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Ocho mitos sobre la crisis alimentaria actual, cuando el número de ‘hambrientos’ llega a los 1.000 millones, alejándonos de los Objetivos del Milenio

Periodista ciudadano autor: Vicent Boix Editado por: Redacción Bottup

Antecedentes

Un accidente nuclear, unos bombardeos de la OTAN y un Bin Laden después, y sigue subiendo el número de hambrientos. De hecho, desde el verano pasado los precios de los alimentos no han dejado de crecer hasta alcanzar valores récord en 2011. El punto de ignición se originó con la disminución de las cosechas de cereales en algunos países exportadores, que se transformó en una reducción de la oferta que espoleó el incremento de los precios. Para garantizar su propio abastecimiento y poder defenderse del aumento, estas naciones limitaron sus exportaciones, lo que constriñó más aún la oferta generando más tensión y alzas en el mercado, a la vez que el caos se iba expandiendo a otros alimentos.

Durante el mes de febrero se alcanzó el récord en los precios de los alimentos, a pesar de que oferta y demanda apenas han variado

Los primeros balances sociales consecuencia del terremoto de precios de los alimentos los dio a conocer el Banco Mundial a mediados de febrero, anunciando que durante este año el número de hambrientos podría crecer en 75 millones hasta oscilar sobre los 1000 millones, a la vez que aumentaría en 44 millones el número de pobres extremos.

De esta forma se arriesga gravemente el primero de los Objetivos del Milenio, que se compromete a reducir a la mitad el porcentaje de personas hambrientas. El presente y el futuro no invitan al optimismo. Datos del ‘Índice para los Precios de los Alimentos’, que calcula la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), muestran que durante el mes de febrero se alcanzó el record en los precios, aparte de constituir el octavo mes seguido con una tendencia claramente alcista. Los últimos índices de marzo y abril mantienen la dinámica y perpetúan esta agónica situación, porque a pesar de la ligera reducción en los precios, éstos siguen un 36% más inflados respecto a los valores de hace un año.

Dos lógicas opuestas para diagnosticar un mismo problema

A efectos de este artículo, la cadena comercial alimentaria se podría dividir en tres eslabones. El primero lo componen los países exportadores; que comercian sus cosechas en el mercado internacional, que es el segundo eslabón; para que puedan ser adquiridos por las naciones importadoras, que conformarían el tercero.

Una vez hecho este matiz, se debe decir que la primera de las lógicas se denominará ‘humana’, porque antepone el estómago de las personas, que debería prevalecer a cualquier otra premisa. La segunda es la ‘lógica del mercado’ y es la que imponen con calzador los poderosos y sus políticos. Para ésta el centro del universo es el mercado, que debe ser totalmente libre de ataduras y obstáculos, porque se basa en el principio metafísico de que el mercado es capaz de autorregularse, o como se dice metafóricamente, existe una especie de mano invisible que repartirá el pastel de forma justa y equitativa.

“El problema de la crisis de los precios tiene su origen en ‘manos visibles’ del mercado, cuyas operaciones bursátiles, sin ser armadas, son socialmente más criminales que las bombas del cadáver Bin Laden”

Para la ‘lógica humana’ -defendida por el que escribe- el problema de la crisis de los precios tiene su origen en ‘manos visibles’ del mercado cuyas operaciones bursátiles, sin ser armadas, son socialmente más criminales que las bombas del cadáver Bin Laden; por tanto, las soluciones deben encaminarse a frenar los abusos de este mortífero segundo eslabón de la cadena. Para la otra lógica, el mercado es un ente intocable que, por dogma de fe, debe ser libre a cualquier precio. Los idealistas creen las propiedades sobrenaturales de su autorregulación filantrópica, mientras que para los pragmáticos el mercado es una manera de forrarse y por eso no quieren regulación, salvo cuando les interesa para lucrarse más si cabe. Bajo la ‘lógica del mercado’, que es la que se ha impuesto, la causa del incremento de precios tiene su origen en los países exportadores e importadores (eslabones primero y tercero), es decir, en la humanidad misma.

Mito 1: Existe un desequilibro entre la oferta y la demanda de alimentos

O dicho de otra manera, el problema es que el primer eslabón de la cadena produce menos alimentos y el tercero consume más. Por el contrario, el papel del segundo eslabón (mercado) se ciñe a fijar inocente, salomónica y mecánicamente unos precios que, en este caso, son elevados porque la oferta de cereales es menor a la demanda.

Con datos de la FAO de este mes de mayo, para este ciclo 2010-2011 se prevé que el balance mundial entre la producción y el consumo de cereales arroje un déficit de 43,1 millones de toneladas. Pero las reservas, que oscilan sobre los 483 millones, permiten hacer frente 11 veces al déficit estimado. Durante varios años en la última década fue peor la relación entre producción, consumo y reservas, pero nunca los precios ascendieron tanto como ahora o 2008. En 2003-2004 las reservas sólo cubrían 6 veces el déficit existente en aquel momento y los precios eran la mitad que ahora.

La propia FAO, en septiembre de 2010 repartía optimismo a través de un comunicado de prensa en el que afirmaba que “no hay indicios de una crisis alimentaria mundial” y que “el suministro y la

Para 2010-2011 la FAO prevé un déficit de alimentos de 43,1 millones de toneladas, mientras que las reservas oscilan en torno a los 483 millones

demanda mundial de cereales se presentan suficientemente equilibrados (…) La previsión para la producción mundial de cereales en 2010 se sitúa en 2.239 millones de toneladas, tan sólo un uno por ciento menor que el pasado año y la tercera mayor registrada hasta hoy.”

El discurso sereno, paradójicamente se tornó en dramático dos meses después, coincidiendo con la edición del informe ‘Perspectivas Alimentarias‘, en el que se informaba de que “unos déficits imprevistos de producción debidos a fenómenos meteorológicos influyeron negativamente en las perspectivas para el suministro mundial de cereales…”. Se cuantificaba la nueva cantidad de cereales en 2.216 millones de toneladas, frente a los 2.239 de septiembre.

Y es que de no haber indicios de crisis y de un equilibrio del suministro y la demanda, en unas pocas semanas se pasa al alarmismo por 23 millones de toneladas menos (el 1% de la producción mundial) pero, ¿realmente puede este 1% provocar tal desbarajuste?

Porque en una resolución de febrero el Parlamente Europeo mantenía que “…en la actualidad el suministro total mundial de alimentos no es insuficiente (…) son más bien la inaccesibilidad de los mismos y sus elevados precios los factores que privan a muchas personas de la seguridad alimentaria.” Entonces, si la crisis no es de escasez sino que se origina por el alza de los precios que impide la accesibilidad a los alimentos, pero este ascenso no surge de un desequilibrio real por una menor oferta y una mayor demanda, y si además se suma que durante años la situación fue peor pero los precios se mantuvieron equilibrados, entonces, indudablemente, hay un factor independiente al primer y tercer eslabón que está distorsionando gravemente los precios, que se llama especulación, que está incrustado en el segundo eslabón (mercado) y que según la Eurocámara es el causante del 50% de los incrementos en los precios.

Para más información hay que decir que hay dos tipos de especuladores. Los fondos de inversión, de pensiones, de cobertura, etc., que según el Observatori del Deute en la Globalització “(…) compran y venden contratos de futuros esperando sacar beneficios en cualquiera de las transacciones, independientemente de que estos contratos se materialicen”. Después están los intermediarios (destacando las transnacionales agroexportadoras como Cargill, Monsanto, etc.) que manejan grandes cantidades de productos como el cacao, cereales, etc., lo que les confiere influencia en la oferta de alimentos, no dudando en almacenar grandes cantidades para desabastecer el mercado y forzar una subida de precios. Estos intermediarios también especulan con contratos de futuros.

“En la actualidad el suministro mundial de alimentos no es insuficiente (…) son la inaccesibilidad de los mismos y sus elevados precios los factores que privan a muchas personas de la seguridad alimentaria”

Bajo la ‘lógica humana’ habría que actuar sobre estos elementos transgresores para evitar más hambrientos, pero bajo la todopoderosa e imperante ‘lógica del mercado’ debe ser el mundo quién se amolde a sus reglas y concretamente los países del primer eslabón que deben disponer más alimentos en el mercado en busca de su bendita autorregulación, aunque esté infestado de especuladores, aunque caigan más famélicos y aunque en realidad hay alimentos suficientes.

