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FOTORREPORTAJE / ENTREVISTA / Ximo Torres narra su experiencia en el país africano tratando de ayudar desinteresadamente a personas discapacitadas

Periodista ciudadano autor: Víctor J. Maicas Editado por: Redacción Bottup


Ximo con uno de los niños a los que atiende CC ONG en Burkina Faso

Ximo con uno de los niños a los que atiende CC ONG en Burkina Faso

Hay muchos hombres y mujeres a lo largo del planeta que, con pequeños pero significativos gestos, son capaces de dar una lección de humanidad a pesar de contar con pocos años de existencia.

Hace unos meses pudieron leer en uno de mis artículos la entrevista que le hice a Rosa Herrero, Coordinadora de las ONGD de la Comunitat Valenciana, y en ella pudieron ver qué es todo aquello que desde los despachos se intenta realizar para conseguir un mundo más justo y equitativo. Pero en esta ocasión me gustaría mostrarles cómo los voluntarios de las ONG actúan de forma directa en aquellos países en donde la precariedad es más palpable y agobiante.

Así pues, en este caso que nos ocupa ahora esta entrevista está realizada a uno de esos miles de voluntarios anónimos que son capaces de dejar nuestro mundo de comodidades y adentrarse en ese submundo de las necesidades que otros padecen. Y lo más curioso del caso es que mientras ellos ofrecen su solidaridad a cambio de nada, otros desde el primer mundo los critican cuando, si por desgracia se produce el caso, son secuestrados y se les pide a nuestros gobiernos un rescate: “a ver qué se les había perdido allí”, he escuchado en alguna ocasión cuando se ha llegado a producir un caso de este tipo.

“Es un pequeño país del África Occidental fronterizo con Mali, Ghana, Costa de Marfil y Togo. La independencia llegó en 1960, y el nombre de Burkina Faso significa “la tierra de los hombres íntegros”

Bien, pues me gustaría que este artículo en forma de entrevista sirviese como homenaje a esos miles y miles de voluntarios anónimos que no suelen salir en los medios de comunicación, y que con su altruismo e idealismo contribuyen a que los más necesitados tengan un motivo por el cual sonreír cuando sus ojos se despiertan a la dura realidad que les ha tocado vivir. Sí, personas como el voluntario Ximo Torres Causanilles, un joven comprometido e idealista de mi ciudad, Castellón, que a cambio de nada ha dejado la comodidad de su hogar para ofrecer lo mejor de sí mismo a otras gentes que lo necesitan. Bueno, he dicho a cambio de nada, pero esto no sería del todo cierto. No recibirá ninguna compensación económica por lo que está haciendo, pero sin lugar a dudas, y tal y como suelen expresar otros voluntarios, la riqueza espiritual y de formación en valores humanos que obtendrá a cambio no se puede pagar con todo el oro del mundo. Cierto es que muchos de ustedes pensarán que con eso no se come, pero les puedo asegurar que este muchacho de veintitantos años tendrá toda la vida por delante para conseguir una posición económica estable, pero habiéndose convertido ya en una persona con unos valores intachables y que, por desgracia, muchos no lo consiguen ni aún teniendo más de cincuenta inviernos a sus espaldas.

Y bien, después de esta más que obligada introducción por mi parte, les dejo ya con todo aquello que, en cierto modo, Ximo sintió tras su primer voluntariado a nivel internacional en Burkina Faso:

Víctor J. Maicas: ¿Qué nos puedes empezar a contar de ese país?

Ximo Torres Causanilles: Cuando hablas de él en España la gente suele pensar que es una invención, algo así como el país de Oz (el del mago). Pero no, resulta que existe, pues es un pequeño país del África Occidental fronterizo con Mali, Ghana, Costa de Marfil y Togo. Y si el nombre suena raro en casa, ya la capital mejor no os cuento. Ouagadougou, ni más ni menos. Por cierto, la independencia llegó en 1960, y el nombre de Burkina Faso significa “la tierra de los hombres íntegros”.

V.J.M.: ¿Cuál es su realidad étnica y cultural?

