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“No temo a la muerte”, me confesó general Daeng hace sólo dos semanas

El líder del sector más violento de los Camisas Rojas fallece al no haber podido superar la herida que le supuso un tiro en la cabeza de un francotirador

Periodista ciudadano autor de texto y fotografía: Omar Havana Editado por: Redacción Bottup

El general Sen Daeng, fallecido el lunes

El general Sen Daeng, fallecido el lunes

Camboya -. En un día de rumores, pocos titulares y alguna noticia de profundidad, la calma y la incertidumbre se han apoderado de las calles de Bangkok (Tailandia).

El número oficial de víctimas asciende por ahora a 36 muertos con 271 heridos, como informa el Hospital Erawan en su último comunicado.

Desde que a las 15 horas se cumpliera el plazo que ayer se anunciaba para que los Camisas Rojas abandonaran el área de Rajprasong, una relativa tranquilidad se ha respirado en la ciudad. Desde entonces se ha dicho que unos 5.000 seguidores de Thaksin continuaban dentro de la fortaleza, la cual estaba completamente rodeada por 32.000 soldados, con un gran número de mujeres y niños que no tiemblan al afirmar que morirán si es necesario.

Numerosos rumores de negociaciones entre líderes rojos y partes del Gobierno han inundado a la prensa que cubre el conflicto, incluso de llamadas directas al Primer Ministro. Rumores y más rumores que aparecen cuando el miedo que esta calma trae se apodera de todos los habitantes de Bangkok.

También se han empezado a reportar incidentes leves en otras provincias como Chiang Rai, al Norte de Tailandia. Ha dado la vuelta un vídeo que se ha enseñado esta tarde por miembros del CRES, donde se dice que los camisas rojas utilizan a los niños como escudos humanos

La muerte le ha llegado en menos de dos semanas y quizás sea como él quería: el punto que lleve a un enfrentamiento aún mayor

Pero quizás la noticia que más puede cambiar el transcurso de esta crisis sea la confirmación de la muerte del ‘Comandante Rojo’. El General-Mayor Khattiya Sawasdipol, Alias Seh Daeng, fallecía en las primeras horas de esta pasada mañana, como resultado de la herida de bala en su cabeza que sufrió el pasado jueves. Su cuerpo era trasladado a uno de los templos de la capital tailandesa, donde tendrá 3 días de funeral.

En las afueras del templo Wat Sommanasvora Viharn, algunos camisas rojas gritaban “Seh Daeng, nuestro héroe”. Hay un gran número de camisas rojas que lamentan la muerte del comandante rojo, aunque no estaban de acuerdo con su postura violenta ante estos acontecimientos. Aunque los más radicales afirman que no hubieran tenido tantas muertes si el General estuviera vivo.

Hace 10 días, cuando lo entrevisté, me transmitió seguridad en sus palabras, él afirmaba que sólo había un final y que estarían allí hasta llegar a ese final: “No temo a la muerte” afirmaba mientras medio sonreía. Esa muerte le ha llegado en menos de dos semanas y quizás sea como él quería: el punto que lleve a un enfrentamiento aún mayor del que han sufrido.

Unos 5.000 seguidores de Thaksin continuaban dentro de la fortaleza cumplido el plazo para desalojarla y completamente rodeados por 32.000 soldados

Quizás la mayor diferencia entre ambos bandos no sea en estos momentos el numero de seguidores, seguramente en Tailandia haya mas fieles rojos que amarillos. Pero sí el número de armas de un bando y del otro. Es verdad que se ha probado que algunos grupos de los camisas rojas portan armas de fuego, estos son una minoría en comparación con las tropas del ejército. Quizás esta razón unida a la falta de un líder claro por parte de los rojos, estén evitando una posible Guerra Civil, que es muy difícil que se produzca.

