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La falta de resultados en la consecución de los Objetivos del Milenio empuja a la sociedad a buscar alternativas a los transgénicos

La recuperación de la agricultura tradicional es una alternativa cada vez más viable y sostenible

Periodista ciudadana autora: Ana Cubillo Editado por: Redacción Bottup


Por un mundo sin transgénicos: la nota dominante fue la reivindicación de la eliminación de los transgénicos debido a los efectos negativos socioeconómicos y medioambientales

Por un mundo sin transgénicos: la nota dominante fue la reivindicación de la eliminación de los transgénicos debido a los efectos negativos socioeconómicos y medioambientales

Alicante. A lo largo de la semana pasada muchas ciudades han visto como salían a la calle miembros de distintas asociaciones y colectivos, agrupados bajo la Plataforma Soberanía Alimentaria, para recordar al mundo que a día de hoy todavía hay millones de personas que pasan hambre y que la solución la tienen los ciudadanos a través del consumo responsable y la recuperación de una agricultura sostenible y solidaria libre de pesticidas, agroquímicos y transgénicos.

Once años después de que la ONU fijase los Objetivos del Milenio, y a cuatro años del plazo establecido para su consecución, el primero de los objetivos sigue siendo una utopía.

En 1990, los dirigentes del mundo acordaron reducir el número de personas con desnutrición a la mitad, es decir, que solo pasaran hambre 425 millones de personas en 2015. Sin embargo, la realidad ha sido otra, según cifras de la FAO, a finales de 2010 el mundo vivía con 925 millones de personas desnutridas. La mayoría de esas personas sobreviven en los países en desarrollo, 19 millones conviven en el que se gusta llamar Primer Mundo.

“La actual crisis alimentaria es resultado de un sistema que antepone el interés empresarial”, destaca Esther Vivas

Un intento anterior a los Objetivos del Milenio de erradicar el hambre en el mundo fue la Revolución Verde, que consistió en la agroindustrialización. La agricultura pasó a ser tratada como una producción en cadena, se extendió el uso de fertilizantes y se favoreció el cultivo extensivo de variedades. Sin embargo, el aumento exponencial en la producción no trajo consigo una disminución de la desnutrición. La producción y el hambre en el mundo compartieron el mismo incremento, un 11%, según afirmó Esther Vivas, activista y miembro del Centro de Estudios sobre Movimientos Sociales de la Universidad Pompeu Fabra en su intervención en las VII Jornadas de Desastres Ecológicos celebradas en la Universidad Miguel Hernández de Elche en el marco de la Semana Sostenible de la UMH.

“La actual crisis alimentaria es resultado de un sistema que antepone los interese empresariales frente a los colectivos sociales y en el que las grandes transnacionales determinan el modelo agrícola y alimentario”, alegó Esther Vivas en declaraciones a este medio. A día de hoy la falta de alimentos en el plato de millones de personas no viene marcada por una falta de producción, como ha reconocido hace una semanas el Relator especial de la ONU para el derecho a la alimentación, Oliver de Schutter, en una entrevista concedida al diario Público, sino por un problema
de distribución.

Una muestra de los lemas que inundaron la provincia

Una muestra de los lemas que inundaron la provincia

La realidad es que los países en vías de desarrollo están viendo como son invadidos por cultivos extensivos de soja o maíz transgénicos cuyo objetivo es ser exportados al primer mundo para la elaboración de piensos y biodiesel. “La crisis de la tortilla mexicana en 2007 dejó patente que la producción agrícola está sometida a la especulación económica y a los intereses financieros”, recuerda Esther Vivas. En esa ocasión la creciente inversión en la producción de biodiesel provocó que EEUU redujera considerablemente la exportación de maíz a México, lo que supuso una subida del precio del maíz que repercutió también en el incremento de los precios de otros alimentos básicos, como leche o huevos, generando malestar y protestas sociales en México. Corregir esta realidad del contexto socioeconómico y alimentario es lo que incita a los colectivos que se aúnan bajo Soberanía Alimentaria. “La soberanía alimentaria quiere acabar con la actual crisis alimentaria, para ello defiende la producción local y el consumo responsable”, apunta Patricia Dopazo, miembro activo de ACSUD y Soberanía Alimentaria Alicante.