“Más de 70 etnias conforman el mapa de este país. Cada una con su lengua propia. La mayoritaria instaurada en los círculos de poder es la etnia Mossi, con su lengua, el Moore”

X.T.C.: Más de 70 etnias conforman el mapa de este país. Cada una con su lengua propia. La mayoritaria instaurada en los círculos de poder es la etnia Mossi, con su lengua, el Moore. Y de ahí hasta las 70 no acabaríamos nunca, con lo que solo mencionaré algunas como los Dioula, Peul, Gourounsi, Bissa o Songhai.

V.J.M.: ¿Por qué de repente abandonaste las comodidades que tenías y decidiste ir a Burkina?

X.T.C.: Llevaba tiempo queriendo hacer algo de verdad, y rastreando la red en busca de alguna ONG que me convenciera, me topé con CC ONG y con Rafa. No es una ONG muy grande, pero está realmente consolidada en el sector, con proyectos muy sólidos en varios países sobre todo en Mali y Burkina. El proyecto de Mali se encuentra situado en la comuna rural de Hombori, en el sureste del país y en pleno desierto, donde se llevan a cabo diversas acciones como construcción de escuelas, etc. Y en Burkina, en Ouaga, hay tres proyectos en marcha. Una colaboración con un orfanato (el proyecto Home Kisito), un centro para madres con problemas (Carmen Kisito), y la razón de mi estancia allí, la asociación de discapacitados Reveillez-vous Bons Citoyens,  traducido libremente como convertíos en buenos ciudadanos, dedicada a proporcionar a los miembros un espacio para poder realizar sus actividades y ganar su propio dinero.

La asociación en sí es independiente, con estructura, organización y estatutos propios, contando con unos 180 miembros, y la colaboración de la ONG es económica, así como el envío de voluntarios a la asociación para realizar diversas actividades. La asociación cuenta con un salón de costura, otro de peluquería y un taller de carpintería. Todo llevado a cabo por miembros de la propia asociación. Así, cualquier persona de fuera puede entrar y hacer sus encargos. Nosotros en este momento tenemos en marcha clases de inglés, español, informática y alfabetización en francés y moore para los miembros de la asociación. Tenemos a cargo a ocho niños sordos escolarizados en una escuela especializada y realizamos trabajo específico hacia niños con diversas discapacidades tanto físicas como psíquicas, algunos de ellos escolarizados.

“En Burkina hay tres proyectos en marcha. Una colaboración con un orfanato, un centro para madres con problemas, y la razón de mi estancia allí, la asociación de discapacitados Reveillez-vous Bons Citoyens”

V.J.M.: Aparte de todo esto, ¿cómo transcurrió tu vida personal allí?

X.T.C.: La vida en Burkina es sencilla. No se puede decir que padezcamos mucho estrés, precisamente. Todo funciona al ritmo de África. Un ritmo al que te tienes que acostumbrar. No hay prisa, ese sería el lema. Las cosas se hacen, pero poco a poco, y cuando aceptas que para ir al centro a pagar una conexión a Internet tienes que ir tres veces, empiezas a vivir el ritmo africano y se vive muy bien. Mi vida se desarrollaba en el sector 19, llamado Nonsin. Mañanas en la asociación y tardes dadas a la imaginación. Puedes aprovechar para hacer mil cosas o ninguna, simplemente disfrutar de África y su ritmo. ¡Incluso tienes tiempo para charlar y comunicarte con otras personas! Vocablos prácticamente olvidados en nuestro mundo occidental.

V.J.M.: Cuéntanos brevemente cómo es la zona en donde vivías.

X.T.C.: Los barrios en los que está dividida Ouagadougou vienen a ser todos iguales, incluido el mío: hay varias calles principales asfaltadas (bueno, alquitranadas) y el resto desembocan en las mismas. Éstas son de tierra. Tienes todo lo que necesitas, todos los servicios los puedes encontrar en el barrio, aunque el desplazamiento al centro de la ciudad es mínimo. El centro es un ‘semicaos’ de motos, bicicletas, gente, no muchos coches y humo. Allí encuentras la típica arquitectura africana, con edificios oficiales enormes pintados con toda la gama posible de colores pastel que el hombre ha sido capaz de crear. El tráfico es asimismo otro semicaos, digo ‘semi’ porque no hay muchos coches, con lo que no llega a ser caos completo. Y no hay muchos vehículos porque la gasolina va al mismo precio que en España en un país en donde comes por 50 céntimos de euro.