En mis días en la ciudad roja la presencia policial era mayor que la del ejército, siempre me pregunté por qué las fuerzas armadas sólo se preocupaban de proteger negocios. Hoy la policía ha desaparecido, quizás porque como se rumoreaba está de parte de Thaksin, y es el ejército quien se encarga de cumplir el objetivo. Recuerdo que la doctora Jenny me comentaba en ese hospital improvisado del campamento rojo que esos soldados tienen a sus padres en la fortaleza, y no creen que disparen contra ellos. Ayer se empezó a rumorear de cierta división en las fuerzas armadas. Más fuego si aún se puede para esta gran hoguera que es Bangkok.

No hay otro camino que el diálogo, espero que esos rumores que han circulado durante todo el día sean ciertos y que al menos la tranquilidad llegue a la capital del que era el país de la sonrisa.

Para rematar, ayer la selección de fútbol de Tailandia perdía 4-0 con la de Sudáfrica. A este paso Tailandia se clasificará para una final de copa del mundo antes que la democracia llegue de una vez a este país que tanto la necesita.

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El artículo original en Bottup: Muere el ‘Comandante Rojo’, herido por un francotirador en Bangkok


El General Mayor Seh Daeng ha recibido un disparo en la cabeza, presumiblemente de un francotirador

Las embajadas están empezando a cerrar y se escuchan explosiones y enfrentamientos cerca del hotel donde se aloja la prensa

Periodista ciudadano autor de texto y fotografías: Omar Havana Editado por: Redacción Bottup


El general herido con el que nuestro periodista ciudadano hablaba hace unos días, Seh Daeng

Omar Havana (Camboya) // Hace sólo unos días que salí de la ciudad roja en Bangkok. Unos minutos antes de despedirme del guardián de la barricada, el General Mayor Seh Daeng me comentaba que le gustaba España porque su selección de fútbol vestía los mismos colores que ellos. Era un 4 de mayo, ese día pensé que la gente había perdido la esperanza en resolver todo de una manera pacifica, todos me comentaban que lucharían, y sobre todo fue ver la firmeza con que este general me afirmaba que estaba ahí para animar a su gente y que si tenían que llegar al final, lo harían sin problemas.

Nueve días después, su nombre ha invadido los titulares de los medios de comunicación de medio mundo, en Asia no se habla de otra cosa. Muestran una vez tras otra su imagen cuando es trasladado al hospital después de haber sido herido de gravedad por un disparo en la cabeza, esta noche en el cruce de Sala Daeng con Rama IV, en la capital tailandesa.

Esta noticia puede cambiar el sentido por completo a esta crisis. De momento las embajadas están empezando a cerrar, la primera la americana, y según me informan mis compañeros que están presentes en el Hotel Dusit Thani, centro de la prensa mundial en Bangkok en estos días, se han escuchado explosiones en los alrededores, así como algunos camisas rojas enfrentándose a los miembros de la policía.

Hace unos días la mayoría de los medios de comunicación comunicaban la aceptación del plan de ruta del Primer Ministro Abhisit, solo días después se demuestra que la cuerda se tensa aun más, y que está apunto de romperse y que al final siempre afectará más a ese pueblo maravilloso de la sonrisa eterna, independientemente de los colores de sus camisas. Hoy se ve una paz más lejos que nunca en este conflicto.

Seh Daeng era General Mayor del Ejército, disidente, a favor claro del movimiento rojo desde el principio, es una figura clave en la crisis. Había criticado abiertamente al Primer Ministro, y se profesa ferviente seguidor del depuesto Primer Ministro, Thaksin Shinawatra.

Según informan medios hace sólo unas horas, fue alcanzado por un disparo el la zona derecha de su cabeza, probablemente por uno de los francotiradores que se encontraban rodeando desde hacía unos días el campamento. Algunos medios informan que está en Coma.

Todo puede cambiar sólo en minutos.

