Tu noticia es la noticia

Ocho mitos sobre la crisis alimentaria actual, cuando el número de ‘hambrientos’ llega a los 1.000 millones, alejándonos de los Objetivos del Milenio

Periodista ciudadano autor: Vicent Boix Editado por: Redacción Bottup

Antecedentes

Un accidente nuclear, unos bombardeos de la OTAN y un Bin Laden después, y sigue subiendo el número de hambrientos. De hecho, desde el verano pasado los precios de los alimentos no han dejado de crecer hasta alcanzar valores récord en 2011. El punto de ignición se originó con la disminución de las cosechas de cereales en algunos países exportadores, que se transformó en una reducción de la oferta que espoleó el incremento de los precios. Para garantizar su propio abastecimiento y poder defenderse del aumento, estas naciones limitaron sus exportaciones, lo que constriñó más aún la oferta generando más tensión y alzas en el mercado, a la vez que el caos se iba expandiendo a otros alimentos.

Durante el mes de febrero se alcanzó el récord en los precios de los alimentos, a pesar de que oferta y demanda apenas han variado

Los primeros balances sociales consecuencia del terremoto de precios de los alimentos los dio a conocer el Banco Mundial a mediados de febrero, anunciando que durante este año el número de hambrientos podría crecer en 75 millones hasta oscilar sobre los 1000 millones, a la vez que aumentaría en 44 millones el número de pobres extremos.

De esta forma se arriesga gravemente el primero de los Objetivos del Milenio, que se compromete a reducir a la mitad el porcentaje de personas hambrientas. El presente y el futuro no invitan al optimismo. Datos del ‘Índice para los Precios de los Alimentos’, que calcula la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), muestran que durante el mes de febrero se alcanzó el record en los precios, aparte de constituir el octavo mes seguido con una tendencia claramente alcista. Los últimos índices de marzo y abril mantienen la dinámica y perpetúan esta agónica situación, porque a pesar de la ligera reducción en los precios, éstos siguen un 36% más inflados respecto a los valores de hace un año.

Dos lógicas opuestas para diagnosticar un mismo problema

A efectos de este artículo, la cadena comercial alimentaria se podría dividir en tres eslabones. El primero lo componen los países exportadores; que comercian sus cosechas en el mercado internacional, que es el segundo eslabón; para que puedan ser adquiridos por las naciones importadoras, que conformarían el tercero.

Una vez hecho este matiz, se debe decir que la primera de las lógicas se denominará ‘humana’, porque antepone el estómago de las personas, que debería prevalecer a cualquier otra premisa. La segunda es la ‘lógica del mercado’ y es la que imponen con calzador los poderosos y sus políticos. Para ésta el centro del universo es el mercado, que debe ser totalmente libre de ataduras y obstáculos, porque se basa en el principio metafísico de que el mercado es capaz de autorregularse, o como se dice metafóricamente, existe una especie de mano invisible que repartirá el pastel de forma justa y equitativa.

“El problema de la crisis de los precios tiene su origen en ‘manos visibles’ del mercado, cuyas operaciones bursátiles, sin ser armadas, son socialmente más criminales que las bombas del cadáver Bin Laden”

Para la ‘lógica humana’ -defendida por el que escribe- el problema de la crisis de los precios tiene su origen en ‘manos visibles’ del mercado cuyas operaciones bursátiles, sin ser armadas, son socialmente más criminales que las bombas del cadáver Bin Laden; por tanto, las soluciones deben encaminarse a frenar los abusos de este mortífero segundo eslabón de la cadena. Para la otra lógica, el mercado es un ente intocable que, por dogma de fe, debe ser libre a cualquier precio. Los idealistas creen las propiedades sobrenaturales de su autorregulación filantrópica, mientras que para los pragmáticos el mercado es una manera de forrarse y por eso no quieren regulación, salvo cuando les interesa para lucrarse más si cabe. Bajo la ‘lógica del mercado’, que es la que se ha impuesto, la causa del incremento de precios tiene su origen en los países exportadores e importadores (eslabones primero y tercero), es decir, en la humanidad misma.

Mito 1: Existe un desequilibro entre la oferta y la demanda de alimentos

O dicho de otra manera, el problema es que el primer eslabón de la cadena produce menos alimentos y el tercero consume más. Por el contrario, el papel del segundo eslabón (mercado) se ciñe a fijar inocente, salomónica y mecánicamente unos precios que, en este caso, son elevados porque la oferta de cereales es menor a la demanda.

Con datos de la FAO de este mes de mayo, para este ciclo 2010-2011 se prevé que el balance mundial entre la producción y el consumo de cereales arroje un déficit de 43,1 millones de toneladas. Pero las reservas, que oscilan sobre los 483 millones, permiten hacer frente 11 veces al déficit estimado. Durante varios años en la última década fue peor la relación entre producción, consumo y reservas, pero nunca los precios ascendieron tanto como ahora o 2008. En 2003-2004 las reservas sólo cubrían 6 veces el déficit existente en aquel momento y los precios eran la mitad que ahora.

La propia FAO, en septiembre de 2010 repartía optimismo a través de un comunicado de prensa en el que afirmaba que “no hay indicios de una crisis alimentaria mundial” y que “el suministro y la

Para 2010-2011 la FAO prevé un déficit de alimentos de 43,1 millones de toneladas, mientras que las reservas oscilan en torno a los 483 millones

demanda mundial de cereales se presentan suficientemente equilibrados (…) La previsión para la producción mundial de cereales en 2010 se sitúa en 2.239 millones de toneladas, tan sólo un uno por ciento menor que el pasado año y la tercera mayor registrada hasta hoy.”

El discurso sereno, paradójicamente se tornó en dramático dos meses después, coincidiendo con la edición del informe ‘Perspectivas Alimentarias‘, en el que se informaba de que “unos déficits imprevistos de producción debidos a fenómenos meteorológicos influyeron negativamente en las perspectivas para el suministro mundial de cereales…”. Se cuantificaba la nueva cantidad de cereales en 2.216 millones de toneladas, frente a los 2.239 de septiembre.

Y es que de no haber indicios de crisis y de un equilibrio del suministro y la demanda, en unas pocas semanas se pasa al alarmismo por 23 millones de toneladas menos (el 1% de la producción mundial) pero, ¿realmente puede este 1% provocar tal desbarajuste?

Porque en una resolución de febrero el Parlamente Europeo mantenía que “…en la actualidad el suministro total mundial de alimentos no es insuficiente (…) son más bien la inaccesibilidad de los mismos y sus elevados precios los factores que privan a muchas personas de la seguridad alimentaria.” Entonces, si la crisis no es de escasez sino que se origina por el alza de los precios que impide la accesibilidad a los alimentos, pero este ascenso no surge de un desequilibrio real por una menor oferta y una mayor demanda, y si además se suma que durante años la situación fue peor pero los precios se mantuvieron equilibrados, entonces, indudablemente, hay un factor independiente al primer y tercer eslabón que está distorsionando gravemente los precios, que se llama especulación, que está incrustado en el segundo eslabón (mercado) y que según la Eurocámara es el causante del 50% de los incrementos en los precios.

Para más información hay que decir que hay dos tipos de especuladores. Los fondos de inversión, de pensiones, de cobertura, etc., que según el Observatori del Deute en la Globalització “(…) compran y venden contratos de futuros esperando sacar beneficios en cualquiera de las transacciones, independientemente de que estos contratos se materialicen”. Después están los intermediarios (destacando las transnacionales agroexportadoras como Cargill, Monsanto, etc.) que manejan grandes cantidades de productos como el cacao, cereales, etc., lo que les confiere influencia en la oferta de alimentos, no dudando en almacenar grandes cantidades para desabastecer el mercado y forzar una subida de precios. Estos intermediarios también especulan con contratos de futuros.

“En la actualidad el suministro mundial de alimentos no es insuficiente (…) son la inaccesibilidad de los mismos y sus elevados precios los factores que privan a muchas personas de la seguridad alimentaria”

Bajo la ‘lógica humana’ habría que actuar sobre estos elementos transgresores para evitar más hambrientos, pero bajo la todopoderosa e imperante ‘lógica del mercado’ debe ser el mundo quién se amolde a sus reglas y concretamente los países del primer eslabón que deben disponer más alimentos en el mercado en busca de su bendita autorregulación, aunque esté infestado de especuladores, aunque caigan más famélicos y aunque en realidad hay alimentos suficientes.

Mito 2: Los chinos y los indios comen más y mejor

En este supuesto son dos países del tercer eslabón quienes han desquilibrado la balanza, aunque con cifras de la FAO de noviembre, el consumo humano de cereales estimado para este año crecerá un 7,10% respecto a 2005 y el consumo de cereales para piensos lo hará un 2,24%. En cuanto a la oferta, la producción mundial de cereales prevista para 2011 será un 8,10% superior a la de 2005. Por tanto, los incrementos en los consumos de cereales para humanos y piensos, porcentualmente serán armónicos y proporcionales al crecimiento de la producción, tomando como referencia datos de 2005 y 2011.

Para el ciclo 2010-2011, el volumen de cereales para consumo humano y para piensos rondará los 1.820 millones de toneladas (demanda) cuando se prevé una producción global de 2.216 millones de toneladas (oferta). Alimentando estómagos y animales de granja sobrarían 396 millones de toneladas. El verdadero desequilibrio en la demanda de cereales es producido por otros consumos alejados de los esófagos, fundamentalmente agrocombustibles. Para 2011 se estima que se desviarán 433 millones de toneladas para estos usos, que respecto a 2005 supone un aumento del 44%. Los 396 millones de toneladas sobrantes, no sólo desaparecen sino que se genera un déficit de 37 millones, según datos de la FAO.

Señalar los menús chinos e indios como posible causa de la crisis, aparte de ser tendencioso porque difícilmente pueda justificar el tenue desequilibrio en la demanda, tiene implícito dos mensajes subliminales hábilmente calibrados para confundir a la ciudadanía. Primero, mientras se acuse a los estómagos chinos e indios se librarán los especuladores y los coches europeos y

Los incrementos de consumo de cereales para humanos y piensos, porcentualmente serán armónicos al crecimiento de la producción para 2011

norteamericanos. Segundo, con esta premisa, el sistema económico global basado en el libre mercado no sólo se deshace de cualquier responsabilidad por la crisis alimentaria, sino que se apunta el tanto de haber generado riqueza y progreso en países emergentes como China e India… que ahora comen mejor.

