cuarenta son niños. Grandes y pequeños miran sorprendidos, “que narices hace un ‘Barang’ aquí”, se preguntarán al juzgar por la expresión de sus caras. Como siempre, los más pequeños empiezan a acercarse atraídos por la cámara, como si de un imán se tratara. Entre todos ellos encuentro a Chu, un jovencillo avispado de tan solo tres años de edad, que camina descalzo acompañado de su gran sonrisa y de su hermano mayor, a quien los ojos se le iluminan al ver un paquete de patatas fritas medio abierto entre medio de tanto despojo, un placer al que no creo que esté muy acostumbrado al juzgar por la forma como busca hasta el último pedacito que hay dentro de la
bolsa.

Chu y su hermano / Foto: Omar Havana

Chu y su hermano / Foto: Omar Havana

De repente, todos se agrupan con la disciplina de un ejército. Es la hora, según me dicen, cuando el camión que trae los restos de los mejores hoteles de la ciudad llega, “Umm, niam niam” –comer en idioma jemer – repite el pequeño Chu. Sin embargo, hay un cambio de planes, el camión decide depositarlos en otra parte del basurero y es ahí donde empiezo a entender las palabras que uno de mis amigos camboyanos me decía días atrás.

Estos basureros, como todo en este país, están bajo el poder de la corrupción, Un ‘capo’ maneja los destinos de los más humildes, quienes deben pagar una cuota mensual por un espacio determinado, coaccionados por los lugartenientes, quienes no guardan reparo en acabar con la vida de aquellos que no se disponen a colaborar. Como una de mis fuentes me confesó, “he visto como la gente desaparecía de los vertederos de Phnom Penh, fíjate si serán fuertes los jefes, que ni la policía se atrevía a pasar dentro”. Esta era la confesión de una persona que vivió 10 años entre los despojos de una ciudad de dos millones de personas, la misma que sonríe mientras me explica que “tenía suerte cuando podía encontrar un plátano entre medio de tanta basura, porque la banana por lo menos tenia cáscara”.

'Jonh Wayne', capo de 'La Charca' / Foto: Omar Havana

'Jonh Wayne', capo de 'La Charca' / Foto: Omar Havana

Es el momento, cuando la basura empieza a caer del camión, instantes de locura, donde algunos se juegan realmente la vida, los mejores puestos están en las primeras filas, aunque parece que esta vez todo está demasiado organizado. Una persona mejor vestida y que de repente ha salido de la nada se encarama a la cima de esta nueva montaña de basura. Su gorro de John Wayne, delata que él es el ‘jefe’ en este lugar. Equipos de mujeres y niños se agrupan a los lados del camión mientras todos escuchan atentamente las palabras de este ‘padrino de la basura’. Dos personas vigilan atentamente los movimientos de los que no tienen derecho a disfrutar de los manjares que este camión ha traído desde los mejores hoteles de Siem Reap.

Me cuentan que tienen suerte si consiguen más de 4.000 riels al día, el equivalente a un dólar diario, de lo que parte se quedará el ‘capo de la charca’. El trabajo comienza a la una de la madrugada, cuando los camiones empiezan a llegar, encaramados a sus linternas comienzan una jornada donde buscarán plástico y metal que revender a las empresas que lo transportan posteriormente a Phnom Penh. El día de trabajo acabará a las seis de la tarde cuando los últimos camiones descarguen los tesoros que los cientos de turistas que visitan Pub Street no han querido. Entre las cosas que reutilizan, jabón, ropa, especies, verduras, zapatos, cepillos, juguetes, e incluso arroz. Sus casas, lonas improvisadas para resguardarse de la lluvia, contienen los artículos de más valor que
han encontrado: restos de

Uno de los camiones / Foto: Omar Havana

Uno de los camiones / Foto: Omar Havana

bicicletas, televisores sin pantalla, y comida, mucha comida. Incluso entre tanto despojo, han creado una tienda de alimentación que surte a las familias del vertedero el material que ellos mismos encuentran. Me pregunto, ¿quién será el dueño de este ‘supermercado’?, mejor se lo decimos a ‘John Wayne’.