Mito 2: Los chinos y los indios comen más y mejor

En este supuesto son dos países del tercer eslabón quienes han desquilibrado la balanza, aunque con cifras de la FAO de noviembre, el consumo humano de cereales estimado para este año crecerá un 7,10% respecto a 2005 y el consumo de cereales para piensos lo hará un 2,24%. En cuanto a la oferta, la producción mundial de cereales prevista para 2011 será un 8,10% superior a la de 2005. Por tanto, los incrementos en los consumos de cereales para humanos y piensos, porcentualmente serán armónicos y proporcionales al crecimiento de la producción, tomando como referencia datos de 2005 y 2011.

Para el ciclo 2010-2011, el volumen de cereales para consumo humano y para piensos rondará los 1.820 millones de toneladas (demanda) cuando se prevé una producción global de 2.216 millones de toneladas (oferta). Alimentando estómagos y animales de granja sobrarían 396 millones de toneladas. El verdadero desequilibrio en la demanda de cereales es producido por otros consumos alejados de los esófagos, fundamentalmente agrocombustibles. Para 2011 se estima que se desviarán 433 millones de toneladas para estos usos, que respecto a 2005 supone un aumento del 44%. Los 396 millones de toneladas sobrantes, no sólo desaparecen sino que se genera un déficit de 37 millones, según datos de la FAO.

Señalar los menús chinos e indios como posible causa de la crisis, aparte de ser tendencioso porque difícilmente pueda justificar el tenue desequilibrio en la demanda, tiene implícito dos mensajes subliminales hábilmente calibrados para confundir a la ciudadanía. Primero, mientras se acuse a los estómagos chinos e indios se librarán los especuladores y los coches europeos y

Los incrementos de consumo de cereales para humanos y piensos, porcentualmente serán armónicos al crecimiento de la producción para 2011

norteamericanos. Segundo, con esta premisa, el sistema económico global basado en el libre mercado no sólo se deshace de cualquier responsabilidad por la crisis alimentaria, sino que se apunta el tanto de haber generado riqueza y progreso en países emergentes como China e India… que ahora comen mejor.

Mito 3: Los países exportadores e importadores han actuado irracionalmente

Se dice esto porque durante los primeros meses de la crisis los primeros limitaron sus exportaciones y los segundos compraron grandes partidas de alimentos, ambos con el objetivo común y legítimo de poder garantizar el suministro de alimentos para sus poblaciones. Pues bien, para algunos organismos y expertos este comportamiento en el primer y tercer eslabón ha sido irracional, porque ha estrangulado más la ecuación entre la oferta y la demanda.

Es curioso que en la sociedad del supuesto comercio libre, los inversionistas -aprovechando esa ‘libertad’- especulen en el mercado con total impunidad sin que nadie diga o haga algo, mientras a ciertos estados se les critica y se les presiona cuando libremente compran y venden en el mismo mercado. Por ejemplo, la FAO en enero publicaba una nota de prensa en la que explicaba algunas de las actuaciones que realizó para frenar la escalada de precios durante los meses iniciales de la crisis en 2010. Se menciona en dicha nota que “La FAO entró en ese momento en contacto con los diferentes países exportadores, con la intención de evitar un fenómeno de contagio tras las restricciones a la exportación de trigo anunciadas por Rusia. Y lo consiguió, excepto en el caso de Ucrania, país en el que al menos logró retrasar la decisión durante varios meses.”

A los países importadores la FAO les ha sugerido, a través del documento ‘Guide for policy and programmatic actions at country level to address high food prices‘, que apliquen medidas económicas y comerciales regresivas para reducir el precio de los alimentos en sus territorios, como por ejemplo subvenciones directas, incentivos fiscales, reducción de impuestos como el IVA, reducción de los aranceles, etc. La FAO, además, ha organizado seminarios para dar a conocer estas sugerencias y considera esencial que los estados revisen sus opciones legislativas, supuestamente para incorporar estas medidas que van encaminadas a que las opulentas ganancias de los inversores financieros sean costeadas por los estados soberanos, que verán reducidos sus ingresos arriesgando la financiación de sus programas sociales mientras incrementan su endeudamiento.

“Es curioso que los inversionistas especulen en el mercado con total impunidad sin que nadie diga o haga algo, mientras a ciertos estados se les critica y presiona cuando compran y venden en el mismo mercado”

No ha sido posible localizar documento alguno en el que la FAO u otro organismo internacional hayan cabildeado a instituciones financieras para que frenaran la sangría especuladora.

Mito 4: Se trata de una crisis alimentaria mundial

Llegado este momento hay que indicar que la especulación en los mercados de futuros, por sí misma no es la causa de la crisis. Dicho de otra manera, los países que se cultivan sus propios alimentos no tienen por qué adquirirlos en el mercado. El problema lo tienen los países que han instaurado el modelo agroexportador que fomenta la siembra de cultivos para la exportación al supermercado global (sobre todo los exóticos y las materias primas) en detrimento de la producción nacional de unos alimentos que ahora obligadamente tienen que adquirir en el segundo eslabón.

Olivier De Schutter, relator de la ONU para el derecho a la alimentación, lo dejaba entrever en una reciente entrevista: “Los países africanos se han beneficiado de unas cosechas en 2010 relativamente buenas y no afrontan un riesgo inmediato (…) Los países que importan la mayor parte de la comida que necesitan son más vulnerables. Los menos desarrollados compran el 20% de sus alimentos, y su factura se ha multiplicado por cinco o seis desde los años 90. Esta dependencia de los mercados internacionales es muy peligrosa.”

Ameritaría otro artículo explicar los mecanismos que han propiciado el abandono de la soberanía alimentaria, pero se debe destacar que muchos organismos como el Banco Mundial presionaron y espolearon a naciones pobres para que apostaran por la agroexportación ahogando su propia agricultura campesina. También la desaparición de los aranceles bajo la ‘lógica del mercado’, facilitó que excedentes alimentarios subsidiados de Estados Unidos penetraran en países pobres, aniquilando la producción local, lo que derivó en una dependencia de las importaciones. O casos como el de España, que en 2006 aprobó una reforma en la que reducía considerablemente su producción de azúcar (500.000 toneladas de cuota con un consumo de 1,3 millones de toneladas). El acatar la disminución en lugar de legislar en favor de una agricultura sostenible que garantice dicho suministro interno generando a la vez empleo y desarrollo rural, ha propiciado que España dependa de las importaciones y de los precios internaciones, como apunta el informe ‘La agricultura y la alimentación, en manos del mercado financiero‘.

“Organismos como el Banco Mundial presionaron y espolearon a naciones pobres para que apostaran por la agroexportación ahogando su propia agricultura campesina”

A nivel general, la liberalización del mercado agrícola alejó a los estados de su función tradicional de legislar según los intereses de sus poblaciones, lo que ha provocado que la cadena alimentaria sea controlada por grandes empresas que exprimen al agricultor hasta su desaparición. Sin éste no hay cultivos y crece la dependencia hacia unas pocas transnacionales que manejan y especulan con el comercio agrícola.

Por tanto, la crisis actual no se trata de un fenómeno coyuntural, sino que el escenario para la tragedia actual, durante décadas se fue preparando en muchos países a través de políticas liberales ortodoxas impuestas en algunos casos a través de chantajes y conflictos armados (recuerden si no, el paquete de medidas económicas que instauró el gobierno ‘amigo’ de Irak tras la defenestración de Sadam Hussein).

Mito 5: Los agricultores salen ganando por el alza de los precios

Se cree que los elevados precios de los alimentos repercuten positivamente en los agricultores de países del primer eslabón, que se benefician de la situación y reciben mejores precios por sus cosechas. Pero esto no suele ser así, porque el principal problema que enfrenta la agricultura para la exportación es que las diferentes fases de la cadena agroalimentaria (semillas, insumos, intermediación, distribución, transformación, etc.) se concentran cada vez en menos manos. Esta situación de oligopolio da fuerza a estas ‘manos’, que determinan las condiciones y, en el caso de la intermediación y la distribución, son éstas las que establecen los precios de compra sin que la política ponga límite al abuso.