Mito 3: Los países exportadores e importadores han actuado irracionalmente

Se dice esto porque durante los primeros meses de la crisis los primeros limitaron sus exportaciones y los segundos compraron grandes partidas de alimentos, ambos con el objetivo común y legítimo de poder garantizar el suministro de alimentos para sus poblaciones. Pues bien, para algunos organismos y expertos este comportamiento en el primer y tercer eslabón ha sido irracional, porque ha estrangulado más la ecuación entre la oferta y la demanda.

Es curioso que en la sociedad del supuesto comercio libre, los inversionistas -aprovechando esa ‘libertad’- especulen en el mercado con total impunidad sin que nadie diga o haga algo, mientras a ciertos estados se les critica y se les presiona cuando libremente compran y venden en el mismo mercado. Por ejemplo, la FAO en enero publicaba una nota de prensa en la que explicaba algunas de las actuaciones que realizó para frenar la escalada de precios durante los meses iniciales de la crisis en 2010. Se menciona en dicha nota que “La FAO entró en ese momento en contacto con los diferentes países exportadores, con la intención de evitar un fenómeno de contagio tras las restricciones a la exportación de trigo anunciadas por Rusia. Y lo consiguió, excepto en el caso de Ucrania, país en el que al menos logró retrasar la decisión durante varios meses.”

A los países importadores la FAO les ha sugerido, a través del documento ‘Guide for policy and programmatic actions at country level to address high food prices‘, que apliquen medidas económicas y comerciales regresivas para reducir el precio de los alimentos en sus territorios, como por ejemplo subvenciones directas, incentivos fiscales, reducción de impuestos como el IVA, reducción de los aranceles, etc. La FAO, además, ha organizado seminarios para dar a conocer estas sugerencias y considera esencial que los estados revisen sus opciones legislativas, supuestamente para incorporar estas medidas que van encaminadas a que las opulentas ganancias de los inversores financieros sean costeadas por los estados soberanos, que verán reducidos sus ingresos arriesgando la financiación de sus programas sociales mientras incrementan su endeudamiento.

“Es curioso que los inversionistas especulen en el mercado con total impunidad sin que nadie diga o haga algo, mientras a ciertos estados se les critica y presiona cuando compran y venden en el mismo mercado”

No ha sido posible localizar documento alguno en el que la FAO u otro organismo internacional hayan cabildeado a instituciones financieras para que frenaran la sangría especuladora.

Mito 4: Se trata de una crisis alimentaria mundial

Llegado este momento hay que indicar que la especulación en los mercados de futuros, por sí misma no es la causa de la crisis. Dicho de otra manera, los países que se cultivan sus propios alimentos no tienen por qué adquirirlos en el mercado. El problema lo tienen los países que han instaurado el modelo agroexportador que fomenta la siembra de cultivos para la exportación al supermercado global (sobre todo los exóticos y las materias primas) en detrimento de la producción nacional de unos alimentos que ahora obligadamente tienen que adquirir en el segundo eslabón.

Olivier De Schutter, relator de la ONU para el derecho a la alimentación, lo dejaba entrever en una reciente entrevista: “Los países africanos se han beneficiado de unas cosechas en 2010 relativamente buenas y no afrontan un riesgo inmediato (…) Los países que importan la mayor parte de la comida que necesitan son más vulnerables. Los menos desarrollados compran el 20% de sus alimentos, y su factura se ha multiplicado por cinco o seis desde los años 90. Esta dependencia de los mercados internacionales es muy peligrosa.”

Ameritaría otro artículo explicar los mecanismos que han propiciado el abandono de la soberanía alimentaria, pero se debe destacar que muchos organismos como el Banco Mundial presionaron y espolearon a naciones pobres para que apostaran por la agroexportación ahogando su propia agricultura campesina. También la desaparición de los aranceles bajo la ‘lógica del mercado’, facilitó que excedentes alimentarios subsidiados de Estados Unidos penetraran en países pobres, aniquilando la producción local, lo que derivó en una dependencia de las importaciones. O casos como el de España, que en 2006 aprobó una reforma en la que reducía considerablemente su producción de azúcar (500.000 toneladas de cuota con un consumo de 1,3 millones de toneladas). El acatar la disminución en lugar de legislar en favor de una agricultura sostenible que garantice dicho suministro interno generando a la vez empleo y desarrollo rural, ha propiciado que España dependa de las importaciones y de los precios internaciones, como apunta el informe ‘La agricultura y la alimentación, en manos del mercado financiero‘.

“Organismos como el Banco Mundial presionaron y espolearon a naciones pobres para que apostaran por la agroexportación ahogando su propia agricultura campesina”

A nivel general, la liberalización del mercado agrícola alejó a los estados de su función tradicional de legislar según los intereses de sus poblaciones, lo que ha provocado que la cadena alimentaria sea controlada por grandes empresas que exprimen al agricultor hasta su desaparición. Sin éste no hay cultivos y crece la dependencia hacia unas pocas transnacionales que manejan y especulan con el comercio agrícola.

Por tanto, la crisis actual no se trata de un fenómeno coyuntural, sino que el escenario para la tragedia actual, durante décadas se fue preparando en muchos países a través de políticas liberales ortodoxas impuestas en algunos casos a través de chantajes y conflictos armados (recuerden si no, el paquete de medidas económicas que instauró el gobierno ‘amigo’ de Irak tras la defenestración de Sadam Hussein).

Mito 5: Los agricultores salen ganando por el alza de los precios

Se cree que los elevados precios de los alimentos repercuten positivamente en los agricultores de países del primer eslabón, que se benefician de la situación y reciben mejores precios por sus cosechas. Pero esto no suele ser así, porque el principal problema que enfrenta la agricultura para la exportación es que las diferentes fases de la cadena agroalimentaria (semillas, insumos, intermediación, distribución, transformación, etc.) se concentran cada vez en menos manos. Esta situación de oligopolio da fuerza a estas ‘manos’, que determinan las condiciones y, en el caso de la intermediación y la distribución, son éstas las que establecen los precios de compra sin que la política ponga límite al abuso.

En España el saqueo se visualiza en el Índice de Precios en Origen y Destino de los Alimentos, que calculan la coordinadora agraria COAG y las organizaciones de consumidores UCE y CEACCU. En el estudio último de abril de 2011, los cultivos, de media, multiplicaban un 505% su valor desde el agricultor al consumidor y en algún caso concreto se llegaba al 761%. Para COAG “Una vez más, los datos evidencian que la distribución mueve los hilos de la cadena agroalimentaria a su antojo, independientemente de la evolución de los precios en el campo, e impone condiciones desde arriba para salvaguardar sus márgenes, manteniendo o incluso elevando los precios en épocas de

En España los cultivos multiplican un 505% su valor desde el agricultor al consumidor. Muchos agricultores ni siguieran pueden negociar su precio de venta

mayor consumo…”. La situación es tan decimonónica que los agricultores en muchos casos no negocian un precio de venta, sino que entregan su producción y al final les abonan una pequeña migaja que a veces no cubre ni los costos de producción.

La propia Comisión Europea reconocía en un informe la detección de “(…) una serie de graves problemas en la cadena de abastecimiento, como el abuso de poder de compra dominante (…)”. Mientras el Parlamento Europeo dejaba claro en una Resolución de febrero pasado “Que el alza de precios de los productos alimenticios no se traduce automáticamente en un incremento de las rentas de los agricultores, debido sobre todo a la velocidad con que aumentan los costes de los insumos agrícolas (…) el porcentaje de la renta de los agricultores procedente de la cadena alimentaria ha disminuido considerablemente, mientras que los beneficios de los transformadores y los minoristas han experimentado un aumento constante…”.

Mito 6: Hay que liberalizar más los mercados agrícolas

En un artículo publicado en enero y firmado por el ex director de la FAO, Jacques Diouf, decía que “Las medidas sanitarias y fitosanitarias unilaterales, así como los obstáculos técnicos al comercio, suponen un freno para las exportaciones y, en particular, para los países en desarrollo.” y “Se debe llegar a un consenso en las negociaciones ya demasiado largas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para poner fin a la distorsión de los mercados y a las medidas comerciales restrictivas para el comercio que agravan los desequilibrios entre la oferta y la demanda.”

Una vez más, se parte de un desequilibrio que realmente no existe entre el primer y el tercer eslabón, como aclara Olivier De Schutter: “Hay escasez localizada en regiones donde las cosechas han sido bajas o que han sufrido desastres naturales o conflictos o donde las rutas de comunicación son muy pobres. Pero producimos suficiente para alimentar al mundo. Si los mercados funcionasen bien y la gente tuviera la capacidad adquisitiva para comprar la comida disponible no habría hambre. El hambre es un problema político.”

“Por tanto, a seguir comiendo moscas y salvando bancos, que Bin Laden murió y estamos de fiesta”

Las afirmaciones de Jacques Diouf son más graves por cuanto se apuesta, bajo la aplastante ‘lógica del mercado’, por incidir en un modelo agrario basado en el comercio libre y en la exportación (el de los tres eslabones), en detrimento de uno que garantice la seguridad y la soberanía alimentaria de los pueblos. Con él se fomenta entre las naciones el abandono de su auto abastecimiento de alimentos y la dependencia hacia el segundo eslabón (mercado) con su voracidad y perversidad incluidas. Para los agricultores una mayor liberalización no es provechosa, porque como se decía antes, la distribución y la intermediación imponen los precios de compra y venta. Por tanto, por mucho que se desregule y por muchas fronteras que se abran, al final es el intermediario quién acaba repartiendo el pastel. De Schutter indicaba al respecto que “(…) ni los pequeños agricultores se benefician siempre de los altos precios, porque están en el eslabón de la cadena más débil, ni los consumidores de la bajada de precios porque las empresas importadoras o los pequeños comercios no los trasladan al mercado.”

Mito 7: Hay que aumentar la inversión y la producción

No hay una escasez pero se busca acrecentar la producción (oferta) en el primer eslabón para calmar el alza de precios que acaece en el segundo. Dicho gráficamente, el lobo asaltó el gallinero y por las ventanas se echan más gallinas para saciar su voracidad.

Pero, el problema no es de cantidad sino de accesibilidad. No se requieren cirugías financieras y técnicas con aparatosos postoperatorios, sino una ración de justicia social y coherencia. Según el Parlamento Europeo “(…) al menos el 30% de todos los alimentos producidos en el mundo se despilfarra en varios puntos de la cadena alimentaria.” Se refiere a la cadena controlada por unos pocos, en donde los alimentos recorren largas distancias para transformarse en productos envasados que se exponen luego en un supermercado. Y es cierto que de cara al futuro se tiene que plantear un aumento en la producción teniendo en cuenta el incremento de la población, aunque más temprano que tarde habrá que cuestionarse medidas controvertidas como el control de la natalidad, si no quiere la raza humana convertirse en una plaga que arrase con el planeta.