Noticias desde Bangkok anteriores:
Camisas rojas: “Estamos dispuestos a entrar en un periodo de reconciliación”
Un día en la ciudad Roja
Embajador español en Tailandia: “El turismo de compatriotas no ha descendido pese a que recomendamos no venir”

El artículo original en Bottup: Un líder de los ‘Camisas Rojas’, herido de gravedad por un disparo


La situación es cada vez más tensa en las calles de la Ciudad Roja, en Bangkok

Los camisas rojas conviven con las fuerzas de seguridad del Gobierno

Periodista ciudadano autor: Omar Havana Editado por: Redacción Bottup

Es lunes, 3 de Mayo de 2010. Amanece en el antes llamado País de las Sonrisas, la lluvia del comienzo del monzón

La guardia negra

La guardia negra

llama a mi puerta. Son las 07.00 de la mañana, el calor es sofocante y la humedad se cuela por todos los poros de mi piel. Es hora de desayunar, pero hoy es una comida especial, será la primera de un día que compartiré con los camisas rojas.

Para todo aquel que haya estado alguna vez en Bangkok, conocerá lo difícil que es subirse a uno de sus taxis multicolores y negociar el precio. Todo cambia al pedir al conductor que te lleve a la Ciudad Roja. Siempre te pregunta de qué país eres, “Sapain” (como ellos pronuncian el nombre de nuestro país), contesto. “Oh, Fernando Torres”, seguido de risas es su siguiente frase, al tiempo que muestran con orgullo la foto de su ídolo, Thaksin Shinawatra, depuesto Primer Ministro y líder de los camisas rojas.

Las personas de este colectivo son sus mayores fans, todos provienen de provincias remotas, de situaciones de pobreza, y buscan en Bangkok un futuro mejor para sus familias. Pasan más de doce horas al volante todos los días. Durante esos 30 minutos que dura el trayecto no paran de preguntarse por qué alguien de España viene a Tailandia a hacer fotos de su pueblo. Siempre se despiden sonriendo y agradeciéndote el interés que muestras por su lucha.

La llegada a la fortaleza

La avenida de Silom es un mar de contrastes, policías armados hasta los dientes se mezclan con barricadas construidas

La presencia de los niños en la fortaleza

La presencia de los niños en la fortaleza

de bambús y neumáticos, donde unos vigilan a los otros y los otros a los unos. La tensión en esta zona es constante, mientras que la policía descansa ante la impasividad del Gobierno. De repente, un hueco se abre en la barricada y se escucha: “Bienvenido, amigo mío”. Es el mismo guarda que me saluda todos los días. En ese momento, entro en la Ciudad Roja.

Un área que podría dar cabida a más de un cuarto de millón de personas, donde la vida fluye a velocidad de vértigo. Un mar de generadores de electricidad, restos de basura, casas improvisadas y vida, mucha vida, en esa antesala a lo que parecía una muerte segura para la mayoría de sus habitantes. Todos sonríen a mi paso, todos me preguntan de donde soy, todos quieren posar para la foto, quieren mostrar que están luchando por sus ideas, aunque para la mayoría ese lema sea un billete de 500 Bahts (unos 10€), que el antiguo Primer Ministro dona diariamente a cada uno de sus seguidores para que su causa cuente cada día con más personas.

Los colores se mezclan, el rojo es el identificativo de la clase pobre del país, vienen de las provincias más distantes, la mayoría del norte. Entre medias aparecen esas caras serias, con ropa de color negro y el brazalete del partido del UDD: son los radicales, los que protegen esta urbe, chavales de no más de 25 años, dispuestos a dar su vida por una democracia que lleva años sin existir en este país.

Niños y discursos

Me llama la atención el gran número de niños entre la multitud, algunos armados con rifles de madera que ellos

Líder Rojo, Nattawut Saikua en un discurso

Líder Rojo, Nattawut Saikua en un discurso

mismos se han inventado y que no podrían ni disparar a una de esas moscas que invaden la ciudad. El paseo de más de cuatro kilómetros que atraviesa el campamento no es diferente del paisaje habitual de este caos de ciudad que es Bangkok: puestos ambulantes donde te venden las armas más usadas por ellos, tirachinas, comida, bebidas, recuerdos, y hasta churros de España.