V.J.M.: ¿Cómo se ganan la vida estas gentes?

X.T.C.: La economía se basa en la subsistencia, es la economía del día a día. La gente vende cosas en la calle, ya sea en tienda o en tenderete ambulante. Se venden piezas de coche y aceite de motor, cortes de pelo, colchones, cassetes, comida, etc.

“Tenemos en marcha clases de inglés, español, informática y alfabetización en francés y moore. Tenemos a cargo a 8 niños sordos escolarizados en una escuela especializada y realizamos trabajo específico hacia niños con diversas discapacidades”

V.J.M.: Y por curiosidad, ¿es fácil adaptarse a la gastronomía de ese país?

X.T.C.: Como ya he dicho anteriormente, puedes comer por 50 céntimos de euro, y por 1 euro te hartas. Allí son típicos los ‘maquis’, bares con sillas y mesas en la calle. En algunos puedes comer, mientras que en otros solo beber y te traes la comida de los puestos situados al lado, en plena calle. Los menús en los maquis y restaurantes no son especialmente abundantes en cuanto a variedad. Se reducen a espaguetis, cous-cous y arroz. Puedes encontrar también judías, guisantes, tortillas y ensaladas. La estrella es el arroz, el cual suelen preparar con salsas de tomate y de cacahuete, o sin salsa, pero con verdura y carne, es decir, el llamado ‘riz gras’. Puedes encontrar también carne de cabra, vísceras, pescado (todo a la parrilla) y pollo. El pollo merece capítulo aparte. Le llaman pollo en bicicleta por la sencilla razón de que parece que estés comiendo chicle. Por ello, parece que comas músculo, como si el pollo hiciese ejercicio, de ahí el nombre de pollo en bicicleta. Esto en cuanto a la comida callejera, digamos.

Otra cosa es la comida que se prepara en casa, de precio todavía inferior. El arroz sigue siendo una constante también en los hogares burkineses, así como el ‘to’. Se trata de una harina de maíz y mijo hecha pasta, una pasta realmente compacta de sabor nulo acompañada de la salsa correspondiente con hojas de baobab.

V.J.M.: Los que en España tienen algún conocimiento de este país, pero sin haber estado allí, ¿qué crees que piensan de Burkina?

X.T.C.: El español medio tiende a pensar que esta zona del mundo, sobre todo a raíz de los últimos acontecimientos, es un área peligrosa, radicalmente religiosa. Burkina es un país de paz donde el nassara (blanco) va a tener siempre sensación de seguridad allá donde vaya, tratándosele maravillosamente, aunque teniendo cuidado también, ya que allí un blanco es sinónimo de dinero en el imaginario popular y te puedes llevar algunas sorpresas. En cuanto a la religión impera la tolerancia, conviviendo pacíficamente musulmanes, cristianos y animistas. Para ellos, no importa qué religión sea la tuya, importa que creas en Dios. Aunque ya digo que la tolerancia es la reina.

“La vida en Burkina es sencilla. Todo funciona al ritmo de África. Un ritmo al que te tienes que acostumbrar. No hay prisa, ese sería el lema. Las cosas se hacen, pero poco a poco”

V.J.M.: Y por último, ¿cuáles son tus próximos proyectos?

X.T.C.: Bueno, pues quizá vuelva a habitar lejos de casa, en otros países ‘tan conocidos’ como éste, por ejemplo Swazilandia o Tonga.

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Bien Ximo, pues muchísimas gracias por habernos contado algunas de las cosas que puede llegar a sentir un voluntario anónimo en un país tan desconocido para la gran mayoría como es el caso de Burkina Faso. Y esperemos también que vuestras experiencias lleguen cada vez más a las gentes del llamado primer mundo, a muchas de esas buenas gentes a las que en muchas ocasiones se les ‘vende’ la idea de que ONG es sinónimo de corrupción o, en el mejor de los casos, de gente ociosa que no sabe qué hacer con su tiempo.

Gracias de nuevo por tu compromiso y solidaridad hacia los que menos tienen, y espero que este artículo en forma de entrevista sirva como homenaje a todos esos hombres y mujeres que de forma totalmente solidaria regalan su tiempo en beneficio de los demás.