En España el saqueo se visualiza en el Índice de Precios en Origen y Destino de los Alimentos, que calculan la coordinadora agraria COAG y las organizaciones de consumidores UCE y CEACCU. En el estudio último de abril de 2011, los cultivos, de media, multiplicaban un 505% su valor desde el agricultor al consumidor y en algún caso concreto se llegaba al 761%. Para COAG “Una vez más, los datos evidencian que la distribución mueve los hilos de la cadena agroalimentaria a su antojo, independientemente de la evolución de los precios en el campo, e impone condiciones desde arriba para salvaguardar sus márgenes, manteniendo o incluso elevando los precios en épocas de

En España los cultivos multiplican un 505% su valor desde el agricultor al consumidor. Muchos agricultores ni siguieran pueden negociar su precio de venta

mayor consumo…”. La situación es tan decimonónica que los agricultores en muchos casos no negocian un precio de venta, sino que entregan su producción y al final les abonan una pequeña migaja que a veces no cubre ni los costos de producción.

La propia Comisión Europea reconocía en un informe la detección de “(…) una serie de graves problemas en la cadena de abastecimiento, como el abuso de poder de compra dominante (…)”. Mientras el Parlamento Europeo dejaba claro en una Resolución de febrero pasado “Que el alza de precios de los productos alimenticios no se traduce automáticamente en un incremento de las rentas de los agricultores, debido sobre todo a la velocidad con que aumentan los costes de los insumos agrícolas (…) el porcentaje de la renta de los agricultores procedente de la cadena alimentaria ha disminuido considerablemente, mientras que los beneficios de los transformadores y los minoristas han experimentado un aumento constante…”.

Mito 6: Hay que liberalizar más los mercados agrícolas

En un artículo publicado en enero y firmado por el ex director de la FAO, Jacques Diouf, decía que “Las medidas sanitarias y fitosanitarias unilaterales, así como los obstáculos técnicos al comercio, suponen un freno para las exportaciones y, en particular, para los países en desarrollo.” y “Se debe llegar a un consenso en las negociaciones ya demasiado largas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para poner fin a la distorsión de los mercados y a las medidas comerciales restrictivas para el comercio que agravan los desequilibrios entre la oferta y la demanda.”

Una vez más, se parte de un desequilibrio que realmente no existe entre el primer y el tercer eslabón, como aclara Olivier De Schutter: “Hay escasez localizada en regiones donde las cosechas han sido bajas o que han sufrido desastres naturales o conflictos o donde las rutas de comunicación son muy pobres. Pero producimos suficiente para alimentar al mundo. Si los mercados funcionasen bien y la gente tuviera la capacidad adquisitiva para comprar la comida disponible no habría hambre. El hambre es un problema político.”

“Por tanto, a seguir comiendo moscas y salvando bancos, que Bin Laden murió y estamos de fiesta”

Las afirmaciones de Jacques Diouf son más graves por cuanto se apuesta, bajo la aplastante ‘lógica del mercado’, por incidir en un modelo agrario basado en el comercio libre y en la exportación (el de los tres eslabones), en detrimento de uno que garantice la seguridad y la soberanía alimentaria de los pueblos. Con él se fomenta entre las naciones el abandono de su auto abastecimiento de alimentos y la dependencia hacia el segundo eslabón (mercado) con su voracidad y perversidad incluidas. Para los agricultores una mayor liberalización no es provechosa, porque como se decía antes, la distribución y la intermediación imponen los precios de compra y venta. Por tanto, por mucho que se desregule y por muchas fronteras que se abran, al final es el intermediario quién acaba repartiendo el pastel. De Schutter indicaba al respecto que “(…) ni los pequeños agricultores se benefician siempre de los altos precios, porque están en el eslabón de la cadena más débil, ni los consumidores de la bajada de precios porque las empresas importadoras o los pequeños comercios no los trasladan al mercado.”

Mito 7: Hay que aumentar la inversión y la producción

No hay una escasez pero se busca acrecentar la producción (oferta) en el primer eslabón para calmar el alza de precios que acaece en el segundo. Dicho gráficamente, el lobo asaltó el gallinero y por las ventanas se echan más gallinas para saciar su voracidad.

Pero, el problema no es de cantidad sino de accesibilidad. No se requieren cirugías financieras y técnicas con aparatosos postoperatorios, sino una ración de justicia social y coherencia. Según el Parlamento Europeo “(…) al menos el 30% de todos los alimentos producidos en el mundo se despilfarra en varios puntos de la cadena alimentaria.” Se refiere a la cadena controlada por unos pocos, en donde los alimentos recorren largas distancias para transformarse en productos envasados que se exponen luego en un supermercado. Y es cierto que de cara al futuro se tiene que plantear un aumento en la producción teniendo en cuenta el incremento de la población, aunque más temprano que tarde habrá que cuestionarse medidas controvertidas como el control de la natalidad, si no quiere la raza humana convertirse en una plaga que arrase con el planeta.

“Producimos suficiente para alimentar al mundo. Si los mercados funcionasen bien y la gente tuviera la capacidad adquisitiva para comprar la comida disponible no habría hambre”

La producción y la inversión, ‘per se’, no son la panacea. Un incremento de ambas puede ser positivo si el protagonista activo es el pequeño agricultor y campesino, que genera alimentos dignamente para las comunidades locales de una forma sostenible y accesible. Pero conforme está montado el cotarro agroexportador bajo el libertinaje comercial, de nada sirve aumentar la inversión y la producción si después:

A- La tierra está en manos de terratenientes e inversores que no siembran comida sino cultivos exóticos (café, plátanos, etc.) y materias primas para la exportación (algodón, soja para biodiesel, etc.).
B- No se legisla para eliminar, sino que se mantienen, los engranajes que permiten los atropellos ejercidos por los especuladores y las transnacionales que controlan las semillas, insumos, comercialización, transformación, precios de compra y venta, etc.

De hecho, en una nueva vuelta de tuerca, en algunos países del sur, desde hace años ha crecido vertiginosamente la cantidad de hectáreas acaparadas por extranjeros. Algunos son estados soberanos que buscan su abastecimiento, pero otros son inversores que una vez dominados los mercados, la venta de semillas e insumos, la distribución, la comercialización, etc., ahora van a por la tierra que es lo único que no tienen bajo sus zarpas. Y es que después del batacazo de las ‘subprimes’, el negocio agrícola es una garantía, como explicaba un financiero al diario Público: “No hay prácticamente otro producto en el que invertir en estos momentos cuya demanda real sea tan clara…”. Porque puede bajar la demanda de coches o móviles, pero comer es preciso.

En esta coyuntura los ‘agrinversores’ no irán con pequeñeces. Sus tierras dispondrán de regadíos modernos, tractores, transporte, buenas carreteras y no dudarán en contaminar el medio ambiente (ajeno) con agroquímicos y cultivos transgénicos. Abandonarán la tierra cuando acaben con su fertilidad y buscarán otras para arrasar, como hizo con sus bananeras la United Fruit. Y nunca, absolutamente nunca sembrarán para los pobres frijoles a diez pesos la libra, pudiendo vender en dólares maíz para bioetanol. Sin duda más inversión y producción pero, ¿quién come?

Mito 8: Hace falta una nueva revolución verde

En algunos países del sur han crecido mucho las hectáreas en manos de extranjeros. Tras las semillas, insumos, distribución y comercialización, las empresas quieren hacerse con las tierras

A mediados del siglo pasado la agricultura se mecanizó y se incorporaron semillas mejoradas y productos químicos. Este proceso, que facilitó un aumento de la producción, se denominó ‘revolución verde’, aunque no logró acabar con el hambre porque no solucionaba el problema de la accesibilidad a los alimentos. Esta evidente contradicción no es óbice para que algunas voces clamen ahora por una segunda ‘revolución verde’, que sería encabezada por las semillas transgénicas. La justificación, la de siempre: aumentar la producción para paliar el desequilibrio de la oferta y la demanda entre el primer y tercer eslabón.