Soluciones locales

“La soberanía alimentaria quiere acabar con la actual crisis alimentaria”, apunta Patricia Dopazo

Huertos ecológicos, cooperativas y asociaciones de consumidores de productos ecológicos, plataformas y asociaciones de acción y movilización social. Son muchos los que cada día se suman al cambio “porque el cambio comienza por uno mismo”, explica Julia Gomis, miembro de Soberanía Alimentaria Alicante, que recuerda que los ciudadanos deben saber elegir “ya que se tiende a anteponer el consumo que refuerza la autoestima”. Sobre este punto, Maties Guillo Campello, maestro y agricultor ecológico miembro de la cooperativa de consumo ecológico de Elche La Cistella, apuntó en la mesa redonda de las VII Jornadas de Desastres Ecológicos celebradas en la Universidad de Elche, que “debemos romper el paradigma del me gusta, no me gusta, debemos pasar al ¿es beneficioso para mí o no lo es?”.

La Asociación de Consumidores Terra Viva, joven organización sin ánimo de lucro con sede en Crevillente, tiene como objetivo reunir a los productores y consumidores de productos ecológicos de la zona de la Vega Baja de la provincia de Alicante para acercar al ciudadano una alimentación sana y sostenible. Dani Vives, presidente de Terra Viva, comenta que cada miembro de la asociación sabe de dónde viene lo que consume y es consciente de que el precio que está pagando por el producto es justo. Por poner un ejemplo, si un kilo de limones cuesta un euro ochenta al miembro de la asociación, el agricultor recibe un euro cuarenta por kilo, no los 0,14 céntimos de promedio que actualmente les están pagando si el limón es de primera, según los datos ofrecidos por Infoagro, y razón por la cual el número de campos de cítricos abandonados aumentan cada día. Los cuarenta céntimos restantes es el porcentaje con el que la asociación mantiene el funcionamiento.

Recogida de firmas para frentar la proliferación de los transgénicos en España

Recogida de firmas para frentar la proliferación de los transgénicos en España

Bajo estos preceptos o similares funcionan también en la provincia bajo la forma de asociaciones o cooperativas: Mercatremol, BioAlacante,Terratremol y La Bastida en Alicante, Naturaka en Altea, Alficos en Elda, La Cistella en Elche. Julia Gomis apunta que las reticencias del público frente a los productos ecológicos sobre todo por el precio son excusas, ya que todo depende de las prioridades del consumidor: “El consumidor es el que tiene el poder, es el que puede elegir y debe ser consciente de las implicaciones de sus elecciones”. Así mismo reconoce que los grandes distribuidores se están apuntando al carro de lo ecológico desvirtuando su principal objetivo llegando a “asociar lo ecológico al elitismo”. Ante esto, Esther Vivas alza la voz y recuerda que “los que nos han llevado a donde estamos no nos van a sacar de ello”.

La soberanía alimentaria comienza por recuperar el control de lo que el ciudadano se lleva a la boca. Comienza por elegir los lugares donde se realiza la compra. Volver al pequeño comercio, regresar al mercado, buscar a los agricultores que venden directamente al público e interesarse por las técnicas de cultivo que han posibilitado que una semilla haya llegado germinada a su plato. La propuesta de la soberanía alimentaria es la agroecología. Una agricultura respetuosa con el medio ambiente, que preserve la biodiversidad y que devuelva al agricultor la dignidad y el respeto social que se le debe. “Se nos quiere hacer creer que la ciudad es el futuro y la agricultura es el pasado, sin embargo unos no podemos vivir sin los otros”, comenta Esther Vivas.

Picaeta ecológica en el Mercado Central de Alicante

Picaeta ecológica en el Mercado Central de Alicante

La agroecología quiere rescatar los conocimientos agrarios tradicionales y aplicarlos ahora, sin despreciar los conocimientos ni la tecnología actual, pero prescindiendo de pesticidas, abonos sintéticos y de semillas transgénicas. Respecto a la polémica de los transgénicos Patricia Dopazo apunta que “el problema de la genética es que ni los mismos científicos pueden asegurar cómo va a evolucionar una variedad transgénica y cuál va a ser su impacto en el medio ambiente”. Para frenar el cultivo de transgénicos y potenciar la agricultura ecológica esta plataforma formada por diversas asociaciones y colectivos de la provincia busca promover también la acción y el compromiso político en los municipios alicantinos instando a los ayuntamientos a declararse como zonas libres de trangénicos siguiendo la estela de Altea, primer municipio declarado en la provincia libre de transgénicos desde 2008.