Víctor J. Maicas es escritor

Todas las fotografías son de Ximo Torres

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Artículo original en Bottup: Sensaciones de un joven voluntario en Burkina Faso


Esta ‘ONG’ identifica un problema de un colectivo desfavorecido, busca una organización especializada que lo pueda resolver y ponen en marcha actividades para recaudar los fondos

Periodista ciudadano autor: María Núñez Furio Editado por: Redacción Bottup

Jóvenes de la asociación IES Solidario recogiendo el premio

Jóvenes de la asociación IES Solidario recogiendo el premio

Jóvenes solidarios, y además, emprendedores sociales. Así son los estudiantes del instituto de Torrellano en Elche, ganadores del Certamen de Iniciativa Solidaria, organizado por la ONGD Jóvenes y Desarrollo (JyD). Y todo gracias al esfuerzo de su asociación IES Solidario, que funciona como una ONG a pequeña escala, y ha sido seleccionada entre los 73 proyectos presentados que implican a más de 30.000 personas.

Los asistentes a la entrega de premios, que se celebró en la localidad cordobesa de Villafranca, disfrutaron de las bromas del presentador, Javier Coronas, y corearon las rimas ‘rapeadas’ de El Chojin. El objetivo del Certamen, que forma parte de un programa de sensibilización más amplio del que recibe su nombre, es fomentar la participación juvenil.

También recibieron mención especial un proyecto de acercamiento cultural entre jóvenes de Alcalá de Henares y Perú, un cortometraje sobre acoso escolar y la revista argentina La Búsqueda

El tamaño no es la principal diferencia de esta ‘ONG’, sino que todo lo organiza y gestiona una docena de estudiantes de bachiller. Cada curso, desde 2006, IES Solidario identifica un problema concreto de un colectivo desfavorecido y busca el proyecto de una organización especializada que lo aborde. A partir de ahí, ponen en marcha todo tipo de actividades para recaudar los fondos necesarios. Por ejemplo, el año pasado financiaron parcialmente un plan educativo de la Fundación Vicente Ferrer.

El trabajo de la asociación no sólo significa una experiencia personal para sus miembros, sino también la aplicación práctica de conocimientos; a la vez que despierta en ellos una actitud más crítica y nuevas perspectivas sobre el compromiso ciudadano. Como reconocimiento a su labor, visitarán el proyecto de prevención y recuperación de los niños de las calles de Guayaquil, que JyD realiza en Ecuador.

Otras iniciativas premiadas

Los asistentes a la entrega de premios disfrutaron de un concierto de El Chojín

Los asistentes a la entrega de premios disfrutaron de un concierto de El Chojín

Además de un primer premio, JyD destaca el compromiso de otros grupos otorgando tres menciones especiales, que suponen una aportación económica para continuar sus proyectos

Por una parte, el acercamiento cultural entre los chicos del instituto Arquitecto Pedro Gumiel de Alcalá de Henares y los jóvenes beneficiarios de la ONG peruana Manitos Creciendo, a través de cartas y un relato colectivo. También ha recibido una mención especial el cortometraje sobre el acoso escolar ‘Todos somos Farid’ elaborado por el grupo solidario Eliminando fronteras; formado por alumnos de los I.E.S. Europa, Clara Campoamor y Los Rosales de Móstoles.

Por otra parte, la mención internacional ha sido para la revista argentina La Búsqueda. Un proyecto que pretende dar voz y perspectivas laborales a jóvenes en situación de pobreza a través de la redacción, la edición, la distribución y la venta de sus propias historias.

Artículo original en Bottup: Una ‘ONG’ juvenil, ganadora del VI Certamen de Iniciativa Solidaria


73 iniciativas de jóvenes compiten por el certamen Iniciativa Solidaria, de Jóvenes y Desarrollo, tratando de llevar a cabo acciones que acaben con las desigualdades sociales

Periodista ciudadano autor: JyD Editado por: Redacción Bottup


Un momento del anterior Certamen

Un momento del anterior Certamen

El día 18 se dio a conocer el grupo ganador del Certamen de Iniciativa Solidaria en una gala conducida por Javier Coronas, popular humorista de ‘Lo + plus’, que terminó con la esperada actuación del rapero El Chojin. Unos 30.000 jóvenes participan en esta sexta edición a través de alguno de los 73 proyectos presentados.