Sin embargo, apostar por una segunda ‘revolución verde’ sería incidir en un modelo ecológicamente insostenible que ha contaminado al medio ambiente y las personas. Los efectos negativos y los fracasos de los cultivos transgénicos han sido documentados ampliamente. Actualmente sólo tienen cabida en una agricultura industrial, mecanizada, con vocación exportadora y fuertemente dependiente del agonizante y caro petróleo. Sin olvidar que los agroquímicos y las semillas transgénicas forman parte del mismo ‘paquete tecnológico’ que se tiene que comprar, lo que amarra al agricultor a unas pocas transnacionales que se lucran con este negocio.

En diciembre, De Schutter publicó un informe en el que apostaba por la agroecología como un modelo ambientalmente más sostenible y socialmente más justo. Se detallaban experiencias de agricultores ecológicos que lograron mejores producciones que los convencionales y se afirmaba que “(…) la propagación de las prácticas agroecológicas puede aumentar al mismo tiempo la productividad agrícola y la seguridad alimentaria, mejorar los ingresos y los medios de sustento de la población rural y contener e invertir la tendencia a la pérdida de especies y la erosión genética.”

Son precisamente estas bondades sociales y ambientales las que dificultarán su propagación, ya que el modelo agroecológico cuestiona la ‘lógica del mercado’ a la vez que desmonta el chiringuito de los que se enriquecen con las penurias de la mayoría. Por tanto, a seguir comiendo moscas y salvando bancos, que Bin Laden murió y estamos de fiesta.

Vicent Boix

Escritor, autor del libro El parque de las hamacas y responsable de Ecología Social de Belianís. Artículo de la serie “Crisis Agroalimentaria”, ver más aquí.


Documentación relacionada con el artículo:

Cerca de 1.000 millones de personas sufren hambre crónica, Europa Press, 16 de febrero.

FAO: ‘Dificultades en los mercados de cereales con una nueva subida de los precios‘, Roma, 3 de marzo de 2011.

FAO: ‘El último Índice de precios de la FAO muestra su primer descenso en ocho meses‘ Roma, 7 de abril de 2011.

Nota informativa de la FAO sobre la oferta y la demanda de cereales, 5 de mayo de 2011.

Comer es verbo y no sustantivo, Vicent Boix, 1 de marzo de 2011; Otra crisis alimenteria y al ‘Dios mercado’ no hay quien le tosa, Vicent Boix, 15 de febrero de 2011

FAO: ‘Los mercados de futuros necesitan algún tipo de regulación‘, Roma, 23 de junio de 2010.

‘Perspectivas alimentarias’, FAO, noviembre de 2010.

‘La agricultura como sector estratégico en el contexto de la seguridad alimentaria’, Resolución del Parlamento Europeo, 18 de enero de 2011.

Observatori del Deute en la Globalització, Càtedra UNESCO de Sostenibilitat de la Universitat Politècnica de Catalunya y Revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas: ‘Navegando por los meandros de la especulación alimentaria‘, marzo de 2011.

‘Perspectivas alimentarias’, FAO, noviembre de 2010.

Jacques Diouf responde a un artículo aparecido en el diario francés ‘Le Monde’, FAO, 27 de enero de 2011.

‘Guide for policy and Programmatic Actions at Country Level to Adress High Food Prices’ y FAO: ‘La FAO organiza seminarios para altos funcionarios a fin de ayudar a los gobiernos a tomar decisiones normativas informadas‘ Roma, 8 de marzo de 2011.

“El hambre es un problema político”, El País, 17 de marzo de 2011.

‘La agricultura y la alimentación, en manos del mercado financiero’, informe de la Unión de Consumidores de Andalucía.

‘La Semana Santa dispara los márgenes comerciales de las principales hortalizas’, COAG, 3 de mayo de 2011.

‘Subida de los precios de los alimentos’, Resolución del Parlamento Europeo, 17 de febrero de 2011.

‘La volatilidad de los precios y las crisis alimentarias’, Jacques Diouf, La Jornada, 30 de enero de 2011.

‘El hambre de ganancias infla el precio de la comida’, Público, 7 de marzo de 2011.

La agroecología puede publicar la producción de alimentos en 10 años, según un nuevo informe de la ONU

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Artículo original en Bottup: Con el mercado hemos topado, amigo Sancho


La falta de resultados en la consecución de los Objetivos del Milenio empuja a la sociedad a buscar alternativas a los transgénicos

La recuperación de la agricultura tradicional es una alternativa cada vez más viable y sostenible

Periodista ciudadana autora: Ana Cubillo Editado por: Redacción Bottup


Por un mundo sin transgénicos: la nota dominante fue la reivindicación de la eliminación de los transgénicos debido a los efectos negativos socioeconómicos y medioambientales

Por un mundo sin transgénicos: la nota dominante fue la reivindicación de la eliminación de los transgénicos debido a los efectos negativos socioeconómicos y medioambientales

Alicante. A lo largo de la semana pasada muchas ciudades han visto como salían a la calle miembros de distintas asociaciones y colectivos, agrupados bajo la Plataforma Soberanía Alimentaria, para recordar al mundo que a día de hoy todavía hay millones de personas que pasan hambre y que la solución la tienen los ciudadanos a través del consumo responsable y la recuperación de una agricultura sostenible y solidaria libre de pesticidas, agroquímicos y transgénicos.

Once años después de que la ONU fijase los Objetivos del Milenio, y a cuatro años del plazo establecido para su consecución, el primero de los objetivos sigue siendo una utopía.

En 1990, los dirigentes del mundo acordaron reducir el número de personas con desnutrición a la mitad, es decir, que solo pasaran hambre 425 millones de personas en 2015. Sin embargo, la realidad ha sido otra, según cifras de la FAO, a finales de 2010 el mundo vivía con 925 millones de personas desnutridas. La mayoría de esas personas sobreviven en los países en desarrollo, 19 millones conviven en el que se gusta llamar Primer Mundo.

“La actual crisis alimentaria es resultado de un sistema que antepone el interés empresarial”, destaca Esther Vivas

Un intento anterior a los Objetivos del Milenio de erradicar el hambre en el mundo fue la Revolución Verde, que consistió en la agroindustrialización. La agricultura pasó a ser tratada como una producción en cadena, se extendió el uso de fertilizantes y se favoreció el cultivo extensivo de variedades. Sin embargo, el aumento exponencial en la producción no trajo consigo una disminución de la desnutrición. La producción y el hambre en el mundo compartieron el mismo incremento, un 11%, según afirmó Esther Vivas, activista y miembro del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales de la Universidad Pompeu Fabra en su intervención en las VII Jornadas de Desastres Ecológicos celebradas en la Universidad Miguel Hernández de Elche en el marco de la Semana Sostenible de la UMH.

“La actual crisis alimentaria es resultado de un sistema que antepone los interese empresariales frente a los colectivos sociales y en el que las grandes transnacionales determinan el modelo agrícola y alimentario”, alegó Esther Vivas en declaraciones a este medio. A día de hoy la falta de alimentos en el plato de millones de personas no viene marcada por una falta de producción, como ha reconocido hace una semanas el Relator especial de la ONU para el derecho a la alimentación, Oliver de Schutter, en una entrevista concedida al diario Público, sino por un problema
de distribución.

Una muestra de los lemas que inundaron la provincia

Una muestra de los lemas que inundaron la provincia

La realidad es que los países en vías de desarrollo están viendo como son invadidos por cultivos extensivos de soja o maíz transgénicos cuyo objetivo es ser exportados al primer mundo para la elaboración de piensos y biodiesel. “La crisis de la tortilla mexicana en 2007 dejó patente que la producción agrícola está sometida a la especulación económica y a los intereses financieros”, recuerda Esther Vivas. En esa ocasión la creciente inversión en la producción de biodiesel provocó que EEUU redujera considerablemente la exportación de maíz a México, lo que supuso una subida del precio del maíz que repercutió también en el incremento de los precios de otros alimentos básicos, como leche o huevos, generando malestar y protestas sociales en México. Corregir esta realidad del contexto socioeconómico y alimentario es lo que incita a los colectivos que se aúnan bajo Soberanía Alimentaria. “La soberanía alimentaria quiere acabar con la actual crisis alimentaria, para ello defiende la producción local y el consumo responsable”, apunta Patricia Dopazo, miembro activo de ACSUD y Soberanía Alimentaria Alicante.