Todas las fotografías son de Alejandro Blanco

Artículo original en Bottup: Soberanía alimentaria, una alternativa responsable


REPORTAJE / En un país donde el 20% de la población es menor de edad, menos del 70% de los niños termina la educación primaria. Las cifras se reducen para las niñas y en las zonas rurales

Periodista ciudadana autora: Soraya Palacios Editado por: Redacción Bottup


Niños del colegio Aarbi Chtoukra esperando a recibir una donación de ropa

Niños del colegio Aarbi Chtoukra esperando a recibir una donación de ropa

Desierto, vegetación muerta y, entre las dunas que reflejan el brillo del sol, un modesto edificio hecho a base de módulos prefabricados, similares a los que se utilizan en cualquier obra española.

Lo único que nos da una idea de la utilidad del lugar son los niños, algunos con libros, los más afortunados con mochilas, la mayoría descalzos. Estamos frente a un colegio al sur de Marruecos, provincia de Agadir, municipio de Biougra, donde los turistas no llegan ni de paso, a medio camino entre los bellos montes Atlas y la próspera ciudad costera de Agadir.

Biougra es una de las tantas localidades olvidadas en Marruecos, aquí el salario medio según el Fondo Monetario Internacional es de 1.870 euros al año, algo menos de 160 euros al mes, y pocos niños pueden permitirse el lujo de no contribuir económicamente en casa. La edad mínima para comenzar a trabajar en Marruecos es de doce años, aunque esto no se sigue demasiado a rajatabla y los niños suelen comenzar a trabajar antes, especialmente en las zonas menos urbanas, que son las más desfavorecida. Allí el dinero que los más pequeños aportan a las familias es necesario para sobrevivir, y el Estado lo sabe.

El salario medio es de 160 euros al mes, la mayoría de los menores deben colaborar para el mantenimiento del hogar, en un páis donde es legal el trabajo infantil desde los 12 años

Biougra es una zona básicamente agrícola, con pequeños comercios, y los niños se ven forzados a colaborar en este tipo de tareas junto a los adultos. El absentismo escolar es muy elevado y una de las mayores preocupaciones de los profesores, que ven como, año tras año, algunos de sus alumnos más brillantes terminan dejando los estudios por culpa de la miseria. “Muchos quieren seguir viniendo a la escuela -dice Mokhtar Ahouri Ayad, profesor de Biougra en su perfecto español- pero no pueden venir siempre, tienen que trabajar porque sus familias son muy pobres, sobre todo los huérfanos, aquí hay muchos chicos que sólo tienen madre”.

Según la UNESCO, sólo el 67% de los niños termina la educación primaria. A esto hay que sumar el alto índice de natalidad, ya que hasta hace pocos años el Estado no se involucró demasiado en informar a sus ciudadanos en materia de planificación familiar. Y eran los únicos que podían hacerlo, puesto que durante varios años el Rey mantuvo el monopolio sobre los medios de comunicación. Hoy se estima que alrededor del 20% de la población son menores de 18 años.

Pero la pobreza no es el único gran problema al que se tienen que enfrentar en las escuelas marroquíes. El machismo que aún sigue imperando, fruto de una visión extremadamente estricta del Corán, hace que muchas niñas abandonen la escuela por imposición paterna apenas entran en la pubertad. Consideran que son más útiles en casa, ayudando a su madre y aprendiendo las tareas que en el futuro deberán desempeñar para ser unas buenas esposas. Por cada 100 niños escolarizados hay 88 niñas, cómo indican datos de la ONU que analizan el cumplimiento de los ‘Objetivos del Milenio’. Y la cifra disminuye drásticamente en las zonas rurales.