El objetivo de este concurso, organizado por la ONGD Jóvenes y Desarrollo (JyD), consiste en dar a conocer y recompensar el esfuerzo de miles de jóvenes que no están de acuerdo con las desigualdades sociales que les rodean y que cada curso ponen en marcha cientos de acciones solidarias para reducirlas.

En esta edición se han presentado un total de 73 iniciativas de España, Argentina y Costa Rica, que implican a unas 30.000 personas, 5.000 más que en 2010. Entre los proyectos propuestos destacan los relacionados con el medioambiente y la integración de personas con discapacidad e inmigrantes. Asimismo, se percibe un aumento de la sensibilidad hacia problemas más locales, que suceden en el propio barrio o centro educativo.

Fomentar el compromiso activo

Los autores de la iniciativa ganadora tendrán la oportunidad de participar en un proyecto de cooperación con niños de la calle en Ecuador

El Certamen, que forma parte de la campaña de sensibilización ‘Iniciativa Solidaria’, rompe con los tópicos asociados a la juventud y demuestra su interés por construir un mundo más justo, especialmente relevante en el actual contexto de crisis. La idea nació en 2005 a raíz del trabajo directo con jóvenes que JyD realiza a favor de la Educación para el Desarrollo.

Los autores de la iniciativa mejor valorada tendrán la oportunidad de vivir una experiencia de interculturalidad, al participar en un proyecto de cooperación con niños de la calle, que la ONGD realiza en Guayaquil, Ecuador.

La entrega de premios, que contó con dos colaboradores de lujo, Javier Coronas como presentador y El Chojin, como artista invitado, se celebró en la localidad cordobesa de Villafranca. Esta misma localidad acogerá el ‘II Encuentro Interregional: por un mundo con-sentido’, donde un centenar de jóvenes compartirán experiencias e inquietudes en torno a la solidaridad y a la justicia social.

Artículo original en Bottup: Más de 30.000 jóvenes se comprometen contra la injusticia social


DESDE TÚNEZ PARA BOTTUP / La ciudad da cobijo a unos 3.000 refugiados libios

El pueblo tunecino se vuelca con ellos ofreciéndo incluso sus casas. Otras ciudades más alejadas también quieren abrir sus puertas a los libios

Periodista ciudadano autor: Omar Havana Editado por: Redacción Bottup

Este artículo forma parte de una serie. Al final del mismo encontrarás los enlaces a las partes anteriores


'Los Ojos' de la Esperanza / Foto: Omar Havana

'Los Ojos' de la Esperanza / Foto: Omar Havana

Túnez. En medio del desierto tunecino existe un lugar lleno de esperanza, una ciudad que hace años sirvió a George Lucas como escenario para su guerra de las galaxias, y que en la actualidad se parece más a ese poblado en medio de la nada donde esos pacíficos Ewoks se defendían de las tropas imperiales con armas del pasado. Su nombre: Tataouine.

‘Los ojos’, significado bereber para el nombre de este oasis escondido, es un reducto de solidaridad en medio de tanta destrucción e interés. Sus calles son un manjar de vida para esas personas que tuvieron que dejar todo atrás en el momento de emprender la huida. Cientos de seres humanos procedentes de las montañas libias de Nefusa llegan todos los días en busca de una protección que otros, supuestamente más organizados, deberían proveer. Las casas abren sus puertas a todos aquellos que necesitan un lugar donde descansar sus heridas mentales, el hospital cuida a esos otros que exponen en sus cuerpos los horrores de la guerra. Y en medio de tanta solidaridad, un antiguo ‘polideportivo’ se ha convertido en el hogar donde la humanidad reside sin discriminar.

Cientos de personas llegan de las montañas libias de Nefusa todos los días en busca de protección. Las casas, el hospital y el polideportivo están a disposición de los refugiados

Es difícil imaginar qué hubiera pasado si estos horribles sucesos que acontecen en Libia hubieran sucedido tan solo hace unos meses. Días donde el odio instaurado por esos grandes amigos que dirigían estos dos países hermanos con mano de hierro, hacían que esos ‘ojos bereberes’ estuvieran ciegos de ira e ignorancia. Hoy, sin embargo, el pueblo tunecino está dando una lección al mundo entero, una clase donde la dignidad de todo ser humano es la materia a estudiar. Como muchos libios reconocen, Túnez y sus ciudadanos están ayudando más allá de lo humanamente posible a que miles de vidas sigan viviendo, “sino fuera por ellos ninguno de nosotros hubiera podido salir de una Libia en guerra”, nos comenta un refugiado libio.