Soluciones locales

“La soberanía alimentaria quiere acabar con la actual crisis alimentaria”, apunta Patricia Dopazo

Huertos ecológicos, cooperativas y asociaciones de consumidores de productos ecológicos, plataformas y asociaciones de acción y movilización social. Son muchos los que cada día se suman al cambio “porque el cambio comienza por uno mismo”, explica Julia Gomis, miembro de Soberanía Alimentaria Alicante, que recuerda que los ciudadanos deben saber elegir “ya que se tiende a anteponer el consumo que refuerza la autoestima”. Sobre este punto, Maties Guillo Campello, maestro y agricultor ecológico miembro de la cooperativa de consumo ecológico de Elche La Cistella, apuntó en la mesa redonda de las VII Jornadas de Desastres Ecológicos celebradas en la Universidad de Elche, que “debemos romper el paradigma del me gusta, no me gusta, debemos pasar al ¿es beneficioso para mí o no lo es?”.

La Asociación de Consumidores Terra Viva, joven organización sin ánimo de lucro con sede en Crevillente, tiene como objetivo reunir a los productores y consumidores de productos ecológicos de la zona de la Vega Baja de la provincia de Alicante para acercar al ciudadano una alimentación sana y sostenible. Dani Vives, presidente de Terra Viva, comenta que cada miembro de la asociación sabe de dónde viene lo que consume y es consciente de que el precio que está pagando por el producto es justo. Por poner un ejemplo, si un kilo de limones cuesta un euro ochenta al miembro de la asociación, el agricultor recibe un euro cuarenta por kilo, no los 0,14 céntimos de promedio que actualmente les están pagando si el limón es de primera, según los datos ofrecidos por Infoagro, y razón por la cual el número de campos de cítricos abandonados aumentan cada día. Los cuarenta céntimos restantes es el porcentaje con el que la asociación mantiene el funcionamiento.

Recogida de firmas para frentar la proliferación de los transgénicos en España

Recogida de firmas para frentar la proliferación de los transgénicos en España

Bajo estos preceptos o similares funcionan también en la provincia bajo la forma de asociaciones o cooperativas: Mercatremol, BioAlacante,Terratremol y La Bastida en Alicante, Naturaka en Altea, Alficos en Elda, La Cistella en Elche. Julia Gomis apunta que las reticencias del público frente a los productos ecológicos sobre todo por el precio son excusas, ya que todo depende de las prioridades del consumidor: “El consumidor es el que tiene el poder, es el que puede elegir y debe ser consciente de las implicaciones de sus elecciones”. Así mismo reconoce que los grandes distribuidores se están apuntando al carro de lo ecológico desvirtuando su principal objetivo llegando a “asociar lo ecológico al elitismo”. Ante esto, Esther Vivas alza la voz y recuerda que “los que nos han llevado a donde estamos no nos van a sacar de ello”.

La soberanía alimentaria comienza por recuperar el control de lo que el ciudadano se lleva a la boca. Comienza por elegir los lugares donde se realiza la compra. Volver al pequeño comercio, regresar al mercado, buscar a los agricultores que venden directamente al público e interesarse por las técnicas de cultivo que han posibilitado que una semilla haya llegado germinada a su plato. La propuesta de la soberanía alimentaria es la agroecología. Una agricultura respetuosa con el medio ambiente, que preserve la biodiversidad y que devuelva al agricultor la dignidad y el respeto social que se le debe. “Se nos quiere hacer creer que la ciudad es el futuro y la agricultura es el pasado, sin embargo unos no podemos vivir sin los otros”, comenta Esther Vivas.

Picaeta ecológica en el Mercado Central de Alicante

Picaeta ecológica en el Mercado Central de Alicante

La agroecología quiere rescatar los conocimientos agrarios tradicionales y aplicarlos ahora, sin despreciar los conocimientos ni la tecnología actual, pero prescindiendo de pesticidas, abonos sintéticos y de semillas transgénicas. Respecto a la polémica de los transgénicos Patricia Dopazo apunta que “el problema de la genética es que ni los mismos científicos pueden asegurar cómo va a evolucionar una variedad transgénica y cuál va a ser su impacto en el medio ambiente”. Para frenar el cultivo de transgénicos y potenciar la agricultura ecológica esta plataforma formada por diversas asociaciones y colectivos de la provincia busca promover también la acción y el compromiso político en los municipios alicantinos instando a los ayuntamientos a declararse como zonas libres de trangénicos siguiendo la estela de Altea, primer municipio declarado en la provincia libre de transgénicos desde 2008.

Todas las fotografías son de Alejandro Blanco

Artículo original en Bottup: Soberanía alimentaria, una alternativa responsable


En la charca de la basura, hombres, mujeres y niños sobreviven gracias a la basura que deshecha una ciudad visitada por miles de turistas que no osan posar sus ojos sobre esta realidad camboyana

Periodista ciudadano autor: Omar Havana Editado por: Redacción Bottup


La charca de la basura / Foto: Omar Havana

La charca de la basura / Foto: Omar Havana

Camboya. ¿A qué sabe la basura?, me pregunto desde las últimas horas de la tarde de ayer, cuando todavía intentaba identificar el sabor que el olor de toneladas de despojos, pudriéndose bajo el calor camboyano, había dejado incrustado en mi paladar.

Anlong Samram es un lugar donde el olor se mastica, el sabor se sueña, y la necesidad te mata. En la ‘charca de la basura’, la vida se perfuma con el olor de los despojos de una ciudad construida por y para el turismo, mientras la mierda te llega hasta el cuello. Cientos de toneladas de restos de exquisitos platos de los más selectos hoteles de la ciudad se esconden bajo un mar tóxico, el cual más de trescientas personas utilizan como supermercado local donde abastecerse diariamente.

Solo unos cuantos valientes y locos se aventurarían a entrar en este ‘lago’ lleno de los despojos de una sociedad que prefiere la comodidad del Sheraton antes que darse de bruces con la realidad de Camboya. Tan solo 30 minutos de tuk-tuk separan los magníficos templos de Angkor del infierno donde estas familias viven desde hace más de dos años. Mientras que los miles de turistas que visitan Siem Reap en estas fechas planean un lugar donde quemar su dinero en cervezas, marihuana y putas, la realidad de Anlong Samram queda olvidada ante una sociedad que ignora las necesidades de los más necesitados.

La sonrisa se desdibuja por la suciedad / Foto: Omar Havana

La sonrisa se desdibuja por la suciedad / Foto: Omar Havana

En la charca de la basura, las manos de una mujer se entierran entre los restos de la comida que han podido encontrar en el último camión. En la cara de los niños la suciedad desdibuja la sonrisa eterna de su alma. Los pies, desnudos, dejaron de sentir hace mucho el dolor del cristal que desgarra sus futuros. Los pulmones respiran la injusticia de una sociedad que mira en dirección opuesta. Y las mentes, esclavas del alcohol, han dejado de pensar, cansadas de imaginar una vida donde la basura no sea el pan de cada día. Y para un extranjero como yo, la única sensación que se puede experimentar, es la felicidad más absoluta que te trasmiten las sonrisas y juegos de unas personas que se preguntan: “¿Qué coño hace este tío aquí?”.

El pan de cada día / Foto: Omar Havana

El pan de cada día / Foto: Omar Havana

En la charca de la basura, el paladar se seca, la nariz se obstruye, y el olor hace que tus ojos se llenen de lágrimas. Rodeado de estos seres humanos, la felicidad te invade, mientras no tienes tiempo a asimilar el horror que tus ojos están viendo. En este lugar, tu dolor se calma, aunque es en ‘la charca de la basura’ cuando te das cuenta de que no podrás cumplir tu sueño (peux apaise de ta doleur, mais ne peut exaucer de ton réve. Mais).