La banda sonora son las palabras que en el escenario principal gritan sus líderes, casi siempre en escena el portavoz del Partido, Nattawut Saikua, una especie de Fernando Esteso, a juzgar por las risas que provoca en la multitud, que canta, baila y entretiene a las más de 50.000 personas que todos los días se reúnen dentro de las murallas. Un líder feroz que atrae a su manada con la palabra Democracia.

Es la hora de comer y todos se aproximan ofreciéndome un plato de arroz, abriéndome las puertas de sus chabolas e intercambiando opiniones con este ‘farang’ (extranjero en tailandés) que cada minuto que pasa se siente más pequeño ante la amabilidad de este pueblo. Entre tanto, siguen las canciones en el escenario principal, que gracias a la multitud de pantallas gigantes que han improvisado a lo largo de la Ciudad Roja, puede seguirse allí donde estés.

El lorenzo aprieta, el termómetro esta próximo a los 35 grados y creo que ya no me queda líquido en el cuerpo que

Fabricando las armas rojas

Fabricando las armas rojas

expulsar. Es hora de sentarse a la sombra y escuchar lo que mis amigos me quieren contar. Me hablan de un Gobierno que ha robado a un país, de un Primer Ministro, Abhisit Vejjajiva, que no quiere dimitir. Ellos quieren un dirigente que sea elegido por el pueblo y no a alguien que ha impuesto la clase más rica de esta sociedad. Quieren democracia, la palabra que más veces es pronunciada por sus cuerdas vocales. Luchan por un país libre, donde ellos se sientan un poco más importantes, y hablan de una policía que cada día está más en contra del Gobierno, mostrándome el edificio de un hospital próximo que días atrás ocuparon ellos en busca de un gran número de soldados ocultos en su interior.

La tensión aumenta

Se aproximan las 18.00h, y suena el himno de Gloria Gaynor, I will Survive. Sobreviviré gritan todos al compás de la música, mientras bailan con caras de felicidad. Pero es esa hora donde todo tailandés muestra respeto a la Corona, suenan las notas del himno nacional y la vida se para súbitamente, todos firmes escuchando el sonido que une a este país, independiente del color de sus ropas, nadie se mueve, parece que de repente el mundo se haya congelado. El himno llega a su final, todos se inclinan en señal de respeto y en milésimas de segundo todo vuelve al caos normal de este país.

Está cayendo el día y según nos acercamos de nuevo al área de Silom, la tensión aumenta, jóvenes con cohetes

A 50 metros de la Ciudad Roja

A 50 metros de la Ciudad Roja

prefabricados, tirachinas, escudos de contrachapado con asas de plástico, chalecos antibalas con la palabra policía en su pecho, y menos, mucha menos presencia civil. El numero de niños ha disminuido considerablemente, quizás sea una señal de que los camisas rojas temen que el Gobierno haya anunciado que proveerá a las fuerzas armadas con carros blindados para disolver a los protestantes. Ya no se ven tantas sonrisas, todo ha cambiado a semblantes serios y miradas preocupadas, se puede respirar el olor del miedo. Según me aproximo a las barricadas, veo que ha crecido el número de vigilantes, las únicas personas que me sonríen en esta tarde de tensión, quizás su forma de liberar ese pánico que sus ojos dibuja. Y me pregunto, cómo es posible que el pueblo de la sonrisa constante se haya separado de esta forma tan brutal por la ambición de poder corrupto de unos pocos, pero solo encuentro una respuesta, esto es Asia, el continente donde nunca te preguntes el por qué de las cosas.

Y por primera vez, me llevo una sorpresa al escuchar a uno de sus líderes hablar en inglés dirigiéndose a los no más de cinco extranjeros que estamos dentro de su fortaleza, repite que nos sintamos libres de hablar con ellos si queremos saber la verdad. Hace solo unos minutos la policía ha intervenido un gran número de armas en una casa a las afueras de la ciudad, supuestamente propiedad de un camisa roja, quizás esa sea la razón de este cambio de idioma en las palabras.