Las antiguas canchas de baloncesto hoy son los escenarios donde los más pequeños vuelven a sonreír. La antigua recepción, el lugar elegido para pedir a ese Dios que vuelva a llenar de vida
su añorado país. En

Las heridas de una huida / Foto: Omar Havana

Las heridas de una huida / Foto: Omar Havana

medio de tanta humanidad, uno se siente alejado de esa destrucción que en este lugar solo es recordada por las heridas que sus coches muestran sin temor. “Nadie es rechazado, albergamos a casi 200 personas y sabemos que este espacio es limitado, pero damos cobijo a todos aquellos que llegan de cualquier parte de Libia, algunos han ‘viajado’ durante más de cuatro días esquivando ataques de mortero, llegan exhaustos y mentalmente destrozados“, nos cuenta un padre de familia. “Siempre intentamos buscar casas para todos aquellos que no podemos alojar, la población tunecina ha abierto las puertas de sus hogares para todos nosotros, ellos nos están enseñando el significado de la palabra hermandad”, afirma el coordinador de este centro.

“Tataouine no puede albergar a más refugiados. En los últimos días hemos recibido llamadas de ciudades más alejadas, donde los ciudadanos quieren también abrir sus casas”

Visitar este lugar es volver a creer que un mundo mejor es posible, un universo sin siglas creadas supuestamente para proteger a los refugiados, un planeta donde todas las personas se den cuenta de que existe una gran familia a la que todos pertenecemos, la familia humana. “Muchos de nuestros hermanos libios residentes en países como Canadá o Reino Unido nos están ayudando desde el principio. Desde allí no cesan en buscar lugares donde estemos a salvo de ese horror que nuestra Libia está viviendo en estos momentos. En un principio pensaron en habilitar el estadio de Tataouine como campo de acogida improvisado, pero al final pensamos que este lugar era el idóneo para esas personas que huyen de sus hogares. Incluso aunque sabemos que la administración tunecina se negó a aceptarnos en este centro deportivo, al final la palabra del pueblo de Túnez se impuso, y este sitio se abrió a las familias libias. Así nació este lugar”, nos afirma una de las personas libias que voluntariamente ponen todo su empeño en hacer olvidar las heridas de la huida. “Aquí no hay organizaciones, aquí hay seres humanos, libios y tunecinos, que piensan que Gaddafi es una amenaza no solo para Libia sino también para Túnez. Los ciudadanos no solo nos ayudan como pueden, sino que empezamos a percibir que incluso intentan lo imposible por nosotros”.

Tan solo horas después de visitar el horror de ese otro ‘oasis’ controlado por esa organización mundial supuestamente ‘unida’ y organizada, reconforta ver lo que la unión de unos corazones humanos puede alcanzar. Tan solo 74 kilómetros separan ese campamento donde la comida escasea, el agua es un bien de lujo y la sanidad brilla por su ausencia de este otro donde seres humanos unidos no carecen de alimento, de agua, de sonrisas y donde la única pega es que los hombres tengan que recorrer unos metros para acceder a los baños locales donde poder asearse. “No obstante, la ciudad de Tataouine no puede albergar a más refugiados, y en los últimos días hemos recibido llamadas de ciudades más alejadas como Medenine o Djerba, donde los ciudadanos quieren también abrir sus casas para seguir acogiendo a los miles de libios que diariamente cruzan la frontera en busca de protección”, nos confiesa el coordinador.