Puedo calmar tu dolor, pero no puedo cumplir tus sueños, aunque... / Foto: Omar Havana

Puedo calmar tu dolor, pero no puedo cumplir tus sueños, aunque... / Foto: Omar Havana

Artículo original en Bottup: 300 personas viven con la ‘mierda’ al cuello


El 16 de Octubre se celebró el Día Mundial de la Alimentación, mientras cada 6 segundos muere un niño por causas relacionadas con el hambre

Periodista ciudadano autor: Omar Havana Editado por: Redacción Bottup

Como dice literalmente la ONU, “la finalidad del Día Mundial de la Alimentación, proclamado en 1979 por la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), es la de concienzar a las poblaciones sobre el problema alimentario mundial y fortalecer la solidaridad en la lucha contra el hambre, la desnutrición y la pobreza. El Día coincide con la fecha de fundación de la FAO en 1945. En 1980, la Asamblea General respaldó la observancia del Día por considerar que ‘la alimentación es un requisito para la supervivencia y el bienestar de la humanidad y una necesidad humana fundamental’ (resolución 35/70, del 5 de diciembre)”.

Hay 925 millones de personas desnutridas y cada día mueren 25.000 por causas relacionadas con el hambre

Han pasado 31 años desde que la Conferencia de la ONU marcara este día en el calendario como la jornada donde debemos acordarnos que no en todos los países del mundo la gente tiene la suerte de poder llevarse un ‘mendrugo’ de pan a la boca.

1 de cada 7 personas en el mundo se va a dormir todas las noches con hambre.Hay 925 millones de personas subnutridas en el Mundo, de las cuales más de 875 millones de personas en los países llamados del ‘Tercer Mundo’.

En Asia y el Pacifíco, más de 578 millones de personas sufren de hambre crónica; en el África Subsahariana, 239 millones; 53 millones en Latino America y el Caribe; en el Norte de África y Cercano Oriente, 37 millones. Y en el total de los países desarrollados, 19 millones.

Para que en 2015 se cumpla el objetivo número 1 de los famosos Objetivos del Milenio de la ONU, se tendrá que alimentar adecuadamente a 26 millones de personas al año, cifra que representa doce veces más personas bien alimentadas de las que se nutren hoy.

Encabeza la lista global de países con hambre la República del Congo (75% de la población desnutrida), seguida de Somalia (71%), Burundi (70%) y Afganistán (70%).

La FAO destaca el papel del agua, pues la sequía fue en los últimos años la causa del 60% de las emergencias alimentarias.

25.000 personas mueren al día por causas relacionadas con el hambre.

La producción de alimentos se deberá incrementar en un 70% para alimentar a una población de 9.000 millones de personas en 2050.

Cada 6 segundos un niño muere por causas relacionadas con el hambre en el mundo.

Con lo que vale un menú de Mcdonalds se podría alimentar a más de 30 niños en el Mundo.

El hambre mata más personas al año que el SIDA, la malaria y la tuberculosis, todas juntas.

Más del 25% de la población de Camboya está desnutrida.

Acabar con el hambre costaría 30.000 millones de dólares al año, el mismo precio de la comida que se tira a la basura al año en el Reino Unido

Según la FAO, solo costaría 30.000 millones de dólares anuales implementar los programas necesarios para solucionar el problema del hambre a nivel mundial. Aunque esa cantidad parece mucho dinero, sin embargo, podemos encontrar algunos ejemplos que hablan por sí solos:

  • 1 billón de dólares al año es destinado a gastos militares y tráfico de armamento a nivel mundial. Solo en Estados Unidos, se gastan 540.000 millones al año para estos fines.
  • Solamente el Departamente de Energía de los Estados Unidos gasta 23.400 millones de dólares para el desarrollo y mantenimiento de armamento nuclear.
  • El Congreso de los Estados Unidos ha aprobado una cantidad de 44.000 millones de dólares para la construccion de proyectos en Iraq (sin embargo, más del 39% de los puentes americanos están en estado precario).
  • En el Reino Unido, tiran al cubo de la basura el equivalente a 20.000 millones de libras en comida, al año unos 31.700 millones de dólares americanos.

Entonces, ¿se podrían gastar 30.000 millones de dólares para salvar la vida a casi mil millones de personas en este planeta?

El 16 de Octubre es el Día Mundial de la Alimentación, aunque tendrán que pasar 364 días más para que esta fecha se vuelva a celebrar. Las televisiones abren este día sus titulares con la típica imagen del ‘pobre niño’ pasando hambre, una imagen que encogerá el corazón a muchos telespectadores que en esos momentos estén disfrutando de una buena comida en familia…

…Aunque a partir de mañana, ‘los cuernos de la Esteban’ ocupen más espacio en los medios de comunicación que la vida de esos casi mil millones de personas que no pueden disfrutar de un Big Mac con patatas fritas y una gran coca cola.

El Mundo sería un lugar mejor para todos si, en lugar de solo guardar un día en el calendario a un derecho que todo ser humano tiene, dedicara los 365 días de cada año a concienciar a las mentes ciegas de egoísmo que cada 6 segundos una persona muere de hambre en algún lugar del Mundo.

123456… Hoy es el día Mundial de la Alimentación.

1… 2… 3… 4… 5… 6….

¿Cuánto tiempo tardarían los Gobiernos de los países más desarrollados, si cada 6 segundos un ciudadano de su país muriera por hambre?

Artículo original en Bottup: Casi mil millones de personas pasan hambre en la Tierra


Los jornaleros indígenas van desde las montañas del pobre sur mexicano a trabajar a los campos agrícolas del norte del país. Pueblos enteros desplazados por el hambre y explotados sin distinción de género o edad

Periodista ciudadano autor: César Morales Oyarvide Editado por: Redacción Bottup

Los niños realizan el mismo trabajo y en las mismas condiciones que los adultos

Los niños realizan el mismo trabajo y en las mismas condiciones que los adultos

Estela Santiago, de siete años, se desencaja pequeñas espinas. Observa los puntos rojos de sus manos y continúa arrastrando un bote entre los surcos de este ‘Campo 3′ de la empresa Agrícola Exportadora de Vegetales. Vino con su familia y con todo su pueblo a contratarse como cortadora de pepino por una jornada de 6 de la mañana a 5:30 de la tarde… ¡Catorce!- el número que le asignaron en la cuadrilla-, grita cada vez que llega a la tina donde vacía el bote de 15 kilos de pepinos.”

Así comienza de un reportaje de la revista ‘Contralínea en Angostura, Sinaloa (escrito por Zósimo Camacho) que retrata un fenómeno poco conocido en México: la migración interna de las comunidades del sur depauperrado a los campos agrícolas del noroeste del país. Animado por lo dramático del reportaje, me propuse recopilar materiales sobre el tema, encontrando una fuente de información de calidad solo equiparable a su crudeza en los documentos del ‘Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan (CDHMT)‘, organización no gubernamental que se dedica, entre otras cosas, a dar atención a los jornaleros de Guerrero. Este texto es resultado de este proceso, emprendido con el objeto de elaborar una síntesis y difundir este, hasta ahora casi desconocido, drama.

Está región destaca por su nivel de marginación, de rezago educativo, desempleo, mortalidad materna, desnutrición infantil, y de violaciones de derechos humanos

El título del más completo de estos informes, ‘Migrar o morir‘, describe gráficamente la situación de la población de este rincón de México: ante el retiro del Estado del campo y la negativa de las autoridades para asumir el compromiso de promover y defender los derechos de sus ciudadanos, migrar o morir es el único camino que le se les ha dejado a los pueblos indígenas de La Montaña.

Uno de los Estados con una geografía más accidentada de México, Guerrero, es un espacio poco propicio para la agricultura o el comercio. Dicha geografía ha sido coparticipe de su atomización demográfica y la marginación de muchos de sus pobladores. Sobre todo los indígenas, población que se vio obligada a refugiarse en lo alto de las montañas para liberarse del yugo explotador ya desde tiempos de la Colonia.