“Producimos suficiente para alimentar al mundo. Si los mercados funcionasen bien y la gente tuviera la capacidad adquisitiva para comprar la comida disponible no habría hambre”

La producción y la inversión, ‘per se’, no son la panacea. Un incremento de ambas puede ser positivo si el protagonista activo es el pequeño agricultor y campesino, que genera alimentos dignamente para las comunidades locales de una forma sostenible y accesible. Pero conforme está montado el cotarro agroexportador bajo el libertinaje comercial, de nada sirve aumentar la inversión y la producción si después:

A- La tierra está en manos de terratenientes e inversores que no siembran comida sino cultivos exóticos (café, plátanos, etc.) y materias primas para la exportación (algodón, soja para biodiesel, etc.).
B- No se legisla para eliminar, sino que se mantienen, los engranajes que permiten los atropellos ejercidos por los especuladores y las transnacionales que controlan las semillas, insumos, comercialización, transformación, precios de compra y venta, etc.

De hecho, en una nueva vuelta de tuerca, en algunos países del sur, desde hace años ha crecido vertiginosamente la cantidad de hectáreas acaparadas por extranjeros. Algunos son estados soberanos que buscan su abastecimiento, pero otros son inversores que una vez dominados los mercados, la venta de semillas e insumos, la distribución, la comercialización, etc., ahora van a por la tierra que es lo único que no tienen bajo sus zarpas. Y es que después del batacazo de las ‘subprimes’, el negocio agrícola es una garantía, como explicaba un financiero al diario Público: “No hay prácticamente otro producto en el que invertir en estos momentos cuya demanda real sea tan clara…”. Porque puede bajar la demanda de coches o móviles, pero comer es preciso.

En esta coyuntura los ‘agrinversores’ no irán con pequeñeces. Sus tierras dispondrán de regadíos modernos, tractores, transporte, buenas carreteras y no dudarán en contaminar el medio ambiente (ajeno) con agroquímicos y cultivos transgénicos. Abandonarán la tierra cuando acaben con su fertilidad y buscarán otras para arrasar, como hizo con sus bananeras la United Fruit. Y nunca, absolutamente nunca sembrarán para los pobres frijoles a diez pesos la libra, pudiendo vender en dólares maíz para bioetanol. Sin duda más inversión y producción pero, ¿quién come?

Mito 8: Hace falta una nueva revolución verde

En algunos países del sur han crecido mucho las hectáreas en manos de extranjeros. Tras las semillas, insumos, distribución y comercialización, las empresas quieren hacerse con las tierras

A mediados del siglo pasado la agricultura se mecanizó y se incorporaron semillas mejoradas y productos químicos. Este proceso, que facilitó un aumento de la producción, se denominó ‘revolución verde’, aunque no logró acabar con el hambre porque no solucionaba el problema de la accesibilidad a los alimentos. Esta evidente contradicción no es óbice para que algunas voces clamen ahora por una segunda ‘revolución verde’, que sería encabezada por las semillas transgénicas. La justificación, la de siempre: aumentar la producción para paliar el desequilibrio de la oferta y la demanda entre el primer y tercer eslabón.

Sin embargo, apostar por una segunda ‘revolución verde’ sería incidir en un modelo ecológicamente insostenible que ha contaminado al medio ambiente y las personas. Los efectos negativos y los fracasos de los cultivos transgénicos han sido documentados ampliamente. Actualmente sólo tienen cabida en una agricultura industrial, mecanizada, con vocación exportadora y fuertemente dependiente del agonizante y caro petróleo. Sin olvidar que los agroquímicos y las semillas transgénicas forman parte del mismo ‘paquete tecnológico’ que se tiene que comprar, lo que amarra al agricultor a unas pocas transnacionales que se lucran con este negocio.

En diciembre, De Schutter publicó un informe en el que apostaba por la agroecología como un modelo ambientalmente más sostenible y socialmente más justo. Se detallaban experiencias de agricultores ecológicos que lograron mejores producciones que los convencionales y se afirmaba que “(…) la propagación de las prácticas agroecológicas puede aumentar al mismo tiempo la productividad agrícola y la seguridad alimentaria, mejorar los ingresos y los medios de sustento de la población rural y contener e invertir la tendencia a la pérdida de especies y la erosión genética.”

Son precisamente estas bondades sociales y ambientales las que dificultarán su propagación, ya que el modelo agroecológico cuestiona la ‘lógica del mercado’ a la vez que desmonta el chiringuito de los que se enriquecen con las penurias de la mayoría. Por tanto, a seguir comiendo moscas y salvando bancos, que Bin Laden murió y estamos de fiesta.

Vicent Boix

Escritor, autor del libro El parque de las hamacas y responsable de Ecología Social de Belianís. Artículo de la serie “Crisis Agroalimentaria”, ver más aquí.


Documentación relacionada con el artículo:

Cerca de 1.000 millones de personas sufren hambre crónica, Europa Press, 16 de febrero.

FAO: ‘Dificultades en los mercados de cereales con una nueva subida de los precios‘, Roma, 3 de marzo de 2011.

FAO: ‘El último Índice de precios de la FAO muestra su primer descenso en ocho meses‘ Roma, 7 de abril de 2011.

Nota informativa de la FAO sobre la oferta y la demanda de cereales, 5 de mayo de 2011.

Comer es verbo y no sustantivo, Vicent Boix, 1 de marzo de 2011; Otra crisis alimenteria y al ‘Dios mercado’ no hay quien le tosa, Vicent Boix, 15 de febrero de 2011

FAO: ‘Los mercados de futuros necesitan algún tipo de regulación‘, Roma, 23 de junio de 2010.

‘Perspectivas alimentarias’, FAO, noviembre de 2010.

‘La agricultura como sector estratégico en el contexto de la seguridad alimentaria’, Resolución del Parlamento Europeo, 18 de enero de 2011.

Observatori del Deute en la Globalització, Càtedra UNESCO de Sostenibilitat de la Universitat Politècnica de Catalunya y Revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas: ‘Navegando por los meandros de la especulación alimentaria‘, marzo de 2011.

‘Perspectivas alimentarias’, FAO, noviembre de 2010.

Jacques Diouf responde a un artículo aparecido en el diario francés ‘Le Monde’, FAO, 27 de enero de 2011.

‘Guide for policy and Programmatic Actions at Country Level to Adress High Food Prices’ y FAO: ‘La FAO organiza seminarios para altos funcionarios a fin de ayudar a los gobiernos a tomar decisiones normativas informadas‘ Roma, 8 de marzo de 2011.

“El hambre es un problema político”, El País, 17 de marzo de 2011.

‘La agricultura y la alimentación, en manos del mercado financiero’, informe de la Unión de Consumidores de Andalucía.

‘La Semana Santa dispara los márgenes comerciales de las principales hortalizas’, COAG, 3 de mayo de 2011.

‘Subida de los precios de los alimentos’, Resolución del Parlamento Europeo, 17 de febrero de 2011.

‘La volatilidad de los precios y las crisis alimentarias’, Jacques Diouf, La Jornada, 30 de enero de 2011.

‘El hambre de ganancias infla el precio de la comida’, Público, 7 de marzo de 2011.

La agroecología puede publicar la producción de alimentos en 10 años, según un nuevo informe de la ONU

__________________________________________________________

Artículo original en Bottup: Con el mercado hemos topado, amigo Sancho


La actual crisis de los precios de los alimentos está provocada por la especulación y su tratamiento como una mercancía más

Según el Banco Mundial, el número de personas que sufre hambre crónica roza los 1.000 millones

Periodista ciudadano autor: Vicent Boix Editado por: Redacción Bottup

¿Mercado o soberanía alimentaria?

“Entre 2010 y 2011, los precios de los alimentos han batido récords siete meses consecutivos (…) asimismo, los incrementos en los precios de los productos básicos se han convertido en un factor desestabilizador de la economía mundial, y que han provocado tensiones y disturbios en varios países en desarrollo y, más recientemente, en Argelia, Túnez y Egipto”, así lo aseguraba el Parlamento Europeo en una resolución aprobada el 17 de febrero, añadiendo que “(…) los altos precios de los alimentos sumen a millones de personas en la inseguridad alimentaria y amenazan la seguridad alimentaria mundial a largo plazo”.

Aunque en 2003 y 2004 las cosechas de alimentos básicos fueron peores que desde 2007, los precios eran un 50% menor que en 2008 y un 100% que en 2011

Ante esta nueva y trágica crisis alimentaria, se repite una y otra vez que la causa principal del ascenso de los precios es un desequilibrio entre una menor oferta y una mayor demanda a nivel mundial, es decir, cada vez se requieren más cultivos y este año los rendimientos fueron peores. Pero, ya en un artículo anterior indiqué que durante los años 2003-2004, la situación a nivel mundial en cuanto a la cantidad de alimentos básicos, como los cereales, había sido peor que desde 2007 hasta ahora. Contrariamente y tomando como referencia el ‘Índice para los Precios de los Alimentos’, que calcula la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), los precios en 2003-2004 fueron un 50% inferiores en comparación con los de la crisis de 2008 y un 100% respecto a enero de 2011.

Por tanto, algo está manipulando y alterando los mercados, y ese algo es la especulación que según el Parlamento Europeo es la culpable del 50% de los aumentos recientes. La propia FAO reconoce que sólo el 2% de los contratos de futuros termina con la entrega de la mercancía y la mayoría se negocian nuevamente, por eso “…este tipo de contratos -u obligaciones- atraen cada vez a un número creciente de especuladores financieros e inversores, ya que sus beneficios pueden ser más atractivos en relación a cómo se comportan los de acciones y bonos”.

El problema no es de escasez o de una menor oferta de alimentos, como se dice sin parar, sino de unos precios inflados por especuladores como constata la Eurocámara en una resolución anterior: “…en la actualidad el suministro total mundial de alimentos no es insuficiente (…) son más bien la inaccesibilidad de los mismos y sus elevados precios los factores que privan a muchas personas de la seguridad alimentaria”.