Mi cámara empieza a molestar a algunas personas que me hacen gestos para que no les mire, mientras las mujeres solteras o madres de familia, “avergonzadas por su posición en la sociedad”, según ellas misma me dicen, se cubren la cara al mismo tiempo que me animan a seguir fotografiándolas. Incluso en estas condiciones, la amabilidad camboyana de los más humildes me hace sentir la persona más diminuta de este planeta. La risa de los más pequeños no para de escucharse de fondo, para ellos será un día que recordarán, según me afirman no más de diez extranjeros han estado en estos vertederos, y para ellos la visitan de un blanco con barba de más de un mes es más que una escusa para volver a ser niños por al menos una hora.

Para beber utilizan un sistema de filtros caseros, con los que medio potabilizar un agua que en temporada de sequía consiguen de la charca donde la basura se sigue depositando. Un médico camboyano les visita una vez a la semana. Este doctor, según me dicen, pertenece a una organización extranjera llamada
‘KolianMed’, de la que no he encontrado

Los niños siempre son niños / Foto: Omar Havana

Los niños siempre son niños / Foto: Omar Havana

ninguna información, una imagen de ‘humanidad’ entre medio de tanta injusticia que me hace sospechar que esconden una realidad más complicada de lo que parece. El negocio de la basura, pero sobre todo del reciclaje, están en alza en este país.

Es hora de volver a casa, de pensar en lo que acabo de ver, en este Mundo que hoy más que nunca no entiendo. Siempre decía que Camboya no deja de sorprenderme, cada vez que pienso que ya no puede ser peor, este país se empeña en mostrarme que el límite de lo inhumano es infinito y es ahora, después de ver niños comiendo arroz de una bolsa que han encontrado en medio de toneladas de basura, cuando empiezo a darme cuenta que Camboya no es quien me sorprende, es la naturaleza del ser humano, que en países como este se expresa en su peor condición. En un mes he visto escenas que no consigo analizar, y recuerdo las palabras que me dijo James Natchwey, en Tailandia, “Good luck my friend, this is a hard world, – Buena suerte amigo, este es un Mundo duro –”.

Es ahora, al escribir en esta bitácora, cuando me doy cuenta de que al mirar por el objetivo de mi Canon, el Mundo cambia, no hay sentimientos, en ese momento algo me empuja a mirar en la dirección donde un niño llora o un adulto sufre, y siento que mi amigo Jan sigue disparando en el momento adecuado. Es ahora, al pensar en este día, cuando empiezo a sentir. Es ahora, al editar las más de 300 fotografías
que tomé esta mañana, cuando las
historias salen,

This is a hard world. Este es un mundo duro / Foto: Omar Havana

This is a hard world. Este es un mundo duro / Foto: Omar Havana

cuando no hace falta los discursos, porque los ojos de todos los habitantes de Anlong Samram cuentan historias de sufrimiento que las palabras no sabrían narrar.

Mis ojos han visto el legado nazi, el maltrato infantil, la pedofilia, la pobreza extrema, el resultado del genocidio camboyano, la Cuba de Castro, la revolución de los camisas rojas de Tailandia, el régimen militar de Myanmar, la mafia calabresa, incluso tuve la ‘suerte’ de nacer bajo la dictadura de Franco, pero es ahora, al ver la fotografía de Chu, cuando veo el mayor de los horrores que la humanidad ha cometido, y es donde las palabras del gran Saramago retumban en mi cabeza con más fuerza que nunca: “No soy pesimista, vivimos en un Mundo Pésimo”.

Un realista en un Mundo Pésimo / Foto: Omar Havana

Un realista en un Mundo Pésimo / Foto: Omar Havana

Hace 45 minutos, como todos los días, ha comenzado la jornada para los habitantes de ‘la charca de la basura’.

Artículo original en Bottup: La cara oculta de Angkor Wat: ‘la charca de la basura’