El señor Phan

Entonces aparece el Señor Phan Chaisong, que viene desde un pequeño pueblo al norte del país a más de 500 kms de la

El Señor Phan nos muestra sus heridas

El Señor Phan nos muestra sus heridas

capital. Me habla del ataque que sufrieron el pasado día 10 de abril, donde más de 20 personas perdieron la vida y otros 800 resultaron heridos. Entre los fallecidos, el compañero de Reuters, H. Muramoto, que fue alcanzado en el pecho por uno de los disparos de no se sabe qué bando.

Mr. Phan me cuenta que él estuvo en ese ataque y me enseña orgulloso las heridas que su cuerpo dibuja: en su cara, la culata de un rifle M-16 y en el costado izquierdo, la cicatriz de un disparo. Me dice que quiere democracia, que desde que Thaksin fue depuesto, los pobres son más pobres, y los ricos más poderosos, que la mayoría en su provincia son granjeros como él, pero que están sin trabajo y que estará aquí hasta el final, aunque eso le cueste la vida. Se resigna al decir que sabe que el Gobierno no cederá y que en un plazo de cinco días habrá un ataque de las fuerzas de seguridad del Estado contra sus colegas indefensos. Me comenta que en el año nuevo de 2009 perdió a su mejor amigo en una ofensiva del ejercito y la policía contra manifestantes rojos, pero que nunca se supo nada porque se encargaron de limpiar todas la pruebas y de retirar los cadáveres.

Todo son historias o rumores, pero merece la pena escuchar lo que cada uno de ellos me tiene que contar. Se despide de mí con el típico Wai tailandés (símbolo de respeto budista donde juntan las palmas de la mano), gritándome adiós y deseándome suerte, aunque por lo que sus ojos reflejan, intuyo el miedo a que el final de su vida esté cerca. Seguro que piensa que su vida vale la pena si al final alcanzan esa democracia con la que todos sueñan.

Cae la noche, y se ve un gran aumento de presencia policial a las afueras del campamento. Es hora de reponer fuerzas y me apetece un poco de comida rápida y analizar todo lo vivido hasta estas horas. Es curioso que solo a unos 50 metros del campamento, la más pura señal de materialismo se enfrente a la lucha por la democracia de un país. Es el lugar de reunión de la prensa tailandesa. Durante unos minutos contrasto ideas con ellos, me hablan de que la situación es de estancamiento total, que nada pasa y que no ven solución a corto plazo, esperan noticias e imágenes con sus grandes objetivos preparados, pero mi mente sigue pensando en las heridas del cuerpo del Señor Phan.

La llegada de la noche

No paran de llegar furgones de la policía a la zona, algo parece que se prepara esta noche, ya no sonríen ni posan para la fotografía. He contado más de 300 miembros en las inmediaciones del campamento y sigue la marea de coches y patrullas acercándose a la zona.

Es medianoche y la ciudad duerme, camas improvisadas en cualquier lugar, mientras que el show continua en el escenario principal, una vez más es Saikua quien entretiene a la inmensa multitud que esta noche se reúne en la plaza. Su mensaje tiene que ser fuerte, por el fervor con que agitan esas manos rojas.

El camino de vuelta

Es hora de recorrer el camino de vuelta en busca de un taxi a las afueras del campamento. Los más de tres kilómetros

Mapa de la ciudad

Mapa de la ciudad

que me separan de las puertas de la fortaleza se hacen interminables, han sido más de dieciocho horas en la Ciudad Roja, que ahora es de color negro ante la ausencia de luces. El olor a basura putrefacta es insoportable, cómo esta gente puede vivir aquí, me pregunto. Familias enteras usan el suelo como colchón, niños de apenas meses duermen como si nada pasara a su alrededor. Al salir, un “hasta mañana, Omar”, es mi amigo el amo de la puerta, “espero que mañana sea un nuevo día para Tailandia”, me grita.

Solo unos pasos y la policía se acumula en la calle, controles sobre todos los taxis que recorren la avenida, conocedores de que son los más fervientes seguidores del otro lado de esta lucha.