Sin embargo, la especulación, causante de los ascensos, no es propiamente la raíz del problema. Ésta se debería frenar, pero los precios de los alimentos seguirían sujetos a los vaivenes de la oferta y la demanda, en una época en la que crece el interés por los agrocombustibles y en la que grandes transnacionales controlan los diferentes eslabones de la cadena alimentaria. Es decir, mientras las naciones marginen su autosuficiencia y la panacea sea comprar alimentos básicos en el gran supermercado global, a la vez que se exportan a éste materias primas y cultivos exóticos (soja para forraje, algodón, plátanos, flores, piñas, café, maíz para bioetanol, etc.), la alimentación seguirá sujeta a la dinámica de un mercado manejado por ciertos pulpos que poco entienden de hambre.

“En la actualidad el suministro total mundial de alimentos no es insuficiente (…) son más bien la inaccesibilidad de los mismos y sus elevados precios los factores que privan a muchas personas de la seguridad alimentaria”

No se dice con ello que se prescinda del mercado internacional, pero es vital su regularización y, sobre todo, que las naciones prioricen su soberanía alimentaria entendida como la facultad de los pueblos y los agricultores de decidir sus políticas agrarias para garantizar la seguridad alimentaria. En los tiempos que corren tal vez sea una herejía, pero curiosamente, en el mismo comunicado de prensa en el que la FAO hace poco anunciaba que los precios de los alimentos habían alcanzado un récord histórico, un economista de dicha institución indicaba que “El único factor alentador hasta el momento proviene de un cierto número de países en los que -debido a las buenas cosechas- los precios domésticos de algunos alimentos básicos permanecen bajos comparados con los precios mundiales”.

Dicho se otra manera, estos países podrán abastecerse de comida barata porque la cultivan ellos mismos y no tienen que adquirirla en los ‘reinos’ de las multinacionales y los fondos de inversión. Pero muy a pesar del dato, la tendencia es más bien la contraria. La liberalización alienta la inversión y la deslocalización de la producción hacia los países del sur, cuyas tierras dejan de parir alimentos para transformarse en fincas donde brotan los agrocombustibles, los forrajes y los postres de las naciones pudientes. Estas tierras se concentran en acaudalados terratenientes o incluso inversionistas mientras el campesino es expulsado del campo. El resto de eslabones de la cadena alimentaría (semillas, intermediación, manufactura, etc.) se concentran en pocas manos que dictan las condiciones, monopolizan los mercados, encarecen los alimentos del consumidor y ahogan al agricultor hasta su claudicación. La agricultura y la alimentación como sustentos básicos desaparecen en favor de la visión mercantilista: el fin último no es garantizar comida ni trabajo, sino hacer un buen negocio caiga quién caiga.

Este modelo basado en la exportación al mercado internacional, donde todo es susceptible de ser cotizado, comprado y vendido, no sólo es incoherente porque crea dependencia alimentaria del mercado exterior y sus precios, sino que además crea dependencia del petróleo por el transporte y porque la agricultura industrial necesita abundantes agroquímicos. Con las revueltas actuales en países como Libia, nuevamente el petróleo se encarece, lo que agudizará la crisis en los alimentos

La agricultura y la alimentación como sustentos básicos desaparecen en favor de la visión mercantilista: el fin último no es garantizar comida ni trabajo, sino hacer un buen negocio

como en 2008. Y si se añade que ‘cambio climático’ y ‘cénit del petróleo’ son cuestiones de actualidad, todavía resulta más surrealista encomendar nuestras calorías al oro negro.

El analgésico milagroso

A mediados de febrero, el Banco Mundial comunicaba que debido al incremento en los precios de la comida, el número de hambrientos se estaba acercando a los 1.000 millones, cuando los últimos datos de la FAO los cifraba en 925. Además, 44 millones de personas están franqueando el umbral de la extrema pobreza porque sus débiles economías familiares han sido desestabilizadas por los montos elevados de la comida.

La situación es gravísima, pero los precios siguen elevados y en una economía globalizada, los últimos fenómenos climáticos locales -tormentas en África, heladas en México, sequías en China, etc.- se convierten en un mundial quebradero de cabeza. Pero ojo, no se trata de un problema de escasez, y los rugidos de 1.000 millones de estómagos vacíos no son suficientes para que se dé el golpe de mesa definitivo que ponga en su sitio al mercado y a los especuladores. Se han disparado, eso sí, muchos fuegos de artificio en forma de buenas intenciones. En la reciente reunión del G-20, por ejemplo, se hablaba de una mayor transparencia en los mercados, limitación de la especulación, mejor información sobre los cultivos… en resumen, nada que no se haya oído antes y nada que no se haya quedado en nada, a pesar de que el 17 de febrero el Parlamento Europeo pidió al G-20 “(…) que se combatan a escala internacional los abusos y manipulaciones de los precios agrícolas, dado que representan un peligro potencial para la seguridad alimentaria mundial (…)”, aparte de reclamar “(…) la adopción de medidas dirigidas a abordar la excesiva volatilidad de precios (…)”.

Las propuestas a corto plazo puestas en marcha para atajar la situación están siendo tan injustas como infructuosas, porque se ha pretendido solucionar el desaguisado jugando en la cancha y acatando las reglas del juego del ente distorsionador (mercado) en lugar de enfrentando y frenando sus desvaríos. En esta dirección, por ejemplo, la FAO ha reconocido que desde julio su principal objetivo ha sido “calmar a los mercados”. Para ello, el analgésico

El Parlamento Europeo pidió que se combata a escala internacional los abusos y manipulaciones de los precios agrículas, que representan un peligro para la seguridada alimentaria mundial

estrella empleado por este organismo ha consistido en engatusar a ciertos países que habían restringido sus exportaciones -de cereales, sobre todo- para que las reanudaran rápidamente y así recuperar el flujo de la oferta que amansara los precios en el mercado internacional.

Hay que indicar que estos países exportadores cerraron sus fronteras supuestamente para garantizar comida a sus ciudadanías, primero porque las cosechas no fueron buenas, segundo porque la mejor manera de no caer en la crisis de precios internacionales es con producciones nacionales. Pues bien, algo que como mínimo es normal y hasta legítimo, ha sido considerado por muchos como la principal causa de la crisis de precios de los alimentos, porque bajo la lógica del libre mercado se estaba manipulando la oferta mundial de esa mercancía llamada comida.

Pero mientras a estas naciones se les presiona para que retomen las exportaciones y no almacenen comida para sus poblaciones, nadie se atreve a poner en tela de juicio la barbaridad de millones de toneladas de maíz estadounidense que se destinan a bioetanol (el 14% del maíz mundial). Y esto es así porque bajo el intocable prisma neoliberal que impera, los alimentos no tienen por qué alimentar estómagos, sino que son mercancías que inexorablemente deben ser cotizadas en el mercado, en donde los pujadores condicionarán los precios, porque el fin último es agrandar las ganancias y si éstas crecen con los coches, pues que sigan rugiendo los estómagos.

Pan para hoy y hambre para mañana

Desde julio se pretende “calmar a los mercados” y el fracaso ha sido estrepitoso. La restauración de las exportaciones de alimentos no apagó el fuego que siguió expandiéndose ante las noticias de cosechas menores y ante fenómenos meteorológicos que añadían zozobra a la situación.

Se pidieron concesiones a los países exportadores, que no aplacaron la crisis, y el 26 de enero, a la desesperada, la FAO lanzaba un informe con recomendaciones para que se apretaran el cinturón en este caso las naciones importadoras, entre las que se encuentran

Las recomendaciones de la FAO, como la de importar alimentor con arancel 0, debilitará las economías de las naciones más pobres, que dejarán de ingresar impuestos

mayoritariamente las pobres. El paquete de medidas se centraba fundamentalmente en un único punto: que los estados apliquen medidas económicas y comerciales para reducir el precio de los alimentos, como por ejemplo subvenciones directas, préstamos para la financiación de las importaciones, incentivos fiscales, reducción de impuestos como el IVA, reducción de los aranceles e impuestos a las importaciones de comida, insumos, maquinaría agrícola, etc. Algunas de estas recomendaciones -más cercanas a la filosofía del FMI o del Banco Mundial- fueron adoptadas durante la crisis de 2008 y algunos países las están aplicando ya. Guatemala, por ejemplo, a inicios de febrero anunció la importación de maíz con arancel cero para hacer frente al alza de precios.

Lógicamente estas medidas debilitarán las arcas de las naciones, que dejarán de ingresar impuestos o directamente subvencionarán alimentos con fondos de los presupuestos, lo que afectará a medio y largo plazo la financiación de otros programas y servicios públicos. Para las naciones que puedan tener problemas con los presupuestos y la balanza de pagos, la FAO recomienda, lea bien, que recurran a los programas del Banco Mundial y el FMI, o lo que es lo mismo, que se endeuden más para sufragar las brutales ganancias que el mercado y sus especuladores están acumulando con el alza de precios.

Como se observa y como se ha repetido hasta la saciedad en este artículo, nadie le toca un pelo al ente distorsionador situado justamente entre los países que producen y compran comida, que son a los que se les pide sacrificio y que se adapten a los caprichos del mercado, incluso comprometiendo sus cuentas. Y las clases políticas de estos países, viendo las imágenes de Egipto o Libia, no se arriesgan a que la comida sea inaccesible y están bailando claqué al son que se les indica.

Mientras se esperan nuevos datos sobre los precios de la comida, la situación empieza a ser sumamente asfixiante y podría derivar en una crisis peor que la de 2008. Por eso sobra ya la verborrea grandilocuente y urgen soluciones reales y efectivas, porque para la humanidad comer es verbo y no un sustantivo pomposo y demagógico.

Vicent Boix es escritor, autor del libro El parque de las hamacas y responsable de Ecología Social de Belianís. Artículo de la serie ‘Crisis Agroalimentaria’, ver más aquí.

Artículo original en Bottup: Comer es verbo y no sustantivo


La subida de los precios de los alimentos no tiene relación con la escasez, sino con la especulación en mercados financieros y con su utilización como agrocombustibles

Periodista ciudadano autor: Vicent Boix Editado por: Redacción Bottup

3 de febrero. Comunicado de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO): El ‘Índice para los Precios de los Alimentos’ batió un nuevo record histórico en enero de 2011. Por primera vez se situó en los 231 puntos de promedio cuando antes de 2007 nunca rebasó los 120.