En el aula de informática cuarenta pequeños observan desde sus mesas los dos ordenadores de que disponen

En el aula de informática cuarenta pequeños observan desde sus mesas los dos ordenadores de que disponen

“Afortunadamente esto ya está cambiando, no todos somos iguales, no todos creemos igual, cuanta más cultura menos fanatismo”, afirma Abderrahaman, manager de algunos grupos locales en su tiempo libre, profesor de otra de las escuelas de Biougra y padre de cuatro hijas, las cuatro mujeres, mientras la mayor, de 19 años, espera impaciente a que éste termine de hablar para que le preste las llaves del coche.

Adentrarse en el colegio Arbi Chtouki de esta diminuta localidad de mayoría berebere es un golpe devastador para la conciencia de cualquier ciudadano del tristemente llamado Primer Mundo.

En las modestísimas aulas de colegio se amontonan más de una cuarentena de niños, no disponen de cuartos de baño, sólo los profesores gozan de ese privilegio. Aquí la pobreza toma el cuerpo de un calor seco y sofocante.

El aula de ‘informática’ tiene dos ordenadores, que la cuarentena de pequeños observan desde sus mesas mientras toman apuntes. La biblioteca tiene los estantes a medio llenar. No hay bolígrafos. Ni lapiceros. Ni cuadernos.

Los exámenes se hacen en folios blancos y el colegio no tiene suficientes para todos, les piden a sus alumnos que los traigan de casa, pero los chicos muchas veces no pueden permitirse comprarlos. Abdul Fares, el director del colegio, nos explica que les asignan un presupuesto a principio de curso, reconoce que no es suficiente, pero se anda con pies de plomo para no hacer la más mínima crítica al Gobierno y, por extensión, al Rey, ese Rey que nos observa como el Gran Hermano de George Orwell, a través de sus fotografías dispuestas en cualquier esquina de cualquier sala de cualquier edificio público marroquí.

“¿Becas? No, aquí no hay becas, la matrícula cuesta 120 MDH (12 euros) por los 3 años de la secundaria, y eso aquí es muchísimo dinero… Muchísimo. A veces los profesores les pagamos la matrícula de nuestro bolsillo”

Mokhtar, el profesor, se muestra más crítico cuando le preguntamos por las becas. “¿Becas? No, aquí no hay becas, la matrícula cuesta 120 MDH –unos 12 euros- por los tres años de la secundaria, y eso aquí para algunos padres es muchísimo dinero… Muchísimo. A veces los profesores les pagamos la matrícula de nuestro bolsillo”.

Cualquiera que escuche hablar a este profesor, originario de Iznzaren, un pueblo perdido en las montañas, puede pensar que a él como profesor pagado por el Estado el dinero le da para permitirse ciertos lujos. Pero nada más lejos de la realidad. Los sueldos de los funcionarios marroquíes, como maestros, conductores de autobús, barrenderos… están, según datos del Centro de Documentación Nacional del Reino de Marruecos, por debajo de esa media que el FMI da de 160 euros al mes, siendo muy similar a lo que gana un obrero en su región.

Mokhtar, de 30 años, hace gala de la hospitalidad típica del buen musulmán. Es amable, bromista, pregunta incansable sobre la cultura española y, sobre todo, tiene una gran disposición por ayudar a su pueblo. Uno de los cinco pilares del Islam, la religión oficial del país y la que profesan la mayoría de ciudadanos marroquíes, como Mokhtar, es la limosna. Pero Mokhtar no quiere ni dar ni recibir limosna, no quiere caer en la caridad, en su cuaderno de ‘proyectos’, donde anota todas las ideas que se le ocurren para mejorar la situación de Biougra, o los datos de las asociaciones que creen que pueden colaborar con ellos, predomina una idea fundamental: no dar un pez, enseñar a pescar, es decir, hacer que los más necesitados se sientan miembros útiles de la sociedad, que participen en ella para poder salir de la pobreza, que no tengan que dependen siempre de otros, en una sociedad que, por desgracia, está demasiado acostumbrada a tener que agachar la cabeza y dar siempre las gracias.