La Montaña guerrerense cuenta con una población de alrededor de medio millón de personas, dentro de las cuales alrededor de la mitad son indígenas pertenecientes a los pueblos mixteco y tlapanecos (con alto grado de población monolingüe), distribuidas en varios cientos de comunidades, en unos 11.000 km2.

Dentro de un Estado ya pobre, caracterizado por el minifundismo, la erosión de los suelos y una producción agrícola de subsistencia o de infrasubsistencia, está región destaca: lo hace por su nivel de marginación, de rezago educativo, desempleo, mortalidad materna, desnutrición infantil, y de violaciones de derechos humanos. Por comparar, digamos que en ella hay municipios tan pobres como en Malawi.

La actividad predominante es la agricultura de temporal, sobre todo dedicada al maíz y al frijol. Este sector es el más empobrecido de la agricultura mexicana, ya de por sí golpeada por la descapitalización del campo, producto tanto de una reducción de la inversión pública en el desarrollo rural, como de la apertura de las fronteras del país a la importación libre de productos agrícolas. Esto ha subrayado las desigualdades económicas entre un sector campesino e indígena estancado y un sector exportador moderno: la baja de subsidios y las barreras comerciales colocaron a muchos los campesinos en el límite de la supervivencia. De acuerdo con el CDHMT, los habitantes de esta región (sobre) viven con 500 kilos de maíz durante cuatro

Sus habitantes sobreviven con 500 kg de maíz durante cuatro meses, lo que les obliga a migrar. La región expulsa entre 10.000 y 50.000 jornaleros cada ciclo migratorio

meses, lo que los obliga a salir de la región para enrolarse como jornaleros agrícolas o sucumbir a la tentación de sembrar enervantes (lo que ha añadido más problemas al empobrecimiento brutal de estos pueblos, y ha justificado la mayor presencia del Ejército, ya existente a causa de la recurrente guerrilla).

Así, la falta de oportunidades para el desarrollo y para la autosuficiencia alimentaria, conjugada con factores de tipo geográfico, de represión política y militar, ha hecho que la migración hacia los campos de cultivo agroindustriales del noroeste de la República se haya convertido no solo en una fuente de ingresos, sino en “una estrategia de sobrevivencia en la que se apoya la reproducción no solo material y social de las familias, sino también en la reproducción económica política y cultural de población enteros”.

Las estadísticas oficiales (el Programa de Atención al Jornalero de la Secretaría de Desarrollo Social) estiman que anualmente la región expulsa entre 10 y 15.000 jornaleros durante el ciclo migratorio. Sin embargo, cifras del CDHMT señalan que son arriba de 50.000. La realidad supera las estadísticas, y la región de la Montaña se encuentra cada vez más despoblada.

La ruta más importante de esta migración es la llamada ruta del Pacífico, que va de Oaxaca, Guerrero y Michoacán hacia Sinaloa, Sonora, Baja California y Baja Sur, sobresaliendo Sinaloa como principal receptor de trabajadores.

Algo relevante en esta migración es su carácter familiar (y a veces comunitario): se incorporan al éxodo migratorio un amplio porcentaje de mujeres y menores de edad. En los campos no se hacen distinciones de edad o género, por lo que se recibe la misma paga, las mismas condiciones de asistencia social y participa en la actividad laboral toda la familia.

Otro rasgo importante del fenómeno es que, si bien antes la migración de estas familias correspondía a un ciclo migratorio establecido con base en el ciclo agrícola de las comunidades rurales que estaba en relación

Con el ‘enganchamiento’ a los jornaleros les ofrecen salarios y condiciones que luego, en la práctica, no se cumplen. Los contratos son siempre verbales y las condiciones reales, de explotación

con el ciclo productivo de los campos agroindustriales, actualmente esto se ha modificado: la migración presente en la Montaña no es sólo de carácter estacional, sino permanente o pendular. Este es el caso de los migrantes conocidos como ‘golondrinos’, que se caracterizan por seguir la ruta de los ciclos agrícolas, buscando continuidad en el empleo. Familias enteras de jornaleros a quienes los amplios periodos de trabajo fuera de su lugar de residencia los conduce a una situación de desarraigo, dejando a familiares, vecinos, amistades, y rompiendo el vínculo con su entorno comunitario.

La migración comienza con el ‘enganchamiento’. Los jornaleros son contratados generalmente en su lugar de origen a través de enganchadores o contratistas. El empresario agrícola subcontrata a estos intermediarios, que son personas que ofrecen sus servicios a los productores y que cobran una cuota por llevarles los jornaleros y regresarlos a sus lugares de residencia. Ya en el inicio, los migrantes se ven sujetos a engaños y extorsiones para obtener el empleo por parte de los enganchadores, que acuden a las zonas expulsoras y ofrecen altos salarios, vivienda digna, despensas gratuitas y transportación adecuada,… promesas que nunca cumplen. El enganche no debe confundirse con una contratación formal. El patrón nunca firma ningún contrato particular, son sólo contratos ‘verbales’, y ninguna autoridad atestigua la legalidad del proceso. Las autoridades estatales y federales siguen siendo espectadores y se limitan a contabilizar (mal) a la población jornalera y a paliar sus multiples necesidades con despensas y primeros auxilios (cuando hay). Los jornaleros están solos.

Lo siguiente es el viaje, desde el remoto sur hasta los estados del noroeste. Un trayecto que, si se va a Sinaloa, abarca más de 2.000 kilómetros y llega a durar más de 40 horas (cuando debería durar 30) por la mala condición del transporte asignado por los contratistas. Un transporte que no da comodidad ni seguridad, donde por las noches conciliar el sueño es casi imposible: en cada par de asientos va una familia entera, y para dormir se deja a los niños en ellos mientras que los adultos duermen (si pueden) en los pasillos. Un viaje en que se detienen a comer sólo dos veces, dónde consumen lo que comerían en su tierra: frijoles y tortillas. Y donde no hay paradas para que los jornaleros (muchos de ellos niños) puedan ir al sanitario, se aseen. Y si

Los jornaleros en el campo son muy vulnerables, debido a que la mayoría, indígenas, son monolingües y carecen de documentos oficiales: el salario es más bajo que el prometido y las comidas se reducen

las hay, serán pocas, y en llanos yermos, porque en las estaciones de servicio los empleados cerrarán rápidamente los baños al ver a los pasajeros del autobús. Un viaje en el que se entrará a la Ciudad de México de madrugada, “porque si no, las patrullas nos ponen una chinga”, como dice un enganchador a ‘Contralínea’.

Clandestinos en su país, tras más de 1.000 kilómetros recorridos, llegarán a Sinaloa, donde lo primero que se hará es requisarles toda la fruta (disposiciones estatales, no se puede llevar de un Estado a otro), privándolos de una de sus pocas fuente de alimentos. Y aún faltarán horas para llegar al campo.

Los campos. El jornalero migrante recibe un trato inadecuado en la mayoría de las ocasiones por parte de la población y personal de la empresa agrícola de las localidades donde trabaja, situación que se acrecienta en el caso de los indígenas que son monolingües y en su mayoría no cuentan con documentos oficiales (credencial de elector, acta de nacimiento), lo que los convierte en una población muy vulnerable y expuesta a todo tipo de violación a sus derechos humanos. No es raro que al llegar al campo resulte que el sueldo es más bajo que lo prometido, que la hora de comida pactada de reduzca, al igual que su número (de 3 a 2 veces diarias).

En cuanto a la vivienda que las empresas proporcionan a los jornaleros, generalmente consisten en galerones construidos con lámina de cartón o metálica, con divisiones que forman habitaciones, con el piso de tierra, carentes de agua potable y de servicios sanitarios. En ellas se hacinan cientos de jornaleros con los eminentes riesgos de contagio y suciedad. En otros casos, el trabajador y su familia improvisan su habitación con materiales de desecho. Hay campamentos tan grandes que albergan hasta 3.000 personas.