Estos datos, como es lógico, han encendido las alarmas ante otra posible crisis alimentaria, aunque conviene resaltar y subrayar que no se trata de una crisis por escasez de alimentos, porque incluso en los años de déficit se cubre la demanda con las reservas, que luego, en épocas de buenas cosechas se recuperan para afrontar nuevamente los periodos de vacas flacas. El problema real es que llenar los estómagos se ha dejado en manos del mercado y de su ‘lógica’, y en una de sus piruetas, se ha originado una nueva subida vertiginosa de los precios de los alimentos que dificulta el acceso a ellos. El motivo del ascenso mayoritariamente se achaca a la volatilidad de los precios y a un desequilibrio por una mayor demanda y una menor oferta.

Aunque no existe un peligro real de escasez, los mercados actúan desesperadamente como si existiese

La reducción puntual de la oferta estalló en Rusia por las malas cosechas de trigo debido a las sequías y propiciaron el cese de sus exportaciones. Otros estados como Ucrania y Canadá también sufrieron disminuciones y restricciones, por eso, ya durante el verano de 2010, en la bolsa de futuros de Chicago el trigo sufría un incremento de precio del 60-80%. Desde entonces la tendencia alcista en los mercados se ha disparado y propagado a otros alimentos. El informe ‘Perspectivas Alimentarias’ que elabora semestralmente la FAO, en su última edición (noviembre de 2010) auguraba para este año una disminución del 2% en la producción de alimentos. Luego, Estados Unidos, Europa, Argentina y Australia anunciaron cosechas menores a las previstas. Otros hechos recientes como el ciclón en Australia, el temor de que la inestabilidad en ciertos países árabes propicie alzas en los combustibles, los cultivos arrasados por las recientes tormentas e inundaciones en varias naciones de la África austral o la alerta por sequía en el norte de China -emitida por la FAO mientras se escribe este artículo-, echan más leña al fuego generando temor en los mercados y en la sociedad.

Cada vez parece más claro que algunos de estos sucesos podrían tener su epicentro en la endémica crisis ecológica. Lester Brown, fundador del ‘Worldwatch Institute‘, escribía un artículo en la revista ‘Foreign Policy’ en el que vinculaba una menor productividad a la erosión del suelo, el agotamiento de los acuíferos, la pérdida de tierras agrícolas, el desvío de agua de riego a las ciudades, el estancamiento de los rendimientos de los cultivos en países avanzados y a eventos relacionados con el cambio climático como las olas de calor y las sequías.

Todo ello redunda en una menor oferta mientras la demanda crece, al parecer, por un mayor consumo de alimentos a nivel mundial y por un incremento en el uso de los agrocombustibles. Por lo tanto y aplicando la ‘lógica’ del mercado, los precios están ascendiendo rápidamente amenazando la seguridad alimentaria de millones de personas. Pero aún así, la contradicción es clara, porque si no existe un peligro real de escasez ¿cómo es posible que los mercados actúen desesperadamente como si existiese?

Tal vez el meollo de la cuestión estribe en que la ‘lógica’ del mercado es bastante peculiar y más cuando manos ocultas mecen la cuna de la alimentación. Alguna x se puede despejar al ver la siguiente tabla, que proporciona datos sobre los cereales, por constituir nuestra base dietética y porque propiciaron la escalada de precios actual.

2000-2001 2003-2004 2007-2008 2010-2011*
Producción Mundial

(millones toneladas)

1863,6 1883 2131,8 2216,4
Utilización Mundial

(millones toneladas)

1896,4 1955,6 2120,2 2253,8
Diferencia

(millones toneladas)

-32,8 -72,6 11,6 -37,4
Reservas

(millones toneladas)

610 420 444,6 512,5
Índice de la FAO para el Precio de los Alimentos 93

(2001)

112

(2004)

185

(2008)

231

(Enero 2011)

Desnutrición

(millones de personas)

833 840 910 (2008)

1025 (2009)**

-

Fuente: Confeccionada con datos FAO. (*) Previsión. (**) Valor condicionado por la crisis de precios de 2007-2008.

Como se observa, no ha existido riesgo de escasez en la última década y las reservas existentes para 2011 garantizan comida incluso con un déficit 13 veces mayor al actual, cuantificado en 37,4 millones de toneladas. No obstante, la conclusión más llamativa y sorprendente es la inexistente relación aparente entre la cantidad real de cereales y los precios según el índice de la FAO. El periodo 2003-2004 fue el que tuvo un mayor déficit y unas reservas menores, pero los precios fueron más bajos que desde 2007. Incluso en 2008-2009 (no aparece en la tabla), que la producción fue mucho mayor que la utilización permitiendo que ascendieran las reservas, el índice de precio de los alimentos de la FAO estuvo por encima de periodos de mayor ‘escasez’ como en 2000-2004. Otra conclusión es que la desnutrición, proporcionalmente guarda más relación con los precios que con los volúmenes de cereales. Hay más hambre por la crisis de precios de 2007-2009 que en 2003-2004, cuando hay disponibles menos cereales.

Rarezas similares acaecen también con el azúcar, que ha sido el alimento más golpeado por la subida de precios provocando racionamientos en Portugal y protestas en países como Bolivia o Argelia. Una vez más se habla de cosechas mermadas, pero la FAO estima para 2011 un aumento de un 7,75% en la producción, lo que permitirá superar la demanda por primera vez en tres años. Otros relacionan el alza de precios con la reducción, respecto a la campaña anterior, del contingente de azúcar destinado a la exportación. Sin embargo, esa reducción -de 2,7 millones de toneladas- supone el 1,6% de la producción total mundial, por tanto, ¿puede explicar los espectaculares y prohibitivos incrementos de los precios del azúcar?

El papel que juegan los grandes inversores institucionales influyendo en los índices de precios de las materias primas con sus movimientos en los mercados de derivados

No hay duda de que los recovecos del ‘Dios mercado’ son insondables, pero aún así, estos embrollos mercantiles tienen explicaciones más profanas, como se vislumbra en ciertos párrafos de una Resolución aprobada por el Parlamento Europeo el pasado 18 de enero: “…estos acontecimientos están sólo en parte provocados por principios básicos del mercado como la oferta y la demanda y que en buena medida son consecuencia de la especulación (…) los movimientos especulativos son responsables de casi el 50 % de los recientes aumentos de precios (…)”. En la misma resolución la Eurocámara también respaldaba “(…) las conclusiones del Relator Especial de las Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación en relación con el papel que juegan los grandes inversores institucionales, como por ejemplo los fondos de alto riesgo, los fondos de pensiones y los bancos de inversiones -todos ellos por lo general sin interés alguno en los mercados agrícolas-, influyendo en los índices de precios de las materias primas con sus movimientos en los mercados de derivados”.

En un tema determinante como el agroalimentario, el Parlamento Europeo, aparte de repudiar la especulación, también remarcaba aspectos tan urgentes como el de la equidad en la cadena de suministro y la incorporación de jóvenes a la agricultura. Es curioso, por tanto, que se desvíe la atención de los problemas principales, aunque no extraño si se tienen en cuenta los intereses creados. Incluso la FAO, antes de la escalada de precios actual, veía con buenos ojos a los especuladores y decía que intervenir el mercado “(…) podría alejar a los especuladores y esto disminuiría la liquidez disponible en el mercado para garantizar su cobertura“. El tiempo dejó en mal sitio a este organismo, porque la volatilidad provocada por maniobras especulativas ha obligado a los países pobres a gastar entre un 11-20% más de capital para importar alimentos y la factura mundial podría superar el billón de dólares.

Aunque la oscilación entre oferta y demanda no es el principal motivo en esta crisis de precios, sí que incide para cubrir la dotación de algunos estados que dependen de ciertas importaciones. En esa dirección se afirma una y otra vez, que cosechas peores contrajeron la oferta y la demanda subió porque creció el consumo humano de alimento y el consumo vehicular de combustible. Generalmente, se tiende a equiparar ambos aumentos aunque injustamente. Se dice, por ejemplo, que trepó el consumo de carne per cápita. Y es cierto, porque entre 2005-2010 ascendió en 2,3 kg/año por persona. Teniendo en cuenta una población de 7.000 millones de habitantes, dicho crecimiento del consumo resultaría ser de 16,1 millones de toneladas, pero también la producción en ese periodo aumentó en 16,5 millones de toneladas. Por tanto la demanda fue equilibrada con la producción, como también sucedió con los cereales:

2005-2006 2010-2011* Diferencia Incremento
Producción (millones toneladas) 2050,3 2216,4 166,1 8,10%
Consumo humano (millones toneladas) 986,5 1056,6 70,1 7,10%
Consumo pienso (millones toneladas) 747,2 764 16,8 2,24%
Consumo otros (millones toneladas) 299,8 433,2 133,4 44,49%

Fuente: Confeccionada con datos FAO. (*) Previsión.

Mientras el incremento del consumo humano y pienso asciende armónicamente con el aumento de la producción, resulta muy pronunciado el de ‘otros’ (sobre todo maíz, para la producción de bioetanol). Sólo en USA, durante 2010, se destinó el 35% de maíz al consumo nacional de bioetanol como agrocombustible. El dato es importante porque dicha potencia cosecha el 40% de la producción mundial, lo que significa que sólo con datos de USA, el 14% del maíz mundial se dedicó a la alimentación de coches.

Con ello, lógicamente, podrían tener problemas los países que dependan de las importaciones estadounidenses de maíz. México por ejemplo, es un caso paradigmático sobre todo tras la firma en 1994 del Tratado de Libre Comercio con USA. Fruto del mismo se desmantelaron los aranceles y se toleró la entrada de maíz estadounidense, que al estar subsidiado era más barato que el nacional, lo que desplazó a los campesinos locales y fomentó la dependencia. Pero, con la irrupción y promoción del bioetanol en USA aumentó la demanda en dicho país, aflorando los problemas de abastecimiento y precios en México hasta desembocar, en diciembre de 2006, en la denominada ‘Crisis de las Tortillas‘ que sería la antesala de la crisis mundial de precios de 2008. Es así como USA, primero creó la subordinación alimentaria y luego abandonó a México a la suerte de un mercado agrícola abducido por los depósitos de coches.

En 2010, el 14% de la producción mundial (el 35% de la producción de EEUU) se dedicó a la alimentación de coches, a agrocombustibles

Este tipo de cultivos pueden influir de esta manera, y lo peor es que la amenaza no es exclusiva del bioetanol, sino que se extiende también al otro agrocombustible: el biodiesel. La FAO vaticina en ‘Perspectivas Alimentarias‘ que la producción de éste representará al menos la mitad del aumento del consumo de aceite vegetal y “(…) es probable que los objetivos cada vez más ambiciosos de producción y consumo de biodiesel afecten considerablemente a la disponibilidad y el comercio de los aceites vegetales destinados al consumo humano y a otros usos tradicionales”.