En el Índice de Desarrollo Humano que la ONU elabora todos los años, Marruecos está en una posición intermedia. En la lista de países más pobres, ocupa el puesto número 61. Pero estos datos carecen de fiabilidad, ya que gran parte del producto interior bruto del país pertenece a un pequeño porcentaje de personas (el 20%
según la base de datos del

A pocos kilómetros se encuentra un centro financiado por la Fundación Hassan II para alumnos de intercambio, cuenta con todas las comodidades, piscina incluida

A pocos kilómetros se encuentra un centro financiado por la Fundación Hassan II para alumnos de intercambio, cuenta con todas las comodidades, piscina incluida

Banco Mundial tiene en Marruecos el 78% de la riqueza) mientras que las acusaciones al Gobierno marroquí por maquillar sus datos de una forma nada discreta se han dado desde diversas organizaciones, tanto gubernamentales (el Banco Mundial, quien además ha denunciado en repetidas ocasiones la corrupción de Mohammed VI, quien les impide el acceso para sus estadísticas a datos como el porcentaje de pobreza o desempleo) como no gubernamentales (Reporteros sin Fronteras, Amnistía Internacional, etc.).

Uno se da cuenta pronto de las enormes diferencias sociales del país y el alto índice de corrupción. Palacetes mozárabes junto a chabolas y hoteles de lujo rodeados de mendigos dan fe de lo primero. El miedo de la población a criticar al Gobierno, miedo a la policía y al resto de fuerzas del Estado, dan fe de lo segundo.

Es difícil en un país controlado con mano de hierro que la población se rebele reclamando las mejoras sociales y económicas que se merecen, reclamando la parte del pastel que ahora se reparte entre unos pocos. Las autoridades son conscientes de que sólo los extranjeros se atreven a levantar la voz, y ejercen un férreo control sobre los viajeros occidentales.

En este clima, la mayoría de jóvenes va creciendo sin apenas aspiraciones, saben que el 10% de su población vive con apenas un euro al día. Sólo en las grandes ciudades hay un atisbo de esperanza para ellos y esto provoca que las migraciones internas sean feroces. Pero a medida que ciudades como Rabat, Agadir, Marrakech o Casablanca crecen a un ritmo descomunal, en el resto no se aprecia un mínimo de desarrollo desde hace más de una década.

En Amouri (que aglutina la población en un radio de 200 km) solo hay un colegio, financiado por la UNESCO, cuenta con dos barracones blancos, sin patio ni ordenadores, por supuesto

Erkhalid Ouchat nos pasea por la localidad de la que él es presidente, el equivalente a un alcalde español. La localidad de Ammouri está formado por varias decenas de pueblos dispersos por las montañas Atlas en un radio de 200 kilómetros, no hay agua, las mujeres tienen que ir a buscarla al pozo, la electricidad es para quien puede permitirse comprar un generador.

En Ammouri sólo hay un colegio, del que ellos se sienten orgullosos. Está financiado con fondos de la UNESCO y tardaron muchos años en conseguir que fuera construido. Pero el paisaje es desolador. Dos barracones blancos y un poco de pintura de colores para darle un aspecto menos deprimente, eso es todo, no hay patio (la carretera y un barranco de 500 metros al otro lado es su lugar de recreo), ni ordenadores, ni una cancha de baloncesto. No hay nada, podría ser igual un colegio que una caseta para resguardar a las cabras. Uno se pregunta si un organismo que forma parte de la ONU no podría haber hecho más por esos niños que viven en un lugar hostil, que van a estudiar con 40º a las tres de la tarde o que como es el caso de la mayoría de muchachas de la localidad, altamente conservadora y casi rozando el fundamentalismo, tienen que hacer auténticos esfuerzos para compaginar sus estudios con las labores domésticas, que incluyen duras labores agrícolas y ganaderas.

Sin embargo, a un puñado de kilómetro, apenas media hora de camino por las serpenteantes carreteras de ese puerto de montaña, se encuentra otro centro, la omnipresente estrella de la bandera marroquí, esta vez en forma de piedrecillas frente a la entrada, nos da la bienvenida. Eso y una enorme chapa que deja claro quién construyó el lugar, Fundación Hassan II. Un centro para acoger a diversas organizaciones y, sobre todo, a niños de intercambio, españoles, franceses, etc. Un espléndido lugar en medio de la nada, en medio del desierto y las montañas, que consta de múltiples magníficos edificios a la sombra de jazmines y naranjos que luchan por sobrevivir en un clima que no es el suyo con ayuda del riego artificial. Un centro que consta de habitaciones, cocinas, salas de estudio, múltiples aulas de informática con modernos ordenadores, sala de música, una biblioteca repleta de libros, un salón de actos, canchas de tenis, de fútbol….