En el tema de la alimentación, ésta es tan mala que genera fuertes problemas de desnutrición. Además, el alto costo de la vida en las zonas de trabajo impone la necesidad de ahorrar todo lo posible del salario familiar, reducir al máximo sus gastos y, en particular, el destinado a la alimentación.

Las ‘tiendas de raya’ les venden los alimentos más caros y a crédito, de manera que se endeudan y su salario nunca cubre lo debido. La alternativa es desplazarse más de 15 km

Se consume lo habitual, viniendo los jornaleros de una cultura de infrasubsistencia alimentaria, y si se consume refresco en lugar de agua (crítica que les hacen algunos funcionarios) no es por derroche, sino porque el agua de la que que disponen los campos no es potable (hay que ir por ella a kilómetros de distancia), y la que se vende en las tiendas del campo es demasiado cara.

En estas tiendas del campo, propiedad de protegidos de los patrones (“la tienda es de un amigo, de un hermano, un compadre”), los jornaleros son frecuente objeto de extorsión. Les venden todo más caro, y ‘enganchan’ a los jornaleros al venderles a crédito las mercancías que necesitan. Cuando cobran, el salario no alcanza para cubrir la deuda y seguir comprando, así que los tenderos los mantienen constantemente endeudados. Estas tiendas se conocen como ‘tiendas de raya’ (en referencia a las que existía en tiempos anteriores a la Revolución, en la dictadura de Porfirio Díaz en las haciendas). Los capataces se excusan: no se les obliga a comprar ahí, hay supermercados cerca: “a sólo 15 o 20 km”.

En cuanto a la salud, las enfermedades más frecuentes son desnutrición, parasitosis, gastroenteritis, intoxicación y deshidratación. Las intoxicaciones se deben a la ingestión de alimentos o aguas contaminadas con agroquímicos o a su absorción directa a través de la piel. El uso de agroquímicos para lograr un mayor rendimiento por hectárea se lleva a cabo sin ninguna preocupación por la integridad física del trabajador. En algunos lugares se fumiga con avionetas en el momento de la cosecha y, si los jornaleros no se resguardan a tiempo, son rociados igual que las plantas. En otros predios, los mismos jornaleros aplican los agroquímicos sin protección alguna. El pago de indemnizaciones por accidentes o enfermedades de trabajo no se acostumbra.

En general, el servicio médico para los trabajadores del campo es muy deficiente (muchos de ellos no tendrán acceso ni a la Seguridad Social por falta de documentos), excepto cuando se trata de planificación familiar: es frecuente que cuando las mujeres llegan la clínica del campo les proponga el uso de métodos anticonceptivos o se les sugiere ligarse las trompas de Falopio por la imposibilidad de darles seguimiento o un

Las enfermedades más frecuentes son desnutrición, parasitosis, gastroenteritis, intoxicación y deshidratación. El servicio médico es muy deficiente salvo en planificación familiar: a las mujeres se les sugiere el ligamiento de trompas

tratamiento adecuado a un embarazo.

Dentro de los migrantes, la situación de dos colectivos merece especial atención. En primer lugar, el de las mujeres, esposas de los jornaleros, cuyo trabajo se divide entre el quehacer doméstico, que se les asigna por el hecho de ser mujeres, y el del campo agrícola, donde son quienes realizan las labores más pesadas, como la ‘pizca’, que a veces significa una jornada de 18 a 20 horas diarias. Su salario es siempre considerado complementario al de su marido, no cuentan con incapacidad por gravidez ni con servicios médicos durante el embarazo, y se ven forzada a trabajar hasta el último día de la gestación y regresar al trabajo a los 15 días del parto.

El otro colectivo son los niños. Dentro de los campos agrícolas el trabajo infantil es muy solicitado y los niños participan en el trabajo apenas tiene capacidad de hacerlo, a pesar de que la ley marca la edad mínima permitida para el trabajo. La mayor parte de los niños jornaleros ya no continúan estudiando: los ciclos de cultivo no coinciden con los periodos de vacaciones escolares, la constante movilidad de los trabajadores dificulta la asistencia a una escuela regular, y los horarios a los que están sujetas las escuelas habilitadas en los campos son incompatibles con los de trabajo. Tampoco se dispone de albergues para que las madres que tienen bebés los dejen mientras ellas van a laborar al campo. Por el contrario, los llevan sobre su espalda y a orillas de los surcos dejan a los más pequeños, que aún no pueden trabajar a su lado.

Con herramientas que son peligrosas por su filo hasta para los adultos, sin protección o guantes que pudieran evitar que se lleguen a cortar algún dedo, habilitados con lo único que caracteriza al jornalero: un pañuelo sobre su cabeza con una gorra encima, y suéteres o blusas de manga larga que les sirven para protegerlos de los insectos y los rayos del sol, las condiciones laborales de los niños jornaleros no distan mucho de las de los adultos: sin prestaciones, con bajos salarios, y con un trabajo intensivo. Lo que realmente le importa al agricultor es que los pequeños junto con sus padres completen las cajas con los vegetales que tiene que cortar para que éstos se puedan exportar a tiempo.

Los niños trabajan en las mismas condiciones que los adultos. Las madres trabajan hasta el último día de gestación, y 15 días después del parto se reincorporan al trabajo con sus bebés a su lado, en el suelo

Los derechos laborares son letra muerta. Uno de los principios fundamentales del artículo 123 de la Constitución mexicana es la protección de la vida, la salud y el bienestar del trabajador y su familia. Esto debería proteger a todos los trabajadores, incluido los jornaleros agrícolas con un contrato ‘verbal’. La Ley Federal del Trabajo también. Pero, como afirman en el CDHMT, si la clase obrera tiene dificultades para que se respeten sus derechos laborales, la situación es peor aún para los jornaleros agrícolas. La ley es letra muerta para la aplicación de los derechos de estos trabajadores, que trabajan 12 o 14 horas diarias, sin día de descanso, para obtener un pago apenas superior al salario mínimo. Además, a las organizaciones independientes que se han empezado a organizar el Gobierno sistemáticamente les ha negado su registro.

Una migración ‘irrelevante’. Abel Barrera, director del CDHMT considera que “esta migración interna no interesa a nadie”. Solo hay exhortos oficiales de que se trate bien a los mexicanos que llegan a Estados Unidos; pero no se habla de los mexicanos del sur que salen a trabajar a los campos de Sinaloa, Baja California, Baja Sur y Sonora. Isabel M. Nemecio, coordinadora del Programa de Jornaleros Agrícolas de Tlachinollan, y autora del informe ‘Migrar o morir’ señala que “el tema de la migración interna es casi desconocido, a pesar de que en nuestro país emigran de un Estado a otro 3,1 millones de personas. Más del 90 por ciento, indígenas.

Como señala Serrano “el problema es el hambre”. El Gobierno no garantiza la alimentación de la gente que vive en el campo. “Con lo que la familia siembra en un año en la Montaña les alcanzará para comer durante unos pocos meses, pero eso implica que no se enfermen, que no tengan que invertir en ropa ni escuela para los niños”, señala para ‘Contralínea’. Y cuando eso se acabe, no tendrán que comer. La migración es la única salida. Una migración no para hacer dinero o ‘mejorar su calidad de vida’, sino para sobrevivir.

Aunque el de jornalero agrícola es un trabajo sin futuro, un paliativo para la sobrevivencia, un alargamiento de la vida en condiciones inhumanas, es el único atisbo de esperanza de los olvidados de La Montaña de Guerrero. Gente sin ningún asidero, en su propio país. Como escriben desde el CDHMT: “sólo para poder llevarse a la boca una tortilla con frijoles, familias enteras padecen maltratos, engaños y abusos”.

Fenómeno desconocido y calificado como irrelevante por las autoridades, esta migración interna trastoca la vida comunitaria, transforma roles familiares, desestructura sistemas de organización social y pone en riesgo la vida de cada familia y cada pueblo que se ven obligados a migrar o morir.

César Morales Oyarvide es politólogo especializado en estudios latinoamericanos en las Universidades Autónoma de Barcelona y Complutense de Madrid.

Artículo original en Bottup: La migración de los jornaleros agrícolas en México: un drama desconocido