Ese otro campo lleno de siglas, organizado y supuestamente unido / Foto: Omar Havana

Ese otro campo lleno de siglas, organizado y supuestamente unido / Foto: Omar Havana

“Para ser honestos, creo que aquí ha sucedido un milagro, porque si pensamos con nuestras cabezas no podemos encontrar una solución a este problema. Esta es la prueba de que cuando las personas ponen sus corazones en algo, entonces los milagros suceden, no son las organizaciones, no son los Gobiernos, son solo los seres humanos. Mientras las Naciones Unidas siguen haciéndose preguntas, y más preguntas, yo sigo repitiendo que las acciones suenan más fuerte que las palabras, y con preguntas no se resuelven los problemas, ahora la solución empieza por ayudar a esas familias tunecinas que nos están ayudando. Estas personas han absorbido el problema libio, entonces por qué seguir sentados en mesas firmando papeles y no ayudar a estas familias que nos están dando todo para que puedan continuar haciéndolo. Túnez acaba de salir de su propia pesadilla, todavía están en construcción y quizás puedan volver a caer, y ahora encima tiene nuestro problema como un ‘extra’, y ¿dónde está la Comunidad Internacional ahora?“, confiesa uno de los responsables de este milagro. “Pido a las Naciones Unidas que primero ayuden a Túnez a alcanzar esa soñada democracia, y que salgan de sus despachos y vengan aquí a ver cuál es la situación, este es mi mensaje”,
concluye.

Un milagro hecho por los seres humanos / Foto: Omar Havana

Un milagro hecho por los seres humanos / Foto: Omar Havana

Un mensaje que debería ser escuchados por esas personas que diariamente desayunan en el mejor hotel de la ciudad, lecciones que deberían ser aprendidas por todos aquellos hombres y mujeres que discriminan a los demás por proceder de lugares esclavizados por el terrorismo o la pobreza, palabras que deberían resonar en todos los corazones, ya sean árabes, españoles, vascos, catalanes, americanos, chinos o de otros lugares.

Tataouine sí es esa ciudad de las galaxias, ese lugar donde lo imposible se ha realizado: hermanar a dos pueblos que hasta hace unos meses se odiaban, unir a todos en una causa común llamada dignidad del ser humano. ‘Los ojos’ han mirado en la dirección correcta, esa donde los seres humanos viven en armonía, esa donde los abrazos son la única agresión, esa donde el sueño de un mundo más justo para todos es posible, esa donde las sonrisas quieren decir Esperanza.

El hogar donde la humanidad reside sin discriminar / Foto: Omar Havana

El hogar donde la humanidad reside sin discriminar / Foto: Omar Havana

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Remada, el oasis olvidado de una guerra

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Artículo original en Bottup: Tataouine, la ciudad de la esperanza


La labor desinteresada de una sola persona ha hecho posible que las 300 que habitan la ‘charca de la basura’ dispongan de dos bombas de agua potable

Periodista ciudadano autor: Omar Havana Editado por: Redacción Bottup


La cabalgata de Reyes de Gaea / Foto: Omar Havana

La cabalgata de Reyes de Gaea / Foto: Omar Havana

Camboya. De todos los recuerdos que guardo de mi pasado, sin duda alguna, los más felices son todos aquellos relacionados con el día de ‘los Reyes Magos’ de mis primeros siete años de existencia. Lo nervios de la noche del 5 de enero se convertían en sonrisas y lágrimas cuando los primeros rayos de luz que entraban por mi ventana me despertaban al día siguiente, anunciando la llegada de los tres magos de oriente.

Han pasado muchos años desde entonces, durante los cuales descubrí que los tres Reyes no eran más que unos familiares que pasaban más que estragos para poder pagar la larga lista de regalos que un niño, caprichoso como yo, mandaba a esa famosa dirección en el Polo Norte.

Desde que en 2008 el viento me quiso llevar a Camboya, los Reyes Magos no se han portado muy bien conmigo, y los días de felicidad que viví en mi infancia pasaron a ser un vago recuerdo para poder alegrar una jornada donde el carbón de la peor clase era el único regalo de esos tres abueletes de Oriente.

Al país del Angkor Wat, Melchor, Gaspar y Baltasar no llegan en camellos, ni traen oro, ni incienso, ni mirra. En la Camboya actual, los camiones verdes de la empresa Gaea, cargados hasta los topes de basura, son lo más parecido a esas lujosas cabalgatas que en la noche del 5 de enero llenan las ciudades de mi país.

Desde que hace unos meses visité por primera vez los vertederos de basura de Siem Reap, comprendí que un solo deseo flotaba en el aire putrefacto de ese lugar, agua. Si algo me impresionó entre tanto despojo, fue el color del ‘líquido’ que los habitantes de la ‘charca de la basura’ se llevaban a sus secas gargantas. Desde ese día de octubre, la construcción de pozos de agua para estos seres humanos se convirtió en el objetivo número uno de este mundo olvidado.