Por lo tanto, podrían tener más problemas los países que dependan de ciertas importaciones concretas, pero en general los tendrán aquellos que con el tiempo han descuidado su autosuficiencia en detrimento de un mercado internacional que no entiende ni de ética ni de inanición. Muchas fueron las naciones que dejaron de lado su soberanía alimentaria para fomentar a bombo y platillo cultivos exóticos y materias primas destinadas al supermercado global. Con palmaditas en la espalda les dijeron que los alimentos los podrían comprar en ese mismo supermercado, que está groseramente oligopolizado por intermediarios, especuladores, transnacionales, etc. Y así nos va.

Para finalizar, no hay duda de que el planeta tiene un reto con el actual crecimiento demográfico y la capacidad futura de proporcionar alimentos y recursos a toda la raza humana. Que se haya resaltado que la crisis actual no es de escasez, no significa que este artículo justifique el despilfarro de recursos agroalimentarios, más bien lo contrario. Se pretende ante todo denunciar la especulación en los mercados de futuros, cuestionar el mercado como centro del universo y debatir el papel de la alimentación como una mercancía globalizada, sujeta a cotizaciones que suben y bajan según ofertas y demandas. En un mundo incapaz de toser al ‘Dios mercado’, tal vez no quepa otra ‘lógica’… salvo la lógica aplastante del estómago vacío, de la barriga hinchada y de una ciudadanía cabreada de encajar una crisis tras otra.

Vicent Boix es escritor, autor del libro El parque de las hamacas y responsable de Ecología Social de Belianís

Artículo de la serie ‘Crisis agroalimentaria’, ver más aquí.

Artículo original en Bottup: Otra crisis alimentaria y al ‘Dios mercado’ no hay quien le tosa


El colectivo del ‘Patio Maravillas’ organiza una cabalgata-manifestación ‘india’ contra el “rostro pálido” Gallardón, a quien acusan de vender el patrimonio público de la capital para saldar su deuda

Redacción Bottup

Una miembro del colectivo protestando frente al Ayuntamiento de Madrid

Una miembro del colectivo protestando frente al Ayuntamiento de Madrid

“El próximo miércoles 5 de Enero, los indios rebeldes de la ciudad celebraremos que Malasaña no se vende, que con Madrid no se especula”. Fu el grito de guerra que lanzaron los miembros del Patio Maravillas (C/ Pez, 21. Madrid).

Este centro social ocupado, que ese día celebra el primer aniversario del desalojo de su lugar inicial (C/ Acuerdo, 8), propuso a todos los vecinos de la capital acudir a la plaza 2 de Mayo a las 18 horas a una “cabalgata india” disfrazados con plumas y tambores para denunciar la venta de patrimonio público por parte del Ayuntamiento de Madrid.

Como asegura el colectivo en un comunicado difundido por Internet, “hace unas semanas nos enteramos de que el Ayuntamiento de Madrid pretende vender una buena parte de su patrimonio público para intentar paliar la enorme deuda que tiene”. Una deuda “contraída después de gastar enorme cantidades de dineros en infraestructuras pensadas para convertir la ciudad en un escaparate agradable al capitalismo financiero”.

Convocaron a los vecinos de Madrid a acudir disfrazados de indios a la Plaza del Dos de Mayo el día 5 a las 18 horas

Tal y como denuncian los miembros de este colectivo social, “primero gastan nuestro dinero en cosas que no necesitamos, después se endeudan a costa de esas cosas y ahora pretenden vender el poco suelo público que queda en la ciudad”. Suelo que, una vez vendido, “se convertirá en viviendas para seguir alimentando la dinámica de la deuda. Edificios que estaban planificados para ser dotaciones sociales o viviendas de protección oficial”.

Es por ese motivo que, como anunciaron, “nos hemos puesto las pinturas de guerra, hemos sacados nuestras plumas y nos hemos lanzado a la calle a bailar la danza de guerra”. “El próximo 5 de Enero, los indios rebeldes de la ciudad celebraremos que Malasaña no se vende, que con Madrid no se especula. Para recordar que Gallardón habla con lengua de serpiente, y que ya no creemos las mentiras del rostro pálido que se sienta en el ayuntamiento”.

_______________________________________________________________

Esta actividad se enmarca dentro de la campaña “Haz el indio contra el expolio de la ciudad” que arrancó el pasado 28 de diciembre con el concierto de Pijama Big Band y termina el sábado 15 de enero con un encuentro sobre huertos urbanos. Consultar el cartel de actividades.

Artículo original en Bottup: Desenterrada el hacha de guerra contra la venta de patrimonio público en Madrid


REPORTAJE / ¿Por qué han aumentado los precios de los alimentos? Los agrocombustibles, la especulación con la materia prima comestible, el dumping y tratados de libre comercio destruyen cultivos, empobrecen campesinos y hacen inasequibles alimentos

Periodista ciudadano autor: Vicent Boix Bornay Editado por: Redacción Bottup

Especulando que es gerundio

El pasado septiembre, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), anunciaba en un comunicado de prensa que 925 millones de personas en el mundo sufrían hambre. Aunque se ha logrado descender de los 1023 millones contabilizados en 2009, la actual cifra sigue siendo “inaceptablemente alta”, según la propia organización. Entre los factores que influyeron para este significante descenso, la FAO destaca el crecimiento económico en algunos países y la reducción en los precios de los alimentos.[1]

“A finales de 2009, las reservas de cereales se habían recuperado, las exportaciones eran más adecuadas y el precio del petróleo había descendido, entonces, ¿por qué seguían los precios elevados?”

Aún así y a pesar de las buenas noticias, nada está siendo como antes de la crisis alimentaria de 2008. La propia FAO advertía en diciembre de 2009 que los alimentos mantenían precios elevados. Según una escala que confecciona esta institución, en noviembre de 2009 el índice de precios de los alimentos mantuvo una media de 168 puntos. Este nivel fue un 20% inferior al máximo histórico de junio de 2008, cuando la crisis mundial en los precios estaba en pleno apogeo. Sin embargo, antes de 2007, este valor nunca superó los 120 puntos, y durante la mayor parte del tiempo se mantenía por debajo de los 100. Estas cifras indican claramente que, en los últimos años, los alimentos han experimentado incrementos espectaculares en sus precios que amenazan la seguridad alimentaria de millones de personas.

La FAO, fiel a los intereses de quienes controlan los recursos agrícolas para enriquecerse, enumeró los factores que a su juicio ocasionaron la subida. Por ejemplo, dicha organización justificó que el aumento en 2007 y 2008 fue inducido por las malas cosechas, la reducción de las reservas mundiales de cereales, el alza en los precios del petróleo y el desvío de cultivos para alimentar depósitos de coche en detrimento de los estómagos humanos (agrocombustibles). También por las restricciones a la exportación impuesta por algunos países cuando estalló la crisis de los precios, la debilidad del dólar y la especulación en los mercados financieros.[2]

A finales de 2009, por el contrario, las reservas de cereales se habían recuperado, las exportaciones eran más adecuadas y el precio del petróleo había descendido, entonces, ¿por qué seguían los precios elevados?

Como muchas organizaciones y muchos expertos han indicado, dos de las causas señaladas por la FAO serían el detonante que ha empujado a la humanidad a una etapa de alimentos caros: los agrocombustibles y la inversión en los recursos agrícolas.

La organización GRAIN cita que el dinero especulativo en alimentos, creció de los 5.000 millones de dólares en 2000 a los 175.000 en 2007. Numerosas fuentes bibliográficas informan que inversores y empresas han especulado en la compra de tierras y cosechas, ya que dicha actividad genera espectaculares dividendos.[3]

La especulación con los alimentos (que se multiplicó por 35 desde 2000 a 2007) hizo que e trigo aumenara su precio un 60-80% en agosto y que los países más pobres deban gastar un 8% más en comprar alimentos

La FAO es consciente de este fenómeno. En junio reconocía la influencia de la especulación en alimentos en la crisis de 2008, pero a la vez indicaba que …limitar o prohibir los mercados especulativos puede traer más inconvenientes que ventajas”.[4]

En los meses de agosto y septiembre de 2010, en la bolsa de futuros de Chicago (el principal nido de especuladores) el trigo sufría un incremento del precio de un 60-80% respecto al mes de julio. Al parecer, algunos ‘brokers’ vieron una oportunidad de oro en la prohibición de las exportaciones de trigo en Rusia y la escasez en otros países como Ucrania y Canadá. Las multinacionales alimentarias también reaccionaron ante el temor de la escasez. Por eso realizaron contratos de futuros y acapararon toneladas de trigo.

Los precios, lógicamente, subieron, y los países de África exigieron a la FAO soluciones en la volatilidad de los mismos. El aumento del 30% en el precio del pan originó en Mozambique disturbios que han dejado varios muertos.[5] Todavía no son más noticia que los exabruptos de Mourinho y las cantinelas de Belén Esteban, pero todo es cuestión de tiempo. El maíz también se ha incrementado un 40%, el arroz un 7% y esta tendencia alcista, de seguir, podría arrastrar a otros alimentos básicos y materias primas como los piensos. Esta volatilidad obligará a los 77 países más pobres del mundo a gastarse un 8% más de dinero en comprar alimentos. Más pulgas para los perros flacos.[6]

Por otro lado, el café tampoco se ha escapado de esta vorágine especuladora. A finales de septiembre, la ONG española ESPANICA[7] -que importa café de comercio justo desde Nicaragua- informaba a sus socios que los precios internacionales del café estaban creciendo debido a que los grandes operadores se estaban aprovisionando de cantidades importantes de grano. Es posible que este acopio de café sea para introducirlo posteriormente al mercado, reduciendo los precios a niveles de hambre y ahogando a millones de agricultores y pequeños competidores.