“Los que importan son los que ahora devoran con ferocidad sus libros, ansiosos por aprender y que se merecen poder seguir haciéndolo”

Y está vacío. Ningún niño ocupa sus clases, ni disfruta aprendiendo a tocar allí la impoluta batería. Nadie prepara la comida en los tallin de la cocina, ningún pequeño juega al baloncesto en sus canchas, ni planea obras de teatro en su sala de actos y, probablemente, ningún niño de la zona disfrutará nunca de la piscina que están construyendo, porque ese centro está allí para hacer bonito, para dar publicidad a ese Gobierno y ese Rey corruptos que piensan más en compartir el té –y el pastel- con sus amigos saudíes y franceses que en su pueblo.

Ese centro huele a tristeza, porque nunca se usará para lo que debiera y porque refleja en última instancia una de las causas principales de la pobreza en los países en desarrollado y la dejadez de ese ‘Primer Mundo’ que por intereses políticos y económicos muchas veces hacen la vista gorda ante soberanos que no deberían serlo. Volvemos al colegio financiado por la UNESCO, o tal vez sólo por una parte de los fondos que la UNESCO había proporcionado para ese fin. Eso ya importa poco, los que importan son los que ahora devoran con ferocidad sus libros, ansiosos por aprender y que se merecen poder seguir haciéndolo. Igual que Mokhtar quiere proporcionar a sus vecinos las herramientas para aprender a pescar y no tener que darles el pez, si educamos a los niños de ahora, los dueños del mañana, es posible que en un futuro tengan la suficiente confianza en ellos mismos, los conocimientos suficientes y la valentía para rebelarse y poder gritar bien alto que se merecen algo más.

Fotografías: Soraya Palacios

Artículo original en Bottup: La educación en Marruecos: un lujo, no un derecho


Camboya aún se encuentra lejos de alcanzar los Objetivos del Milenio a los que se comprometió en 2000 y a los que añadió un noveno: la total limpieza de minas antipersona y la asistencia a las víctimas

Periodista ciudadano autor: Omar Havana Editado por: Redacción Bottup

¿Qué son los Objetivos de
Desarrollo del Milenio?

¿Y para cuándo el objetivo de que los niños dejen de trabajar?

¿Y para cuándo el objetivo de que los niños dejen de trabajar?

Camboya. La Declaración del Milenio fue aprobada por 189 países y firmada por 147 Jefes de Estado y de Gobierno en la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas celebrada en septiembre de 2000. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio se intentan alcanzar para 2015, y se basan directamente en las actividades y metas incluidas en la Declaración del Milenio. Los objetivos son ocho:

Objetivo 1: Erradicar la pobreza extrema y el hambre

Objetivo 2: Lograr la enseñanza primaria universal

Objetivo 3: Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer

Objetivo 4: Reducir la mortalidad infantil

Objetivo 5: Mejorar la salud materna

Objetivo 6: Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades

Objetivo 7: Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente

Objetivo 8: Fomentar una asociación mundial para el desarrollo

Los Objetivos del Milenio para Camboya

En un país donde solo el 21% de la población vive en zonas urbanas, el 35% de la población rural vive por debajo del umbral de la pobreza

Camboya, como miembro de la asamblea de Naciones Unidas, firmó este ambicioso acuerdo. En 2003, el Gobierno camboyano adaptó estos ocho puntos con el objetivo de cubrir mejor las necesidades de su país. Reconociendo que uno de los mayores problemas con que el país se encuentra para su pleno desarrollo, son los restos de minas antipersonas y UXO, Camboya adoptó un noveno objetivo para el Milenio, la total limpieza de minas antipersonas, UXO y la asistencia a las víctimas.

Muchas son las voces que dicen que estos Objetivos del Milenio son una auténtica utopía y, aunque en algunos campos, como en la reducción de la mortalidad infantil, se empiezan a ver resultados esperanzadores, en otros como la educación, el objetivo se ve casi imposible de conseguir.