Una ‘loca’ italiana de sabiduría infinita contactó con Somaly, quien pidió para reyes una donación simbólica que resultó en los 1.300 euros que han hecho posible las bombas de agua

Solo hace unas semanas, la visita de dos amigos ingleses reactivó la búsqueda de esa persona que pudiera donar el dinero. Y como por arte de magia, las historias de basura y felicidad de este mundo olvidado llegaron a los oídos de Carla, una ‘loca’ italiana de sabiduría infinita y que desde hace más de veinte años vive en Asia, ayudando como puede a los más desfavorecidos. Gracias a la experiencia de esta trotamundos, no se tardó más de un día en poder localizar a esa ‘Reina Maga’ que ha hecho que la vida de los habitantes de la charca de la basura sea un poquito más digna.

Somaly Na sufrió desde muy pequeña los horrores de la guerra. Durante el régimen dePol Pot tuvo que escapar de su país de origen, Camboya, y desde hace años reside en Hong Kong, desde donde ayuda como puede a la población de su Kampuchea natal. Para su último cumpleaños, Somaly decidió que no quería recibir nada material, e invitó a todos sus amigos a que hicieran una donación simbólica en lugar de comprar estúpidos regalos que la mayoría de las veces pasan a formar parte de la decoración de nuestros armarios. En tan solo unos días, reunió una cantidad cercana a los 1.300 euros, dinero que sin duda alguna sería destinado a ayudar a los más desfavorecidos de su amada Camboya.

Ayer, día de Reyes, el mundo desarrollado vivió desenvolviendo miles de regalos inútiles que no servirán más que para poner una sonrisa por algo más de una hora en la mayoría de los niños, acostumbrados a tenerlo todo antes de pedirlo. Sin embargo, en el mundo olvidado, los niños no juegan, los chavales sonríen al ser acariciados por las gotas de agua limpia que decoran de dignidad este paisaje catastrófico. Ellos no sueñan con carreras de coches en la Playstation, ellos no saben los que es una Nintendo Wii, y al preguntarles por los Reyes Magos, dicen que sí, que conocen a uno, el de Camboya, y que ese no da muchos regalos. Pero al mencionarles la palabra agua, sus caras se iluminan, se sienten privilegiados de poder disfrutar de “tanto lujo”, y solo repiten “el agua ahora sabe a arroz y antes sabía a basura”. Las trescientas personas han encontrado a 18 y 30 metros bajo tierra ese regalo perfecto que alegrará sus vidas durante los próximos dos o tres años, dos bombas de agua, que serán cuatro en los próximos días, y que han impregnado de esperanza este lugar olvidado.

El regalo de Reyes / Foto: Omar Havana

El regalo de Reyes / Foto: Omar Havana

Ayer, 6 de enero, su sonrisa ha sido mi regalo, unos reyes que por fin han parado de dejar carbón en mi ventana. Hoy he descubierto que además de que los padres sean los tres magos de Oriente, también existen otras personas que, quizás no se conozcan, pero que sí son los verdaderos Reyes Magos. En Camboya, Gaspar, Melchor y Baltasar hoy se llaman Somaly, una persona para la que el mejor regalo es ver a la gente sonreír, sin duda un ejemplo que muchos deberían seguir.

Gracias a Somaly Na, los niños de la basura hoy pueden tener un mundo un poco mejor, sirva como ejemplo las palabras de Sal, una niña de 16 años, que perdió un ojo hace unos años en este lugar, “antes de que tuviéramos los pozos solo me podía duchar una vez a la semana, ahora cuando estoy sucia me puedo lavar sin problemas, además me ducho dos o tres veces  al día”.

Ahora puedo ducharme / Foto: Omar Havana

Ahora puedo ducharme / Foto: Omar Havana

Como dijo Tales de Mileto, “el agua es el elemento y el principio de las cosas”, y gracias a Carla, y sobre todo gracias a Somaly quizás el agua en este caso será el principio de un futuro donde estas familias dejen de ser olvidadas.

Antes y Después:

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Artículo original en Bottup: Agua, el regalo olvidado de los tres Reyes Magos