A pesar de todo, diversos expertos de países miembros de la FAO, reunidos también a finales de septiembre, reconocieron que “las malas cosechas inesperadas en algunos de los principales países exportadores, seguidas de medidas políticas a nivel nacional y las maniobras especulativas, han sido los principales factores detrás de la escalada reciente de los precios mundiales y de la elevada volatilidad presente, más que las leyes del mercado global”. Los expertos se comprometieron a “explorar enfoques

Desde la FAO y la Comisión Europea se asegura que hay disponibilidad de alimentos, reservas suficientes. Aún así, los precios de los alimentos continúan ascendiendo

alternativos para mitigar la volatilidad”, y miraron de reojo al todopoderoso ‘Dios Mercado’, pero ni le tosieron y, es más, lo excusaron.[8]

En octubre de 2010, la situación de los precios provocó un ligero cambio de planteamientos. El Comité de Seguridad Alimentaria de la FAO demandó “…actuar de forma urgente en cuestiones clave relacionadas con la seguridad alimentaria y la nutrición, como la tenencia de la tierra y las inversiones internacionales en agricultura, la volatilidad de los precios de los alimentos…” y pidió examinar “las causas y consecuencias de la volatilidad de los precios alimentarios, incluyendo las prácticas que distorsionan el mercado y los vínculos con los mercados financieros…”[9]

Desde la FAO y otros estamentos como la Comisión Europea, alegan que una crisis como la de 2008 queda lejos. Afirman que hay disponibilidad, que hay reservas suficientes, e incluso la FAO señala que la previsión en la producción mundial de cereales para 2010 podría ser la tercera mayor registrada hasta hoy.[10] Pero aún así y a pesar del optimismo, los precios de los alimentos están ascendiendo por más valeriana que inyecten desde Bruselas y Roma.

A principios de noviembre de 2010, en el Estado español, alguna marca de pasta ya comunicó aumentos del 15% para inicios de 2011, como consecuencia de la subida del precio del trigo. Los supermercados y distribuidores, dueños y señores de la cadena alimentaria, también han vaticinado incrementos en los precios de ciertos productos.[11]

Por eso en épocas de crisis, tocará rascarse más si cabe el maltrecho bolsillo o comer directamente piedras del río, mientras esperamos las “exploraciones de enfoques alternativos para mitigar la volatilidad”, que están realizando algunos afortunados burócratas de la FAO, que seguramente devengarán salarios astronómicos que evitarán cualquier sufrimiento a la hora de llenar sus frigoríficos.

Multinacionales, inversores, bancos y ‘brokers’ seguirán siendo los amos del cotarro, caiga quién caiga, adelgace quién adelgace

Las colmadas reservas y las soberbias cosechas, ya no sirven para aplacar la voracidad y la avaricia de unos pocos a los que no les importa que la gente muera de inanición. Los estamentos públicos en todas sus dimensiones y galaxias, tampoco están dispuestos a frenar las prácticas criminales del ‘Dios Mercado’ y mucho menos a separar la agricultura y la alimentación de toda depravación mercantilista. Multinacionales, inversores, bancos y ‘brokers’ seguirán siendo los amos del cotarro, caiga quién caiga, adelgace quién adelgace.

Es por eso que seguirán teniendo la culpa las malas cosechas, aún cuando no hay malas cosechas. También los países que limitan sus exportaciones en momentos de riesgo, aunque eso es lo que harían todos si pudieran. Porque resulta más práctico mirar a otro lado y echar balones fuera, que incentivar una soberanía alimentaria que garantice alimentos de calidad y reactive el tejido rural en cada ciudad, nación, estado o continente.

El control de los recursos agrícolas

El suculento negocio de los agrocombustibles fue señalado como otra de las causas principales del alza de precios en la comida en el año 2008. Jean Ziegler, el ex relator especial de la ONU para el derecho a la alimentación, llegó a afirmar que Es un crimen de lesa humanidad quemar alimentos para generar agrocombustibles.[12]

Jean Ziegler: “Es un crimen de lesa humanidad quemar alimentos para generar agrocombustibles”

La cuestión principal es que millones de hectáreas en el mundo -especialmente en los países del sur- ya no satisfacen las necesidades alimentarias de sus pueblos, sino que se han transformado en factorías para cultivar productos destinados a los países económicamente ricos. Los agrocombustibles, porque han supuesto la más reciente vuelta de tuerca, pero no hay que olvidar que existen otros productos como la soja que acaba de forraje para el ganado, el algodón, el café, el azúcar, flores y decenas más de productos agrícolas que se producen en países pobres, bien porque sólo pueden brotar en ciertos climas o bien porque es más rentable producirlos en dichos lugares.

El tinglado hoy en día se mantiene. Con la crisis de los precios millones de personas soportaron hambre, mientras unas pocas transnacionales de granos, productos agroquímicos, semillas, agroexportadoras, así como grandes cadenas de supermercados y especuladores, lograron en 2007 y siguen generando ahora, extraordinarios beneficios gracias a que conforman oligopolios y controlan toda la cadena productiva.[13]

Para visualizar de una forma más gráfica cómo estas grandes compañías siguen logrando bienes mientras la gente sufre inanición, expondré un sencillo ejemplo de una de las compañías más controvertidas que existen: Monsanto.

Para ello nos remontaremos al año 2008, en el que se produjo también una importante subida en los precios de los insumos químicos destinados a la agricultura. Como es lógico deducir, este hecho originó que muchos agricultores prescindieran de ellos, lo que en algunos lugares acarreó un descenso en su producción. Lógicamente, una menor oferta sumada a un incremento en los costes de producción, redundó en el aumento del precio de los cultivos. En esos días, se atribuyó esta subida de los agroquímicos al incremento del valor del petróleo, la movilidad del dólar, la crisis en USA, etc.

Sin embargo, la realidad pudo ser otra. En febrero de 2008, Monsanto ya pronosticaba para dicho año la ampliación en el beneficio bruto por la venta de Roundup (su herbicida estrella) que oscilaría entre los 1.300 y 1.400 millones de dólares, …respaldado por el aumento de los volúmenes y los precios a nivel mundial.”.

De 2007 a 2008, el galón (1 galón = 3,785 litros)[14] de Roundup pasó de 13 dólares a 20 y se duplicó el beneficio bruto total por la venta de este producto.[15] Paralelamente, a mediados de 2008 el precio del

Con la crisis de los precios de los alimentos millones de personas pasan hambre, mientras que multinacionales, agroexportadores, supermercados, etc., logran espectaculares beneficios

petróleo descendía, pero en el mismo informe, la previsión que hacía la transnacional para 2009 era seguir aumentando el precio del galón del herbicida. Tal era ese ascenso, que la perspectiva era obtener más dividendos que en 2008 aún vendiendo menos volumen de Roundup, con lo cual, mientras muchos pasaban hambre otros llenaban sus cuentas bancarias. No fueron los únicos.

Según un informe de GRAIN fechado en abril de 2009, “…las ganancias de Nestlé de 2008 subieron un impresionante 59 por ciento, y el incremento de Unilever se acercó al 38 por ciento (…). Los beneficios del cuarto trimestre de 2008 para el gigante minorista más grande del mundo, Wal-Mart, disminuyeron ligeramente, lo cual no sorprende dada la profunda recesión que afecta a los EE.UU. Aún así rastrilló 3.800 millones de dólares durante ese período”.

Beneficios para algunas de las compañías de semillas/pesticidas más grandes del mundo
Compañía Beneficios 2008 (millones de US$) Aumento respecto a 2007 (%)
Monsanto 2.926 120
Syngenta 1.692 19
Bayer 1.374 40
Dow 761 63
BASF 894 37

Fuente: GRAIN[16]

Estos beneficios se explican en parte por el control casi monopólico que ejercen. Según el grupo ETC en su informe ‘¿De quién es la naturaleza?‘ (publicado en noviembre de 2008), el 67% del comercio mundial de semillas era manejado en 2007 por 10 grandes multinacionales (DuPont, Syngenta, Limagrain Bayer, etc.). Sólo Monsanto detentaba casi el 25%.

El 67% del comercio de semillas está en manos de 10 multinacionales, 10 empresas controlan el 89% del comercio de agroquímicos, 6 de ellas participan en el negocio de las semillas

De acuerdo con la misma fuente, 10 empresas controlan el 89% del comercio de agroquímicos (Bayer, Syngenta, Dow, Monsanto, etc.). De ellas, las seis más poderosas también participan del negocio de las semillas. Además el 26% del mercado mundial de comestibles empaquetados también es colmado por 10 transnacionales (Nestle, Pepsico, Kraft, Coca-cola, Unilever, Danone, etc.).[17]

Hace 30 años que Frances Moore Lappé y Joseph Collins escribieron el magistral libro ‘Comer es primero. Más allá del mito de la escasez’.[18] Con suma destreza y desatando una impresionante tormenta de datos y bibliografía, los autores van desmontando las premisas oficiales que durante esos años intentaban explicar la creciente hambruna en muchos países del mundo.

Haciendo gala al propio título, el libro combate con tesón la idea de que la escasez de alimentos es el motivo del hambre y el subdesarrollo. De esa forma, Moore Lappé y Collins van argumentando poco a poco que la causa del desasosiego en muchos estados del sur es el control por parte de unos pocos de los recursos agrícolas, entendidos éstos como la tierra, los insumos, las semillas, el comercio, la distribución y, en general, cada uno de los eslabones de la cadena alimentaria.

La conclusión más amarga tras leer esta investigación, es que hoy nada ha cambiado y se profundiza en los mismos esquemas que antaño, como bien se puede visualizar con los balances económicos que se desgranaban más arriba y que acaecieron justo en un periodo de crisis alimentaria de proporciones mundiales que dejó a millones de personas hambrientas.

La agricultura tradicional y el intermediario feroz

Se han ofrecido datos de la influencia de la especulación en los precios de los alimentos. También sobre el control que ejercen algunas transnacionales en algunos recursos agrícolas y los beneficios que acarrea dicho oligopolio. Se ha visto como algunas empresas alimentarias también ganaron sumas ingentes en periodos de hambre. Y en este punto nos centraremos un poco más en este aspecto del comercio de los alimentos.

El principal problema de los campesinos es que los intermediarios ejercen el control sobre el comercio de los alimentos y son los que imponen los precios y las características de los cultivos

Aquellos campesinos y agricultores que no cultivan para subsistir o no venden en mercados locales, tienen que luchar por su porción de pastel dentro del supermercado global. Eso conlleva acatar las condiciones de aquellos que especularán con sus cultivos y/o que comprarán sus productos (intermediarios, transnacionales agroexportadoras, ciertos minoristas, centros comerciales, supermercados, etc.).

El principal problema que enfrenta el campesino es que estos intermediarios, transnacionales, etc., ejercen un control sobre el comercio de los alimentos y son los que imponen los precios y las características de los cultivos. Estamos pues ante otro eslabón de la cadena alimentaria, dominado una vez más por un oligopolio que establece los parámetros sin medir las consecuencias.