Uno de cada tres camboyanos vive con unos 2500 riels (0,40 euros) al día. Aunque la pobreza en Camboya ha sido reducida drásticamente en los últimos 13 años, la diferencia entre las áreas rurales y las urbanas sigue siendo demasiado grande en un país donde según datos de 2007, solo el 21% de la población vive en zonas urbanas. El 35% de la población rural vive por debajo del umbral de la pobreza, cifra que contrasta con el escaso 2% de la capital, Phnom Penh.

Muchas cosas tienen que mejorar en este campo, para alcanzar el objetivo de reducir la extrema pobreza a la mitad para el año 2015.

Casi el 94% de los niños están inscritos en educación primaria a la edad correcta. Una cifra que parece esperanzadora, aunque no refleja la realidad de

La enseñanza primaria universal está lejos de lograrse, el 59% de los alumnos entre 1º y 6º no asiste a clases

un país donde solo el 59% de los alumnos entre el grado 1 y el 6 atienden a la escuela, un porcentaje lejos del 100% que se esperaba conseguir para este año 2010.

Para conseguir este objetivo, se necesitaría un crecimiento tres veces superior al actual, según cifras que facilitan las propias Naciones Unidas. Unas cifras preocupantes que hacen de este objetivo algo casi imposible de cumplir, para un país que necesita la educación para soñar con un futuro más justo.

Los principales retos de este objetivo son alcanzar que un mayor número de mujeres y chicas ingresen en la educación terciaria, incrementar el número de mujeres presentes en puestos de trabajos de más responsabilidad, y aumentar el número de mujeres emprendedoras.

Observando el crecimiento en los últimos años de chicas que estudian en secundaria (7 niñas por cada 10 niños en comparación al 5/10 de 2001), y añadido al aumento de salario a las mujeres, y la contratación de más mujeres en mejores puestos de trabajo, este objetivo podría parecer de fácil conquista, pero una vez más la realidad difiere bastante de los datos.

Aunque se ve un incremente de mujeres trabajando en puestos de responsabilidad, es a la hora de tomar decisiones cuando la opinión de la mujer no es tomada en cuenta. Esto añadido, quizás al mayor problema que guarda este punto, que es la violencia doméstica, hace que el objetivo número 3 del Milenio sea un

Frente al fracaso en el objetivo de la equidad de género, la mortalidad infantil en menores de 1 año se ha reducido a la mitad

fracaso más de este plan de Naciones Unidas.

El objetivo número cuatro ha sido donde mas progresos se han visto y uno de los puntos que se esperan conseguir para el año 2015. Aunque la recientes estadísticas muestran unas todavía alarmante cifras (1 de cada 20 niños menores de un año mueren al año en Camboya), el progreso es evidente desde el año 1998 donde 1 de cada 10 niños morían antes de su primer cumpleaños. Esto es debido sobre todo a las campañas de vacunación, a una mayor concienciación de las madres de la importancia de alimentar con leche materna a sus hijos y a la mejora de la red sanitaria, entre otros factores. Nos encontramos cifras similares a la hora de hablar de muertes de niños menores de 5 años, donde se ha visto un descenso desde las 124 muertes por cada 1.000 niños del año 2000, a las 83 de los últimos estudios de 2005.

Aunque se han visto grandes progresos en este campo, hay que alertar sobre las grandes diferencias que existen entre las diferentes regiones del país. La mortalidad infantil en niños menores de 5 años en provincias como Kampong Speu, Preah Vihear/Steung Treng, Prey Veng y Mondol Kiri/Rattanak Kiri doblan la media nacional.

La mortalidad maternal no ha sufrida casi ninguna mejoría desde 1993. Muchos son los factores que explican que en el pasado 2008, 461 madres murieran por cada 100.000 nacimientos de bebés vivos, cifras que hablan de cinco mujeres muertas al día por causas que son esencialmente prevenibles, como

Mientras la mortalidad maternal no ha sufrido casi ninguna mejoría, el éxito en la lucha contra el VIH/SIDA ha sido reconocido internacionalmente

hemorragias post-parto, eclampsia e infecciones. Pero quizás el bajo número de personal cualificado para atender los partos (solo un 58% de los partos son atendidos por doctores o enfermeros que han cursado los estudios oportunos), sea uno de los mayores problemas que plantea este objetivo que, una vez más, será casi un milagro si se consigue.