Ha sido mi primer día entero en la Ciudad Roja, no puedo sino más que pensar que cómo puede estar hablándose de una Guerra Civil encubierta, cuando las notas que predominan en ambos bandos es amabilidad y cortesía. Cómo puede ser que tanta sonrisa se pueda ver callada por el interés de un Gobierno impasible y de una oposición corrupta. Una vez más es el juego de este mundo, donde siempre unos pocos ganan y la mayoría pierde.

Qué suerte tenemos de vivir en España, incluso con una crisis de la que no paramos de hablar. El paseo de más de quince kilómetros a lo largo de las calles de esta fortaleza me ha traído recuerdos de cuando mi abuela me hablaba de ese período no muy lejano donde una persona dictaba los destinos de nuestro país.

Solo quiero decir buenas noches, con tristeza en mi cara, y como decía mi amigo el guardián de la puerta, espero que mañana Tailandia vuelva a ser el País de la Sonrisa.

Todas las fotografías han sido tomadas por Omar Havana

El artículo original en Bottup: Un día en la Ciudad Roja


El periodista ciudadano Omar Havana nos muestra desde Bangkok, donde llegó ayer, la situación en las calles de la capital tailandesa, tomadas -y casi fortificadas- por los ‘Camisas Rojas’

Periodista ciudadano autor de las fotografías: Omar Havana Texto: Redacción Bottup/Reuters


Un tailandés pedalea al lado de una barricada en una calle de Bangkok (Omar Havana)

Un tailandés pedalea al lado de una barricada en una calle de Bangkok (Omar Havana)

El prolongado y cada vez más violento enfrentamiento entre el Gobierno y manifestantes de ‘camisas rojas’ en Bangkok “está empeorando” y podría acarrear una “guerra civil no declarada”, dijo el Grupo Internacional de Crisis. No obstante, nuestro periodista ciudadano Omar Havana se encuentra desde ayer en Bangkok, desde donde ha realizado este set de fotografías que nos transmiten más bien una tensa “calma”, quizá la que precede a la tormenta.

“El sistema político tailandés se ha roto y parece incapaz de sacar al país al borde de un conflicto extendido”, dijo el grupo de resolución de conflictos con sede en Bruselas en un reporte publicado el viernes por la noche. “El enfrentamiento en las calles de Bangkok entre el gobierno y manifestantes de ‘camisas rojas’ está empeorando y podría acarrear una guerra civil no declarada”, añadió.

Enfrentamientos entre el Ejército y las ‘camisas rojas’, un grupo constituido mayormente por pobres rurales y urbanos, han dejado 27 muertos y cerca de 1.000 heridos en una campaña de siete semanas para forzar elecciones anticipadas.

Bangkok espera una operación del Ejército para desalojar a las ‘camisas rojas’ de su ciudad de tiendas, fortificada en seis puntos de entrada con barreras de neumáticos mojados en gasolina, alambres de púas y postes de bambú afilados, que podrían llevar a un baño de sangre.

Las líneas de separación se están ampliando entre las clases dirigentes – grandes negocios, aristócratas, el alto mando militar y una clase media educada – y los manifestantes, muchos de los cuales apoyan al ex primer ministro, Thaksin Shinawatra, derrocado en un golpe en el 2006.

Grupos de la sociedad civil reunieron al Gobierno y los manifestantes pero las conversaciones fracasaron sobre cuándo realizar las elecciones. Las ‘camisas rojas’ ofrecieron un marco de tiempo de 90 días, pero el primer ministro lo rechazó el fin de semana pasado.

La crisis se produce cuando Tailandia enfrenta su primera perspectiva de sucesión real en más de seis décadas. El Gobierno ha aumentado las acusaciones de que el movimiento de las ‘camisas rojas’ tiene inclinaciones republicanas – una afirmación provocativa en un país donde muchos consideran al rey casi divino.

La noticia original en Bottup: La más que ‘tensa calma’ en las calles de Bangkok