Estos productos que son literalmente ‘robados’ al agricultor, luego multiplican su valor en las estanterías de comercios y supermercados. En España, la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) y las organizaciones de consumidores, UCE y CEACCU, elaboran periódicamente el Índice de Precios en Origen y Destino de los Alimentos. En el último estudio correspondiente al año 2009, se denunciaba que los alimentos multiplicaban por cinco su valor, desde el agricultor al consumidor. Se descubrieron casos extremos como el de la zanahoria, que era pagada al campesino a 0,08 euros y se vendía luego a 0,98. [19]

Se ha llegado a este extremo porque la distribución ha quedado en manos de un puñado de intereses que imponen sus condiciones. En España, en el año 2005, el 90% de la venta de alimentos estaba controlada por la distribución moderna y es más, el 75% del total lo manejaban cinco supermercados y dos centrales de compra. Esta concentración de la oferta creció en la medida que cerraban sus puertas más de 70.000 tiendas tradicionales en la última década.[20] Cifras similares se repiten en otros países. En Suecia en el año 2000, tres distribuidores modernos acaparaban el 95,1% de la venta de alimentos. En Dinamarca eran seis los que controlaban el 63,8%. En Argentina tres conseguían una cuota del 45,3% y en Chile tres más obtenían un 39,6% del total.[21]

Este fenómeno del intermediario es bien conocido a nivel mundial. En julio de 2004 pude asistir al IV Foro Mesoamericano por la Diversidad Biológica y Cultural, celebrado en el municipio salvadoreño de Carolina. Durante varios días pude entrevistar a agricultores y expertos de Panamá, Costa Rica, Nicaragua, México,

En España el valor de los alimentos se multiplica por 5 desde el agricultor al consumidor. 5 supermercados y dos centrales de compra manejan el 75% de la distribución, mientras 70.000 tiendas han cerrado en la última década

Honduras, El Salvador, etc. Todos ellos reconocieron el problema del intermediario (conocido también como ‘el coyote’) y la inexistencia de financiación para sus cultivos, junto a una tercera causa: la entrada de los excedentes de los países del norte, que al estar subsidiados compiten y desplazan la producción local (dumping).

Luis Sabini[22] plasma perfectamente los devastadores efectos de este tipo de medidas, en su artículo ‘La crisis mundial de las producciones locales‘.[23] Según datos de Hernán Pérez Zapata[24] (cit. p. Luis Sabini), Colombia antes podía auto abastecerse de su propio trigo hasta que el estadounidense fue invadiendo sus mercados. En 1966 el país sudamericano producía 160.000 toneladas e importaba 120.000 toneladas. En 1990 cultivaba 20.000 e importaba 1.200.000. En el 2004, la importación superó 1.800.000 toneladas.

En México, la Confederación Nacional Campesina, denunció que varios años después de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte “…sólo quedan 5 mil 200 productores de arroz en todo el país, cuando hace una década eran casi 30 mil, y si antes se sembraban unas 250 mil hectáreas, la superficie actual apenas llega a 70 mil.” y “…el campo mexicano presenta daños más graves que los producidos por huracanes, ya que en el caso del arroz se han importado 7 mil millones de toneladas y un 80 por ciento del grano que se consume en el mercado nacional. El cultivo del cereal estuvo a punto de desaparecer y ahora, en similar riesgo están los productores de maíz, frijol y caña de azúcar, ante la apertura total en 2008…”.[25]

Este fenómeno de las importaciones excedentarias subsidiadas favorecidas por la rebaja en los aranceles es catastrófico, porque extermina a millones de agricultores que no pueden competir, aunque sería injusto circunscribirlo en una sola dirección, norte – sur.

Más que nada porque muchos terratenientes, distribuidores e inversionistas han acaparado tierras en los países del sur, y han deslocalizado ciertos cultivos, ya que pueden obtenerlos más baratos. Hacendados y aristócratas de naciones pobres también han entrado en esta dinámica y venden grandes cantidades de cultivos a intermediarios del norte. De esta forma, estos alimentos cultivados en el sur por grandes intereses,

Los países del norte introducen alimentos subsidiados a menor precio que los del propio país, además sin pagar aranceles, gracias a tratados como el ALCA entre Estados Unidos y países de Sudamérica

viajan hacia las estanterías de las naciones del norte, y como son más competitivos desplazan a sus agricultores hasta llevarlos a la ruina. Campesino del norte, jaque mate.

Los pequeños agricultores de los países del sur antes generaban sus alimentos, pero fueron abatidos por las importaciones subsidiadas entre otros motivos. Ahora las tierras de estos países cultivan para exportar productos exóticos sobre todo. Estas naciones, una vez aniquilados sus agricultores, dependen de las importaciones de alimentos, que pueden estar peligrosamente encarecidas si los ‘brokers’ deciden jugar un poco. Quienes no puedan aceptar las condiciones del intermediario ni competir con las importaciones subsidiadas, deberán abandonar la tierra y buscar otra manera de subsistir. Campesino del sur, jaque mate.

Por eso, millones de agricultores abandonan la tierra cada año y ésta acaba concentrándose cada vez en menos manos. España, con cifras del último censo agrario disponible (año 1999), había perdido en una década más del 21% de las explotaciones agrarias, mientras la superficie utilizada y labrada ascendían.[26] En la Unión Europea desaparecieron cerca de 500.000 explotaciones agrarias entre 2005 y 2007.[27] En Reino Unido, desde 1965 hasta 1995 se desvanecieron más de 200.000.[28] Argentina, en 1988 albergaba 421.221 explotaciones y pasó a 333.533 en 2002, según los Censos Nacionales Agropecuarios elaborados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos de la República.[29] Según el Servicio de Estadística Agrícola Nacional, entre los años 1964 y 2007, Estados Unidos dilapidó aproximadamente el 40% de sus explotaciones, incrementándose a la vez el tamaño medio de éstas.[30]

Entre 1994-1996, la agricultura acogía al 47% de la población económicamente activa a nivel mundial, cifra que en 2006 descendió a un 42% según la FAO. En el mismo intervalo de tiempo, la población rural disminuyó del 55% del total al 51%. Según datos de la misma organización y también en dicho periodo, el comercio internacional agrícola se incrementó considerablemente en todo el planeta. Las importaciones pasaron de 449.000 millones de dólares a 746.000 y las exportaciones de 432.000 a 721.000.[31] Estos números indican claramente que, comercio internacional y desarrollo no van precisamente cogidos de la mano, porque se repite y se profundiza en el modelo que Moore Lappé y Collins denunciaron hace tres décadas.

Fuentes del artículo:
[1] FAO: ‘925 millones de personas sufren hambre crónica en el mundo‘, Roma, 14 de septiembre de 2010.
FAO: ‘1.020 millones de personas pasan hambre‘, Roma, 19 de junio de 2009.
[2] FAO: ‘Los precios de los alimentos vuelven a subir‘ Roma, 9 de diciembre de 2009.
[3] GRAIN: ‘El negocio de matar de hambre‘, abril de 2008.
[4] FAO: ‘Los mercados de futuros necesitan algún tipo de regulación‘, Roma, 23 de junio de 2010.
[5] ZARAGOZA, J.L: ‘Cereales por las nubes‘, en Levante suplemento EMV, Valencia, 12 de septiembre de 2010, pag 1 y 2.
[6] FAO: ‘La volatilidad de los precios amenaza a la seguridad alimentaria‘, Roma, 24 de septiembre de 2010.
[7] ESPÁNICA
[8] FAO: ‘La volatilidad de los precios amenaza a la seguridad alimentaria‘, Roma, 24 de septiembre de 2010.
[9] FAO: ‘El CSA pide actuar contra el hambre y el alza de precios de los alimentos‘, Roma, 19 de octubre de 2010.
[10] FAO: ‘La volatilidad de los precios amenaza a la seguridad alimentaria‘, Roma, 24 de septiembre de 2010.
[11] BERENGUERAS, J.M.: ‘La escalada de las materias primas obligará a los súper a subir precios‘, en Diario Mediterráneo, Castellón, 2 de noviembre de 2010.
[12] Entrevista a Jean Ziegler, UITA, 19 de marzo de 2008.
[13] GRAIN, op cit.
[14] 1 galón = 3,785 litros.
[15] Monsanto Increases Full-Year 2008 Ongoing Earnings per Share Guidance Based on Strong Demand for Seeds and Traits, Roundup and Other Glyphosate-Based Herbicides.
[16] GRAIN: ‘Las corporaciones siguen especulando con el hambre‘, abril de 2009.
[17] ETC: ‘¿De quién es la naturaleza?‘, noviembre de 2008.
[18] MOORE LAPPÉ, F. y COLLINS, J.: Comer es primero. Más allá del mito de la escasez’, Siglo XXI Editores, México, 1982.
[19] COAG: ‘A pesar de unos precios más bajos al consumidor, la diferencia origen-destino aumenta un 9% en el último año y roza el 500%‘, 14 de enero de 2010.
[20] Observatorio de la Alimentación (MARN), Cit. por F. García y G. Rivera: ‘Supermercados no gracias’, Icaria Editorial, Barcelona, noviembre de 2007.
[21] Planells, J.M., Mir J., 2000. Cit. por F. García y G. Rivera: ‘Supermercados no gracias’, Icaria Editorial, Barcelona, noviembre de 2007.
[22] Periodista, editor de la revista Futuros, coordinador del seminario de Ecología y DD.HH. de la cátedra de DD.HH. de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
[23] SABINI, L.: ‘La crisis mundial de las producciones locales‘, 23 de mayo de 2005.
[24] PEREZ, H.: ‘La seguridad alimentaria frente al ALCA-TLC’, presentación en el Seminario de Seguridad Alimentaria, realizado en Armenia, Colombia, 2003.
[25] INFODEMEX: ‘A 10 años del Tratado de Libre Comercio perdió la autosuficiencia arrocera’, en Argenpress, 1 de agostote 2005.
[26] Censo agrario de 1999 del INE.
[27] Estadísticas de agricultura de la Unión Europea 2007-2009.
[28] GALA, R.: ‘Agriculture without farmers‘, Institute of Science in Society, 6 de julio de 2005.
[29] Censos agropecuarios del Instituto Nacional de Estadística de la República de Argentina.
[30] Servicio de Estadística Agrícula Nacional de Estados Unidos.
[31] Estadísticas de la FAO 2007-2008 sobre población rural y actividad agrícula

Artículo original publicado en Bottup: Hacia una nueva crisis alimentaria