Camboya ha sido internacionalmente reconocida por su éxito en la lucha contra el VIH/SIDA. Con una tasa de prevalencia del VIH entre los adultos (15–49 años) del 0,7% de HIV en 2008, el país ha conseguido superar el objetivo del milenio, establecido en conseguir una tasa menor del 0,9%. Las campañas del Gobierno y organizaciones de concienciación del uso de métodos de protección han calado en la población, aunque en los últimos años se ha visto un cierto repunte en el número de contagios entre los colectivos de mayor riesgo, y en el número de contagios de madre a hijo.

En lo referente a la lucha contra la malaria, Camboya todavía necesita trabajar duro para mejorar la situación, sobre todo en las regiones del norte, así como en mejorar la tasa de mortalidad en enfermedades como la tuberculosis. Sin embargo, se ha visto un enorme progreso en la lucha contra la fiebre dengue.

Entre 2002 y 2006, 373.510 hectáreas de bosques han sido perdidas en Camboya, lo que representa un descenso de más de un dos por ciento de las cifras de 2002 en la superficie forestal del país asiático. El crecimiento de la

El acceso a agua potable está lejos de cumplirse, pues tan solo el 16% de la población rural usa instalaciones mejoradas de saneamiento

población y el alojamiento ilegal, así como la escasa protección forestal son las razones de esta pérdida de superficie.

Aunque se ha mejorado mucho, el acceso al agua potable (65% de la población tiene acceso a fuentes mejoradas de agua potable), la situación actual es quizás mucho peor que lo que dicen las estadísticas. Solo el 16% de la población rural usa instalaciones mejoradas de saneamiento, una cifra muy lejos del treinta por ciento que los Objetivos del Milenio pretenden alcanzar.

Bajo este objetivo, países como Camboya trabajan hacia la mejora de los sistemas financieros y de comercio, así como en las nuevas tecnologías, tales como la comunicación, donde la ayuda del sector privado ha sido fundamental.

El Gobierno camboyano se ha comprometido a firmar acuerdos bilaterales y multilaterales con otros países, como la entrada de Camboya en la Organización Mundial del Comercio (OMC) demuestra. El comercio es considerado como ‘el motor de crecimiento’ de un país, con el potencial de reducir significantemente los niveles de pobreza.

No se han establecido cifras exactas para este objetivo, con lo que es imposible saber con exactitud el progreso conseguido en esta área, aunque se espera un informe más detallado para finales de este año 2010.

El noveno objetivo, autoimpuesto, ha supuesto la reducción de víctimas al 5% en 13 años y la limpieza del 44% del terreno

Explosivos y minas antipersonas continúan siendo un grave problema para la población más pobre y vulnerable de Camboya. Este objetivo es de alta prioridad para la rehabilitación y desarrollo del país, que persigue la desaparición de todo resto de explosivos para el año 2015.

Se ha hecho un gran progreso en esta área, desde las 4.320 víctimas en el año 1996, se ha reducido hasta las 241 del año 2009. En junio de ese mismo año, más de 50.000 hectáreas de terreno habían sido totalmente limpiadas de restos, lo que supone un 44% del total del terreno que se quiere limpiar para 2015.

Dentro de unos meses comenzará el año 2011 y quedarán tan solo cuatro años para que sepamos si los famosos Objetivos del Milenio se han cumplido y de qué manera. Muchos son los países, no solo Camboya, que esperan un mayor compromiso por parte de Naciones Unidas, Gobiernos y Organizaciones, aunque de momento ésta es la realidad de un ambicioso plan con un futuro no muy brillante.

En lo que respecta a Camboya, nueve son los objetivos, aunque en tan solo tres se está cerca de conseguir resultados favorables, mientras tanto el día continua en las calles de cualquier ciudad para una población camboyana totalmente ajena a estos nueve objetivos que supuestamente mejoraran la vida del país de la sonrisa eterna.

Fuente del artículo:
La Asamblea del Milenio de las Naciones Unidas

Artículo original en Bottup: Los Objetivos del Milenio para Camboya